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Reivindicando a Chandler Bing, el personaje más importante de ‘Friends’

'Soy Chandler. Hago chistes cuando estoy incómodo'. Con su sarcasmo crónico y su padre travesti, se convirtió en el protagonista absoluto de 'Friends'.

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30 de septiembre de 2019

“A veces me gustaría ser lesbiana. ¿He dicho eso en voz alta?”. “¿Sabéis qué soñé anoche? Estaba en Las Vegas y era Liza Minelli”. Lo dijo Chandler Bing (Matthew Perry) en el episodio piloto de Friends. En menos de media hora, aquel chaval en converse se hizo con dos frases que seguimos repitiendo 25 años después del estreno de la sitcom.

Aún no lo sabíamos, pero ese era su don, el superpoder que lo convertiría en el personaje favorito entre los espectadores. Sarcástico, mordaz, bromista. Friends es inconcebible sin el humor locuaz de Chandler ‘Muriel’ Bing (o Miss Chanandler Bong), sus gestos a menudo histriónicos y sus caras de póker. O, para el caso, las de Matthew Perry.

El actor se encontraba rodando una serie “horrible, ambientada en el año 2197”, cuando varios de sus amigos empezaron a hacer el casting para el papel de graciosillo en un proyecto aún sin nombre. Afortunadamente Perry, que los ayudaba a preparar la audición, pronto se dio cuenta de que ese tal Chandler era él.

En principio, los guionistas se habían planteado que fuera gay, pero la incorporación de Perry hizo que decidieran reescribir al personaje pensando en el actor. No solo eso, también sería el único intérprete al que permitían incluir chistes de cosecha propia en el guion.

La sitcom noventera por antonomasia está de aniversario y desde CINEMANÍA hemos decidido reivindicar a sus protagonistas. Tras Ross, Joey, Phoebe, Monica y Rachel, ha llegado el turno del mejor amigo de la ironía ácida. Lo decimos alto y claro: Chandler Bing ES el personaje más importante de Friends. 

Sí, venimos repitiendo lo mismo de todos y cada uno de los protagonistas, pero ninguno de ellos fue tan imprescindible como Bing. Por algo lo hemos dejado para el final… Porque no hay arma de conquista más definitiva (en todos los terrenos) que el sentido del humor. Y encima se sabe las zonas erógenas de la mujer de memoria.

 

CHAN CHAN MAN

“Soy Chandler. Hago chistes cuando estoy incómodo”. E incómodo resultó ser su estado natural. No en vano la suya no fue una infancia fácil: sus padres se divorciaron cuando su progenitor tuvo un affair con el chico de la piscina, y para colmo se enteró en Acción de Gracias. Justo después, su madre decidió dedicarse al noble oficio de la escritura de novelas eróticas, mientras papá, ahora travesti, se montó su propio show burlesque: ¡Viva las Gaygas!.

Sumémosle a todo esto un tercer pezón y el hecho de que ninguno de sus amigos recuerde a qué se dedica (definitivamente no es ‘transpositor’) ni que no llevaba gafas antes de ayer. No es de extrañar que el sentido del humor se haya convertido, más que en un mecanismo de defensa, en gran parte de su personalidad.

Pero los años pasan, las personas maduran (inevitablemente) y Chandler no es una excepción. En 10 años, el personaje se transforma, es un ejemplo de superación: se enfrenta a sus miedos e inseguridades, incluido su pánico al matrimonio, y crear su familia feliz con Monica (Courteney Cox).

En 10 años, entendemos que lo que siempre ha querido es la estabilidad emocional que no tuvo de niño. Eso que algunos llaman afecto (desde el amor romántico hasta la amistad) y que él teme por encima de todas las cosas, pero que va abrazando en el transcurrir de la serie. A fin de cuentas, pertenecer a una familia. Eso sí, en el proceso, no pierde esa ironía tan chandleriana que nos enseñó que el chico gracioso siempre es un buen partido.

 

EL HUMOR, IDIOMA UNIVERSAL

Chandler tenía las mejores líneas del guion, los diálogos más ingeniosos, las frases más repetidas entre los fans. Con él aprendimos que hay que esperar hasta el momento adecuado para decir la verdad, “para eso existen los lechos de muerte”; o que mucho tiempo sin acostarte con una mujer puede hacer que te vuelva a crecer la virginidad.

Sin embargo, cuando más lucía su humor era en grupo. Siempre tuvo las respuestas más letales para todo tipo de conversaciones entre amigos. He aquí un ejemplo de lo más banal:

Chandler: ¿Qué hay aquí dentro? ¿Piedras?
Ross: No, es mi colección de muestras de fósiles.
Chandler: Así que piedras.

Tal es el impacto de este personaje en todo lo que respecta al guion, que fue el encargado de ponerle el punto y final a la serie. Temporada 10, último episodio de Friends. Los amigos se despiden del piso de Rachel (Jennifer Aniston) y Monica y proponen tomarse un café. “¿Dónde?”, pregunta Chandler, irónico, desatando por un instante ese nudo en la garganta, aliviando la tristeza que causa la despedida.

El único e irrepetible Bing también está presente en tus escenas y episodios favoritos de la serie: sus traumas en Acción de Gracias; los flashback con ese peinado imposible; cualquier secuencia con Joey (Matt LeBlanc); o ese sofá que trataba de subir por las escaleras con Ross (David Schwimmer y su “Giradlo, giradlo, giradlo…”) y Rachel. Friends no es otra cosa que Chandler en estado puro.

 

LAS RELACIONES SANAS EXISTEN

Tratándose de Friends, este es un apartado imprescindible para entender la importancia de Chandler. ¿Acaso Ross, hetero celoso e infiel, y Joey, coleccionista de ligues, cargarían con su pareja sobre los hombros cuando a esta le duelen los pies por las botas que se acaba de comprar? Chandler no solo es el estereotipo de chico divertido. También resulta ser un romántico empedernido, sinónimo de fidelidad y estabilidad.

Esta sitcom no siempre fue un ejemplo de amoríos sanos. La montaña rusa que representaban Rachel y Ross (aparentemente la historia de amor principal, pero no por eso menos dañina), Ross con cualquiera de sus ex o Joey y su larga lista de ligues nos enseñaron a menudo la cara más machista y obsesiva de la vida de dos. Sin embargo, Chandler, que comenzó diciendo “hasta que cumplí 25, pensé que la única respuesta a un ‘Te quiero’ era ‘¡Demonios!” en su piel de veinteañero inseguro, demostró que aquel “no tengo esperanza. Soy raro y desesperado por amor” no era tan cierto.

Tuvo sus tropiezos (la omnipresente Janice -Maggie Wheeler- lo sabe bien), pero todo cambió en una habitación de hotel londinense, cuando se acostó con su amiga Monica. Aquello iba a ser una noche loca, solo eso, pero los fans reaccionaron con tanta efusividad a la inesperada pareja que los guionistas decidieron que lo suyo fuera en serio. Y, a partir de entonces, nos pareció imposible una época en Friends y en nuestras vidas en la que estos dos no estuvieran juntos.

Los conocimos como amigos y vimos como Chandler meaba encima a Monica después de que una medusa picara a esta. Terminaron casados, con casoplón en las afueras y adopción de gemelos. Pero lo realmente importante de esta relación fue el mensaje que mandaba mientras Ross y Rachel discutían sobre si se estaban tomando un tiempo.

Eran amigos antes que amantes, nunca dejaron de ser compañeros de vida, y no hubo entre ellos idas y venidas, rupturas y reconciliaciones. Esta estabilidad emocional trajo también al Chandler menos irónico, más seguro, capaz de pronunciar la proposición romántica por excelencia de la sitcom: “Creía que era importante lo que te dijera, o dónde te lo dijera, pero me he dado cuenta de que lo único que importa es que tú me haces más feliz de lo que jamás hubiera soñado. Y, si me lo permites, pasaré el resto de mi vida intentando hacer que tú sientas lo mismo”.

Inciso: Pese a todo, nuestra dupla favorita de la serie siempre será la formada por Chandler y Joey. Eso sí que es amor del bueno.

 

NOS DIO A JANICE

¿Que quién es el personaje secundario más maravillosamente fantástico de Friends? Fuimos muy de Úrsula, tanto como para preferirla por delante de Phoebe (Lisa Kudrow); también nos enternecía Gunther (James Michael Tyler), aunque solo fuera porque siempre estaba ahí en el fondo; esperábamos con ansia el regreso de los Geller para desesperación de Monica; Susan, pareja de Carol, era la peor pesadilla de Ross, y por eso también nuestra mejor amiga.

Pero ninguna de sus intervenciones se compara a la alegría genuina que nos invadía cuando escuchábamos la voz estridente de Janice gritando “¡Oh… Dios… Mío!”, acompañada por una sonora risotada. La primera novia que conocimos a Chandler aparecía en los lugares menos pensados. Que Chandler y Monica iban al hospital para comprobar por qué ella no se quedaba embarazada, allí estaba Janice. Que Ross y Rachel tenían a Emma, volvía a aparecer con su característico frenesí.

La omnipresente ex era tan carismática y a la vez insoportable que no podíamos sino compadecernos de Chandler por haberla tenido que aguantado 10 años de serie. Y, a la vez, agradecerle que nos regalara a un personaje tan insufrible e irrepetible como este.

 

CHANDLER SOMOS TODOS

Es más fácil empatizar con quien nos identificamos. Lo entendemos, lo comprendemos, nos tapamos los ojos con sus momentos incómodos y sentimos esa leve satisfacción casi personal cuando sale airoso con ingenio de alguna situación comprometida. Eso no significa que ese personaje al que nos sentimos más próximos en una serie sea nuestro favorito (aunque en el caso de Chandler, lo es), pero existe una conexión involuntaria que nos hace mirarlo con buenos ojos.

En Friends, Rachel es la pija reconvertida en mujer independiente; Monica, la controladora; Phoebe, la hippy extravagante; Joey, el guaperas bobalicón; Ross, una acumulación de errores heredados del patriarcado; y Chandler, el sarcasmo hecho hombre, pero también el espejo en el que se ve reflejado el espectador.

Toda su vida suena a broma: un padre travesti que trabaja en Las Vegas, su segundo nombre es ‘Muriel’, su futura esposa le corta por accidente el dedo meñique, sobrevive a una relación con Janice… Pero nos lo tomamos más en serio que a cualquiera de sus compañeros. ¿Por qué? Porque nos representaba.

Al final del día laboral, Chandler es quien, desde ese sofá en Central Perk que podría ser el nuestro desde el que vemos la ficción en casa, escucha con incredulidad las últimas batallitas de sus amigos. Y responde con sarcasmo. Ataca con ironía cualquier comentario de consumista irrefrenable de Rachel, critica con sorna mordaz la actitud machista de Ross o se avergüenza de la última ocurrencia de Joey (pero siempre desde el amor).

Chandler es diversión, lealtad, ternura e ingenio hecho hombre; el mejor amigo, marido y personaje de Friends. Y encima se sabe las zonas erógenas de la mujer de memoria.

 

Estos son los 10 momentos más divertidos de Chandler en Friends:

Cuando Julia Roberts lo dejó desnudo

Hipnosis contra el tabaco

Acción de Gracias en una caja

“Te quiero, Monica”

Saunas y suegros

Los baños de espuma

Esposado en el despacho de la jefa de Rachel

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