[Repaso Marvel] ¿Es ‘Iron Man 2’ la película más atrevida del Universo Marvel?

La secuela de 'Iron Man' asentó la expansión del MCU pero se decantó más por la comedia screwball y las discusiones entre villanos que por la acción. ¿Cómo no agradecérselo?

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02 de abril de 2018

El Repaso Marvel de CINEMANÍA llega a la primera película que incluyó firmemente dentro de su argumento la construcción del futuro MCU [Universo Marvel de cine]. Después de las escenas postcréditos de Iron Man y El increíble Hulk que jugaban con el planteamiento de las bases de la Iniciativa Vengadores, en Iron Man 2 la Casa de las Ideas comenzó a armar de forma explícita el plan de Kevin Feige para llegar hasta Los Vengadores.

Solo que, en vez de plantear una secuela capital del cine superheroico como había sido Spider-Man 2 (2004), el regreso de Jon Favreau a la dirección acabó convirtiéndose en una de las manifestaciones más heterodoxas del género, con muchos más puntos de fuga hacia la screwball comedy que a la acción espectacular. Y ese cambio no me podría parecer mejor idea. Favreau y sus colaboradores plantearon en 2010 algo que incluso ahora empieza a verse como novedad: emplear el género de superhéroes no como un fin en sí mismo, sino como marco para contar una historia.

Just in: Theroux al guion

A Marvel Studios siempre le ha gustado apostar por nuevos talentos; ya sabes, aportan miradas frescas y novedosas, pero además es más fácil apretarles las tuercas en las negociaciones salariales. A pesar de que en Iron Man 2 el director Jon Favreau volvió a ponerse al mando, puede llamar la atención un detalle fundamental: ninguno de los cuatro guionistas de la primera Iron Man firmó el nuevo libreto, sino que lo escribió una sola persona, Justin Theroux.

Sí, Justin Theroux. El actor de Mulholland Drive [foto] y The Leftovers, que hasta ese momento solo contaba con otro crédito como guionista: Tropic Thunder (2008). Allí fue donde lo conoció Robert Downey Jr., quien lo recomendó especialmente al estudio, haciendo notar su consagración como figura de poder dentro de Marvel. Y tan contentos: la aportación de Theroux al frente del guion en solitario –frente a recientes producciones Marvel donde los créditos de escritura parecen equipos de futbolín: seis guionistas acreditados en Spider-Man: Homecoming, siete en Captain Marvel– da a la película un toque genuino y personal. ¿Que hay mucha subtrama reclamando cohesión? Theroux es un escritor de comedia, y eso se nota en el foco del filme sobre las relaciones entre los personajes antes que en grandes set pieces de acción. La conversación entre Tony Stark (Downey Jr.) y Pepper Potts (Gwyneth Paltrow) frente a una caja de fresas vale más que cualquier destrucción de una ciudad.

 

El soldador de invierno

Otro colosal acierto estrambótico de Iron Man 2: contar con Mickey Rourke para interpretar al villano Ivan Vanko. No es solo que el brillante inventor Vanko funcione como reverso del propio Tony Stark… los paralelismos entre las respectivas carreras profesionales de Mickey Rourke y Robert Downey Jr. también son innegables. Ambos fueron estrellas refulgentes en los 80, cayeron en una espiral de adicciones y autodestrucción que les alejó de las cámaras y lograron la redención actoral reviviendo sus filmografías el mismo año: 2008, uno con Iron Man, otro con El luchador. Su confrontación en Iron Man 2 es preciosa a nivel metatextual.

Mickey Rourke, tras tener sus más y sus menos negociando el salario con los tacaños de Marvel, trabajó hasta límites paroxísticos de perfección el acento ruso de su personaje, manteniendo largas entrevistas con varios presidiarios rusos para aumentar la autenticidad. Vanko es un villano de pura presencia: parco en palabras, pausado en movimientos, implacable en sus actos. La gran lástima del filme, y sonado motivo de cabreo para el actor, es que una gran cantidad de sus intervenciones se quedaron en la sala de montaje, fuera del corte final. Hay fans de DC que lloran por cada rincón de internet reclamando una hipotética versión de Zack Snyder de Liga de la Justicia; yo lo que quiero es un montaje extendidísimo de Iron Man 2, por favor.

 

Sam Rockstar

¿Por qué esa manía recalcitrante de contratar a actorazos para encarnar papeles de villano muy por debajo de su talento? Esa duda, más acuciante que dónde se ha metido Thanos durante todo este tiempo con las Gemas del Infinito danzando por ahí, siempre nos perseguirá al ver las películas de Marvel (sobre todo con Cate Blanchett en Thor: Ragnarok), pero al menos hay casos en los que el nivel de dedicación de los intérpretes consigue sobreponerse a la maldición. ¿Ejemplo rotundo? Sam Rockwell como Justin Hammer en Iron Man 2. Pura delicia entregadísima a la causa en cada una de sus apariciones.

Favreau es consciente de que, como Downey Jr., Rockwell es una máquina generadora de carisma ante la cámara. Por eso deja que dé rienda suelta a todas sus excentricidades y le dedica planos larguísimos donde se nota que primó la improvisación en el rodaje. Ese foco en los intercambios verbales entre Hammer y Stark, Hammer y Vanko o Hammer y la propia lente de la cámara hace que Iron Man 2 sobresalga más como comedia de situación que una película de superhéroes al uso.

 

El pájaro

Que una película de superhéroes con dos villanos y 124 minutos de duración dedique una incomprensible cantidad de tiempo a que dos personajes discutan machaconamente sobre una cacatúa y resulte fascinante es lo que yo llamo la magia del cine. Cacatúa que, por cierto, fue una aportación/imposición de Mickey Rourke a su personaje, como los diálogos en ruso, los tatuajes y los dientes de oro; él mismo fue quien compró el ave y la llevaba al set. Spasiba, Mickey.

 

35 minutos sin Iron Man

Por si quedaba alguna duda de que Iron Man 2 no es una película de superhéroes muy ortodoxa que digamos, ten en cuenta que la primera escena de acción no llega hasta una vez superada la primera media hora de metraje. Se trata de la brutal aparición de Ivan Vanko (Mickey Rourke) en el Grand Prix de Mónaco, donde a un debilitado Tony Stark (Downey Jr.) le ha dado por ponerse al volante del coche de su escudería en la que cree ser una de las últimas oportunidades que le quedan en la vida de participar en una carrera de Fórmula Uno.

La particular ambientación europea, la sensación de peligro que aporta el ataque sorpresa de Vanko sobre un desprotegido Tony, la construcción paulatina de la escena y la fisicidad del combate cuerpo a cuerpo con las chispas eléctricas de los látigos de Whiplash saltando sobre los dos contrincantes convierten a esta escena de lucha en una de las mejores descargas de acción que ha dado el MCU sin recurrir a grandes despliegues.

 

Peleas de ‘roboces’

Que la parquedad en la cantidad de las escenas de acción no nos lleve a engaño: cuando Iron Man 2 quiere jugar la carta del espectáculo blockbuster, también lo hace a conciencia. Una ventaja de tener pocas set pieces espectaculares es que Favreau intenta sacar el máximo partido de cada una de ellas. Sucede con la escena de Mónaco, la incursión de Viuda Negra contra los guardas de seguridad y, sobre todo, con las dos peleas robóticas de Máquina de Guerra (Don Cheadle) y Iron Man. La primera, con Robot Rock, de Daft Punk de fondo (¡genialidad obvia!); la segunda, la batalla final, con storyboards aportados por Genndy Tartakovsky. Que el creador de Samurai Jack planifique tu clímax en un jardín japonés es un detalle sibarita digno de elogio.

 

Enredando el MCU

Ahora esta clase de maniobras tienden a parecernos utilitarias y forzadas para mantener cada entrega del MCU bien amarrada a la cronología general de una narrativa compartida, pero en 2010 la aparición de personajes como Viuda Negra (Scarlett Johansson) o Nick Fury (Samuel L. Jackson) emocionaba porque hacía soñar en un universo en expansión. Dicho lo cual, la presentación de Natasha Romanoff en Iron Man 2 probablemente sea de las mejores, como ocurre con Black Panther y Spider-Man en Civil War –a no ser que seas de los que consideran esta película la primera aparición de Peter Parker en el MCU, como Tom Holland–. Se le dedica tiempo suficiente, tiene escenas de lucimiento –tanto a nivel físico en la pelea contra los guardas, como interpretativo con su doble juego de seducción y puesta a prueba de Tony– y su inclusión es orgánica dentro del argumento.

De todas formas, mi personaje favorito del MCU presentado en Iron Man 2 es otro bien distinto:

¿Y, ya que estamos, es demasiado tarde para reescribir a esta Kate Mara como Sue Storm?

 

El demonio en una pila de paladio

Antes de concluir, un comentario sobre algo que se suele criticar abiertamente de Iron Man 2: la atenuación del alcoholismo de Tony Stark que se trataba en el arco El demonio en una botella de los cómics. En vez de plantear una adaptación de esa aclamada etapa del tebeo, Theroux y Favreau hicieron una adaptación que me parece igualmente fascinante para tratar la adicción y directamente relacionada con la versión cinematográfica del personaje: tratar el núcleo de paladio del Arc Reactor que mantiene con vida a Tony como un progresivo proceso de envenenamiento y dependencia que conduce de manera inexorable a la muerte. Además, esa reacción venosa que se extiende por su cuerpo es de lo más chulo.

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¿Megalómana? Pues sí, pero también estupenda: recordamos cuando la Casa de las Ideas se lo jugó todo a un chasquear de dedos.

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