“Fue como una castración”: Josh Trank cuenta su catastrófica experiencia en ‘Cuatro Fantásticos’

Conflictos con Fox y una pistola bajo la almohada: la creación de Stan Lee arruinó la vida de un director a quien ni siquiera le gustan los cómics.

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06 de mayo de 2020

Ahora resulta difícil de creer, pero hubo un tiempo en el que Josh Trank era el director y guionista más prometedor del Hollywood mainstream. El éxito de Chronicle, su debut, hacía presagiar grandes cosas… pero, de repente, llegó ese abismo titulado Cuatro Fantásticos y su carrera pareció entrar en la Zona Negativa. Ahora que Capone llega con promesas de resurrección comercial, Trank ha hablado largo y tendido sobre su trayectoria, y sobre todo acerca de su nefasto encuentro con Reed Richards y familia, en una entrevista para Polygon.

Las perlas de Trank incluyen arremetidas contra el productor Matt Tolmach por defenestrar su versión de Venom, menciones a su frustrado intento de convertir en película el juego Shadow of the Colossus (“Ahora estoy en un lugar muy distinto, en el que me la sudan los videojuegos”) y otros aguijonazos. Pero la producción y el rodaje de Cuatro Fantásticos, así como todo lo que llegó después, se llevan la parte del león. Jeremy Slater, guionista de la película, también interviene para señalar que esta nació de una contradicción esencial: Los Vengadores acababa de llegar a los cines, y yo no paraba de decir, ‘este debería ser nuestro modelo, esto es lo que el público quiere ver’. Pero Josh odiaba cada puto segundo”.

Slater insiste en que a Josh Trank no le gustan ni los cómics ni el cine de superhéroes, algo en lo que el director coincide. De la creación de Stan Lee Jack Kirby, señala Trank, solo le llamaba la atención un aspecto: “[Cuatro Fantásticos] iba a ser una metáfora de cómo me sentía yo por entonces: la metáfora de estos personajes saliendo del infierno”. Este desencuentro entre Slater y Trank llevó al primero a abandonar la producción, con lo que un equipo de guionistas a sueldo de Fox ocupó su lugar. Y Simon Kinberg, productor de la saga X-Men y futuro director de X-Men: Fénix Oscurallegó para supervisar el conjunto.

El rodaje de Cuatro Fantásticos transcurrió entre rumores sobre el descontrol debido a la inexperiencia del director. Y, a su manera, Trank confirma aquí dichos rumores, apuntando que se llevó fatal con los profesionales veteranos de su equipo. En sus propias palabras: “Este tío ha estado nominado a los putos Oscar. Este otro ha hecho 20 putas películas con Robert Zemeckis. Es una puta película de aventuras de ciencia-ficción. ¿Por qué coño necesitas decirles cualquier otra cosa que no sea lo que marca tu acuerdo con el estudio? Todo lo que necesita saber el diseñador de producción de Zemeckis es si la toma ha salido bien o no”.

Cuando un director novato llega a plató con esa actitud, la batalla resultante puede tener dos resultados: o sale una obra maestra, como a James Cameron en Aliens… o sale todo lo contrario. Pese a que Josh Trank desmiente algunos de los rumores lanzados durante la producción (como los de sus peleas a puñetazos con Miles Teller), sí recuerda que la muerte de uno de sus perros por aquellas fechas trastornó gravemente su ánimo. A esto había que sumar el espasmo de los fans al enterarse de que Michael B. Jordan iba a encarnar a la Antorcha Humana. 

“Estaba recibiendo amenazas de muerte en los foros de IMDB”, recuerda Trank, que admite haber dormido por aquellas fechas con una pistola del calibre .38 debajo de la almohada. “Estaba jodidamente paranoico durante el rodaje. Si alguien hubiera entrado en mi casa, me lo hubiera cargado”, admite el director. Por otra parte, el hecho de que la casa de marras estuviera cerca del antiguo domicilio de George Lucas le provocó “visiones fuera de este mundo” que se tradujeron en un proyecto de spin-off para Star Wars: esa película de Boba Fett que tampoco llegaría a rodarse nunca.

“Ya no quería ser un gran director”

Con 30 millones de dólares recortados del presupuesto (según Trank) y los ejecutivos de Fox pidiendo la cabeza del director porque “no era para fans” y les ponía nerviosos (“esa era la idea”), el rodaje de Cuatro Fantásticos pinta cada vez más como un abismo cuyos detalles aparecen ocultos por contratos de confidencialidad. Con los guionistas del estudio escribiendo nuevas páginas de un día para otro, Josh Trank pactó con Fox una solución salomónica: él elaboraría su propio montaje de la película, mientras que el estudio trabajaría en otra edición, para someter ambas al juicio de los pases previos.

Mal jugado, reconoce el director. El montador Stephen Rivkin (Piratas del Caribe) acabó quitándole la película de las manos, entregando una versión que no tenía nada que ver con la suya. “A lo mejor usó un par de escenas buenas”, señala Josh Trank, en un ejemplo de eso que los anglosajones llaman “damned by faint praise”. Su propia versión fue descartada silenciosamente por el estudio, y los reshoots estuvieron orientados a parchear el montaje entregado por Rivkin. “Le hacían caso de verdad a lo que la gente decía en Twitter”, afirma Trank. “Lo leían y decían: ‘Mierda, la gente está nerviosa y dice que no va a ser divertida’. Así que teníamos que gastarnos 10 millones de dólares para reescribirla en forma de comedia”.

“Fue como una castración”: así resume Trank sus últimos meses en Cuatro Fantásticos. “Estás ahí, y básicamente te dedicas a ver cómo los productores vetan escenas cinco minutos antes de que las ruedes, viendo a los montadores contratados por el estudio decidiendo la secuencia de planos que van a construir lo que pasa en la pantalla y que es lo que necesitan. Y entonces, como saben que tú te estás portando bien, quieren ser buenos contigo diciendo ‘¿qué te parece esto?’. Y tú puedes responder ‘sí’ o ‘no”.

Durante el verano de 2015, Trank atravesó su mayor ordalía: los rumores sobre el rodaje de Cuatro Fantásticos llevaron a Kathleen Kennedy a poner en duda su participación en Star Wars, con lo que él, afirma, optó por irse antes de que le echaran. Para colmo, le tocó la papeleta de defender Cuatro Fantásticos frente al público en eventos como la Comic-Con de San Diego. Desmoralizado, a punto de divorciarse y víctima de trastornos del sueño, Trank se planteaba su lugar en la industria y daba su carrera por acabada: “Me había expuesto a una versión permanente de la realidad en la que no tenía razón para vivir porque no había nada que yo deseara”, explica. “Ya no quería ser un gran director. Eso era todo lo que siempre había querido. Ya no sabía lo que era”.

Y resume: “Quería morirme”.

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Josh Trank no vivió la mejor de las experiencias dirigiendo la película, y ha escrito sus más sinceras impresiones vía Letterboxd.