[Repaso Marvel] ‘Los Vengadores’: …Y Marvel creció

Con sus virtudes (y sus defectos), la película de Joss Whedon sigue siendo un momento álgido de Marvel… y el punto de no retorno para las ambiciones del estudio.

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06 de abril de 2018

Ya hemos llegado. Tras diseccionar Iron Man, El increíble Hulk, Thor, Capitán América: El primer vengador Iron Man 2nuestro repaso a la filmografía de Marvel aborda el filme de los 1.500 millones de dólares en taquilla. Aquel que consiguió aunar los fandoms de tres sagas de cine diferentes en un solo monstruo de mil cabezas que pedían más. El clinamen de la Casa de las Ideas. O, en resumen, Los Vengadores (2012).

Desde los despachos de rigor, la película de Joss Whedon había sido calculada como el gran golpe de efecto Marvel Studios: el momento decisivo que o bien convertiría a la casa en una máquina de hacer billetes o bien la hundiría para siempre. Y, con el mayor presupuesto jamás manejado por Kevin Feige y su tropa (220 millones de dólares, más del triple del manejado por su rival Los juegos del hambre: En llamas), hay que decir que lo consiguió con sus muchísimas virtudes… y con sus defectos, que también son unos cuantos pero se hacen perdonar.

Esto último se explica porque, más allá de la espectacularidad o la adrenalina, el filme está poseído por una virtud rara de encontrar y cada vez más escasa en el blockbuster de gran presupuesto: el encanto. Sea o no la mejor película de Marvel (y tiene méritos para serlo), Los Vengadores queda como el último momento en el que el estudio pudo permitirse el entusiasmo de fan y la improvisación creativa antes de su consagración como rey de las franquicias de Hollywood. Disfrutad de estas imágenes porque tras ellas, para bien o para mal, nada volverá a ser lo mismo.

El paso definitivo

Viendo lo que Marvel Studios es ahora, un behemot que aplasta taquillas y monopoliza los titulares en la prensa de cine, es curioso recordar cómo su carrera empezó viéndose como una excentricidad. Sí, la primera entrega de Iron Man había sorprendido por lo bien que funcionaba (en lo artístico y en lo económico), pero los siguientes estrenos de la Casa de las Ideas habían sido, bien patinazos rescatables (El increíble Hulk), bien películas un tanto infravaloradas (Capitán América: El primer vengador), bien trabajos cuya defensa requiere muchos argumentos y mucha empatía (lo sentimos, oh hijo de Odín, pero es lo que hay).

Así pues, en Los Vengadores nace el fenómeno marvelita tal y como lo conocemos ahora. Y, precisamente por el buen sabor de boca que deja, da pena constatar que la película nació de una zancadilla: la que Joss Whedon le puso a un Jon Favreau descontento (y con razón) con el trato que el estudio le había deparado a Iron Man 2. El autor de Buffy, cazavampiros Firefly tenía todo lo que un tacaño vocacional como Kevin Feige busca en un cineasta: el fandom lo conocía y lo admiraba, gozaba de experiencia como guionista de cómics… y su poca trayectoria en pantalla grande, sumada al fracaso de su serie Dollhouse, lo volvían un fichaje muy barato.

Así pues, el cineasta que llevó a Marvel a lo más alto se fue por la puerta de atrás y en su lugar llegó un artista mucho menos dado al desparrame, pero experto en un ángulo que el estudio había descuidado: la dirección de actores. 

 

Gente hablando en una habitación

Dejémoslo claro desde ya: si Los Vengadores arrasó en su momento (y si aguanta fresca como una rosa en el día de hoy) no se debió tanto a sus momentos de acción como a algo poco esperable en un blockbuster de superhéroes: unos diálogos gloriosos. Es cierto que a Joss Whedon se le ve alegre e imaginativo cuando le toca organizar tanganas, como en ese celebérrimo plano secuencia que recrea una splash (ilustración a doble página) de cómic. Pero sus talentos para la puesta en escena siempre han sido más prácticos que deslumbrantes: tantos años armando las batallas de Buffy con máscaras de látex y efectos de baratillo se tenían que notar.

Y ahí está el truco, porque, si Buffy sigue siendo una de las series más queridas de la historia se debe, ante todo, a su imaginación y a su habilidad para desarrollar a los personajes. Justo las virtudes que el director aportó a este filme: puede que todos los héroes de Los Vengadores sean de su padre (Kirby) y de su madre (Lee), pero todos encajan e interactúan a las mil maravillas en el guion.

De esta manera, es más fácil recordar al filme por sus líneas de diálogo que por sus set pieces: “¿Sabe vuestra madre que le habéis robado las cortinas?”, “Una vez me pegué un tiro en la boca: el otro tío escupió la bala”, “Me dijeron que ganamos la guerra, pero no me hablaron de lo que perdimos” y, por supuesto, “Nosotros tenemos un Hulk” son fragmentos que se quedan en la memoria y, lo más importante, nos ayudan a creer que esa plétora de freaks vive y respira en un mismo universo. Justo igual que en los cómics, fíjate tú.

 

Negro y verde, los colores del éxito

Seguramente, quienes peor parados salen en el elenco de Los Vengadores son Chris Evans (no lloremos por él: Capitán América: El soldado de invierno lo confirmaría como el Steve Rogers perfecto) y el pobre Chris Hemsworth, a cuyo Thor le quedaba aún mucho camino por delante. Hasta un Jeremy Renner ninguneado (para variar) tiene momentos más intensos que los de esos dos. Pero esos puntos flacos se ven compensados por el resto del reparto, dotado de muchos momentos para lucirse. Ver a Robert Downey Jr. comiéndose la pantalla como Tony Stark no era ninguna novedad en 2012, pero quienes aparecieron de verdad con las pilas puestas son Scarlett Johansson… y un Mark Ruffalo cuya incorporación al estudio fue como una dosis de rayos Gamma.

En Iron Man 2, Viuda Negra había decepcionado a los fans y dejado indiferente al resto del público: aquel personaje que se paseaba por los fotogramas cual florero no era la superespía que nos habían presentado autores como Gene Colan Frank Miller. Pero Natasha Romanov aparece aquí por fin como esa agente doble con un pasado más interesante cuanto más turbio y enigmático (¿sabremos alguna vez qué ocurrió en Budapest?), lo cual apunta sin complejos a sus orígenes como villana.

Los dos planchazos de Hulk en el cine resultaron notorios y todavía estaban frescos, así que el guion de Whedon y el trabajo de Ruffalo frente a la cámara satisfacen aún más: gracias a la habilidad del actor para volverse entrañable, el contraste entre el apocado Bruce Banner y su álter ego verde, gigantesco y enfurecido queda aquí más claro que nunca. Eso por no hablar de su química con Downey, que dio lugar a un entrañable shipeo apodado ‘Science Bros’, para gran jolgorio de ambos. Lo sentimos, seguidores de ‘Stucky’, pero Bruce y Tony llegaron primero.

 

¡El villano mola! (Su plan, no tanto)

El hecho de que Loki sea el malo titular de Los Vengadores (la película) es una referencia al origen del supergrupo en cómics: allá por 1963, cuando Marvel quiso lanzar su propia selección de héroes para competir con la Liga de la Justicia, fue una maldad del hijastro de Odín la que puso la historia en marcha. Pero menos mal que Whedon no intentó adaptar propiamente dicho tebeo, porque las similitudes entre el Loki de entonces y el que interpreta Tom Hiddleston son cuestionables… con una excepción: el personaje, en la versión que sea, nunca deja de ser un pringado corroído por la envidia. Justo la clase de supervillano que mejor queda en la pantalla.

Basta con ver la variedad de emociones puestas en escena por el inglés (un lento deslizarse de la megalomanía a la pataleta, y de ahí al ataque de nervios) para saber, no ya que Hiddleston es un actorazo, sino también que Whedon le regaló en el libreto de la película un auténtico bombón capaz de lanzar mil fanarts, mil fanfictions y mil shipeos. Para corresponder, el agraciado escribió un bonito artículo para The Guardian en el que negaba la entidad presuntamente ‘menor’ del filme: “En nuestra sociedad cada vez más laica y al mismo tiempo llena de dioses y de fes diversas, las películas de superhéroes presentan un lienzo singular en el que proyectar nuestras esperanzas, nuestros miedos y nuestras pesadillas”, explicaba.

Leyendo estas inspiradas palabras uno siente todavía más lástima al constatar que Los Vengadores se estrella a la hora de proporcionarle a Loki un plan interesante. Para su desgracia, esta película inoculó a Marvel con un virus que la aquejaría hasta Capitán América: Civil War (por lo menos) y que ha hecho mucho daño a sus filmes: la obligatoriedad de acabar las historias con un clímax apocalíptico. Aunque la batalla final en Nueva York resulte de lo más estimulante con esas pescadillas voladoras, esos Chitauri y ese “Hulk… ¡aplasta!”, su impacto en los arcos argumentales de los personajes es casi nulo. Salvo en los casos de Tony Stark, descubriendo su capacidad para el sacrificio, y, una vez más, en el de ese Loki cuyas ambiciones de conquistador acaban de forma contundente.

MUY contundente.

 

Acción en relieve, imagenes planas

Hasta ahora, y salvo excepciones puntuales, esto ha sido un panegírico en favor de Los Vengadores, su guion, sus actores y sus frases memorables. Pero no queríamos despedirnos sin señalar el punto más flaco de la película: su diseño de producción es olvidable y su vestuario es, directamente, de juzgado de guardia. Iluminados por la planísima fotografía de Seamus McGarvey, los decorados y la ambientación tienen un tono anodino que hubiera sentenciado a una película peor escrita y peor interpretada. Y luego los hay que se quejan de Trent Opaloch en las películas de los Russo o de Henry Braham en Guardianes de la galaxia Vol. 2…

Pero lo que realmente fascina es que  algunos personajes sobrevivieran a esos trapitos que les endosó el departamento de vestuario. Más allá del cutrísimo uniforme de SHIELD vestido por Viuda Negra o de la armadura asgardiana de Thor (un vicio heredado de la película de Kenneth Branagh, admitámoslo), el principal damnificado es Chris Evans. Mientras que Capitán América: El primer vengador había logrado darle un aire verosímil al disfraz ideado por Jack Kirby, aquí Steve Rogers se presenta para las grandes ocasiones con un atavío que parece propio, más que del supersoldado definitivo y centinela de la libertad, de un cosplayer no muy inspirado en la Comic-Con de San Diego.

 

…Y esa escena postcréditos

Puestos a ponerle guinda a este repaso, hagámoslo desde la total subjetividad. Y desde la subjetividad de un lector de cómics, además. Porque, tras el torrente de adrenalina que supuso el visionado de esta película (¡los héroes más poderosos de la tierra estaban en la pantalla! ¡y no daban vergüenza ajena!), servidor aún recuerda las sensaciones que le produjo el epílogo: el Titán Loco, el genocida cósmico de Marvel o, por resumir, Thanos, estaba ahí. Y, lo más importante, acongojaba. ¿“Cortejar a la muerte”? ¡Claro que sí, guapi!

Pero, pase lo que pase, siempre nos quedará el shawarma.

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