Las 10 películas más violentas de 2019

El año que estamos a punto de dejar atrás ha sido intenso, y te lo resumimos a través de las películas que mejor han conseguido helarnos la sangre.

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09 de diciembre de 2019

Estamos en plena recta final del 2019, y con menos de un mes por delante ya podemos decir sin temor a equivocarnos que, en lo que respecta al cine, ha sido un gran año. Entre autores consagrados lanzando una mirada tan cinéfila como emotiva a su propio psicoanálisis, películas levantadas como homenaje a la música de varias estrellas, y la clausura de los tres grandes iconos pop de nuestro tiempo (el MCU, Star Wars y, aunque pertenezca al mundo de las series, Juego de tronos), sobran los motivos para defender que estamos a punto de abandonar un año donde no han faltado los motivos para amar el Séptimo Arte.

Y, como cada año, en CINEMANÍA queremos echar la vista atrás no sólo atendiendo a estos hitos, sino también a las películas que no tienen por qué enmarcarse en ellos. A las que merecen su propia lista. A las que resumen el año de una forma más clara y variada. Ya pudimos pasar revista de aquellos films que lo prometían todo y no nos dieron (casi) nada, y hoy toca rememorar las obras que más nos han impactado atendiendo a su violencia, tanto sentimental como física. No sólo caben películas de género en la siguiente recopilación, pero desde luego tenemos que empezar con uno de los grandes logros de un cine de terror que, de un tiempo a esta parte, no hace sino darnos alegrías.

MIDSOMMAR (Ari Aster)

Lo tenía difícil Ari Aster tras un debut tan espectacular como Hereditary, y la llegada de Midsommar justo un año después no sólo vino acompañada de las inevitables comparaciones, sino también del ya habitual debate sobre si el responsable de The Strange Thing About the Johnsons era verdaderamente un director de terror, o parecía demasiado pretencioso para ello. En lo tocante a Midsommar, Aster no quiso marear la perdiz: se trataba de puro cine de terror, adscrito específicamente a la vertiente folk-horror de la que destacan obras canónicas como El hombre de mimbre de 1973.

¿Por qué nos impactó? Digámoslo ya, Midsommar es mucho más gore que Hereditary (es imposible olvidar las cabezas reventadas durante uno de los rituales de la secta o el modo en que sus miembros tratan de agasajar a su protegido Reuben con disfraces de piel humana), pero ahí no residen únicamente las razones del impacto. Como pasaba en Hereditary, la segunda película de Aster se erige sobre el trauma y unas relaciones humanas tan dañadas como dolorosamente cercanas; esta vez centrándose en el noviazgo que mantienen Florence Pugh y Jack Reynor.

JOKER (Todd Phillips)

Cuando Todd Phillips convenció al tándem Warner/DC de que era buena idea una película de orígenes sobre el archienemigo de Batman, ya tenía una idea muy clara del tono. Su Joker debía partir de la suciedad moral del Nuevo Hollywood, inspirándose concretamente en las películas de Martin Scorsese (que de hecho estuvo a punto de producirla), y eso es justo lo que acabó entregando. Gracias a elementos como la música de Hildur Guðnadóttir o la interpretación de Joaquin PhoenixJoker se ha convertido en la película más comentada del año, y su violencia tampoco ha pasado desapercibida.

¿Por qué nos impactó? La película de Phillips busca constantemente incomodar al espectador y desafiar sus puntos de vista en torno a lo que está bien o lo que está mal. Por ello, el impacto de Joker no reside tanto en las escenas de violencia (que, aunque no escatimen en sangre, tampoco son muchas), sino en la descripción de un clima malsano y opresivo. El de esa Gotham ochentera a bordo del colapso, de la que te alegrarás de escapar cuando termine la película.

WOUNDS (Babak Anvari)

El iraní Babak Anvari debutó en 2016 con la magnífica Under the shadow, donde mezcló con una inteligencia apabullante el género de terror con el drama social puro y duro. Basándose en los recuerdos de su infancia, la película que posteriormente adquirió Netflix retrataba las injusticias del Teherán islamista enfrentándolo con lo sobrenatural, pero Anvari efectuó un radical cambio de registro con Wounds. Protagonizada por Armie Hammer y Dakota Johnson, y esta vez producida por Netflix, ha pasado mayormente desapercibida. Y no deja de ser una lástima.

¿Por qué nos impactó? Al contrario que Under the shadow, Wounds propone un terror mucho más directo, estilizado y, sobre todo, de gran nivel de abstracción. Con una trama que pronto veremos que no tiene mayor sentido que el de las pesadillas, el espectador seguirá al protagonista en un descenso a los infiernos donde se topará con todo tipo de imágenes retorcidas, laberintos psicológicos y cucarachas, muchas cucarachas. Conduciendo a un final que nadie entiende muy bien, pero que todos coinciden en su potencia visual. Aquí sí que hay bastante sangre, por cierto.

BUÑUEL EN EL LABERINTO DE LAS TORTUGAS (Salvador Simó)

En los últimos meses, y quizá junto con Dolor y gloria, la película de Salvador Simó ha sido capaz de encabezar las citas de los principales festivales europeos (de hecho ganó recientemente en los EFA como Mejor película de animación), pero el atractivo de los diseños no te debería llevar a engaño. Buñuel en el laberinto de las tortugas es una obra compleja, extremadamente conceptual, y contiene la violencia necesaria no sólo para hacer justicia al cómic original, sino también a la propia vida de Luis Buñuel que pretende analizar.

¿Por qué nos impactó? El director de Las Hurdes (Tierra sin pan), cuya producción recrea esta película, era una persona inquieta y torturada que a lo largo de su viaje a la región más pobre de Cáceres experimentó una catarsis que supondría un punto y aparte en su carrera. Buñuel en el laberinto de las tortugas no sólo perturba por lo afilado de su retrato psicológico, sino por la fidelidad con la que recrea algunos de los actos más cuestionables del director español, sobre todo en lo referente al maltrato de los animales en busca de mayor realismo. No ayuda nada que estos pasajes, además, vengan acompañados de fotogramas de Las Hurdes con animales reales.

VELVET BUZZSAW (Dan Gilroy)

A cinco años de su estreno, Nightcrawler se ha convertido en un pequeño clásico moderno, por lo agudo de su sátira y la interpretación absolutamente icónica de Jake Gyllenhaal. En cuanto supimos que el tercer film de Dan Gilroy tenía intención de hacer con el mundo del arte lo que ya hizo con el de los medios, muchos empezamos a temblar de gozo. El que además fuera una película de terror, cuya sinopsis hablaba de algo parecido a un cuadro que mata gente, no hizo sino prometer con más fuerza que Gilroy regresaba en plena forma tras ese paréntesis que supuso Roman J. Israel, Esq.

¿Por qué nos impactó? Vale, quizá Velvet Buzzsaw no era la obra maestra que muchos esperábamos, pero a cambio Gilroy nos dio otro regalo igual de valioso: una de las películas de terror más divertidas de 2019. Con unos actores extremadamente comprometidos con el tono de la película (ojalá nunca termine el idilio Gyllenhaal-Gilroy), un guión lleno de mala leche en torno a las imposturas del mundillo que recrea, y unos asesinatos tan creativos como generosos en hemoglobina, quien no salió contento de Velvet Buzzsaw es porque no quiso.

EL TRAIDOR (Marco Bellocchio)

El mismo año en que Martin Scorsese ha dirigido El irlandés (una película violenta, pero tan triste y melancólica que no hemos creído conveniente incluirla en la lista), Marco Bellocchio estrena El traidor y ha de perder automáticamente el título de mejor película sobre la mafia del último lustro. Más allá de esa mala suerte, este apasionante thriller recrea la historia real de Tommaso Buscetta (interpretado por un formidable Pierfrancesco Favino), uno de los responsables en la caída de la Cosa Nostra, con una crudeza apabullante.

¿Por qué nos impactó? Vale, nadie mata con más clase que los gángsters, pero es por eso que la película de Bellocchio tiene entidad por sí sola en lo que respecta a la visualización de sus asesinatos. Huyendo de la elegancia de un Coppola o el rock and roll de un Scorsese (al menos del Scorsese pre-El irlandés), El traidor es sucia, sangrienta y por momentos terrorífica. Y sólo hace falta para demostrarlo pequeños momentos como la escena de los helicópteros, o el que protagoniza ese miembro de los Corleonesi que se cose la boca a sí mismo para no hablar.

ÉRASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD (Quentin Tarantino)

Para su novena película, Quentin Tarantino quiso hacer una cosa que está muy de moda en 2019 (como ya hemos mencionado), y planteó toda la historia en función a su educación cinéfila. Es decir, jugarretas de este estilo llevaba haciendo el cineasta de Knoxville prácticamente desde que empezó, pero el caso de Érase una vez en Hollywood era especial: aquí quería hacer un homenaje a la meca del cine recreando el fin de su edad de oro y mostrándose más sensible y humano que nunca… lo cual explicaba que la sangre no llegara al río hasta casi el final de la película.

¿Por qué nos impactó? No es ya sólo el contraste. Érase una vez en Hollywood está concebida como una comedia dramática donde los fracasados Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y Cliff Booth (Brad Pitt) tratan de mejorar su vida, pero en el último tercio todo del film todo cambia y nos reencontramos con la violencia habitual en el cine de Tarantino. Los miembros de la familia Manson eran asesinados por los protagonistas en compañía de la perra de Booth, Brandy, y la secuencia era rodada con tanta saña y truculencia que pasaba a formar parte de la lista de hits sangrientos del director.

JOHN WICK: CAPÍTULO 3 – PARABELLUM (Chad Stahelski)

La saga de John Wick, tal y como cantaban en la casi olvidada El regreso de Mary Poppins, no tiene ningún otro sitio al que ir más que arriba, y por eso cada película de la franquicia ha aumentado sucesivamente la espectacularidad de sus set pièces. John Wick: Capítulo 3 – Parabellum debía pues superar los logros de la modélica Pacto de sangre, pero contaba a su favor con un cliffhanger cuya resolución, fácilmente, podía derivar en una primera media hora de peleas encadenadas. Es justo lo que ocurrió.

¿Por qué nos impactó? El personaje de Keanu Reeves se pasa en busca y captura durante toda esta tercera entrega, y el guión se lo toma como excusa para dejar al mínimo los diálogos y recrearse en una desorbitada cantidad de escenas de acción. A cada cual, pues así es como funcionan las cosas en esta saga, más violenta, y de entre todas las exhibiciones de virtuosismo que realiza Wick hemos de quedarnos con la del museo, donde básicamente improvisa con aquello que tiene a mano.

DOCTOR SUEÑO (Mike Flanagan)

A lo largo del 2019 hemos tenido hasta tres adaptaciones de alto presupuesto de la obra de Stephen King, pero en cuanto a resultados artísticos puede que Doctor Sueño supere con holgura (si bien sin ser capaz de presumir de taquilla) a Cementerio de animalesIt: Capítulo 2. No es para menos si tenemos a alguien como Mike Flanagan a la dirección y si tiene la voluntad kamikaze de conciliar los imaginarios de King y Stanley Kubrick a costa de una secuela de El resplandor, de tal modo que el film de Ewan McGregor, ganara o perdiera, lo haría a lo grande.

¿Por qué nos impactó? Aunque los números no acompañaran, en nuestra opinión la película sí que salió todo lo bien que podría haber salido, y el que su extenso metraje pareciera más preocupado en retratar los traumas psicológicos de sus protagonistas no evitaba que Doctor Sueño tuviera un par de escenas bastante fuertecitas. Entre ellas destaca, sin duda, cuando el Nudo Verdadero secuestra al joven Jacob Tremblay y, queriendo que el vapor que le succionen tenga mayor sabor, se dedican a torturarle a sus anchas. Una secuencia tan impactante que basta para odiar a Rebecca Ferguson durante toda nuestra vida. Y mira que parecía difícil eso.

HELLBOY (Neil Marshall)

Y acabamos con una de las películas más controvertidas del año. Tras unas críticas que la precipitaron (con mucha más rabia de la que merecía) al mayor de los descréditos, la Hellboy de Neil Marshall se hundió en taquilla y a su llegada a España tuvo que pasar además por unos recortes que pretendían rebajar su violencia. Como resultado, aquí vimos una película que traicionaba punto por punto la propuesta estética de Marshall, y es que si hablamos de esta nueva Hellboy, tenemos que hablar de violencia.

¿Por qué nos impactó? Muy alejada del carácter abocado a la ostentación visual de Guillermo Del Toro, esta Hellboy se esforzaba en ser antipática y macarra desde el plano con el que abría la película, consistente en un cuervo arrancándole el ojo a Milla Jovovich. A partir de ahí la cosa sólo iba más, contando con el David Harbour más socarrón posible y culminando en un clímax final absolutamente delirante donde miles de urbanitas eran sometidos a todo tipo de mutilaciones. Un festín para paladares selectos que mereció mejor suerte, pero que está llamado a ser un clásico de culto.

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