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Reivindicando a Joey Tribbiani, el personaje más importante de ‘Friends’

¿Guaperas sin cerebro? ¿Actor sin talento? ¿'Punching Ball' de Chandler? Sí, pero Joey era también ese niño treintañero que te hizo temer menos la madurez.

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24 de septiembre de 2019

La primera vez que vimos a Joey Tribbiani (Matt LeBlanc) fue en Central Perk. No podía ser de otra manera. Chupa negra, flequillo despeinado y vaqueros. Todo muy noventero. Fiel a su papel de guaperas, se sentaba en una silla puesta del revés y opinaba sobre la cita que estaba a punto de tener Monica (Courteney Cox): “¡Vamos! Vas a salir con un tío, tiene que tener algún problema”. Risas enlatadas.

Unos meses antes, los guionistas de la serie no las habían tenido todas consigo tras la elección de aquel actor que la cadena NBC les había impuesto para que diera vida a Tribbiani. Ellos no se habían imaginado un Joey tan bobalicón como el que LeBlanc se empeñaba en hacer. 25 años después del estreno de Friends, podemos confirmar que aquellos guionistas no podían haber estado más desacertados.

La sitcom entre las sitcoms, una de las series más queridas de los 90 y que no nos cansamos de ver una y otra vez (pese a sabernos los diálogo de memoria), está de aniversario. Desde CINEMANÍA, nos unimos a la celebración reivindicando a sus protagonistas.

Primero fue el turno de Ross y ahora llegamos a Joey. De profesión, actor. Pero también amigo fiel, tierno inocentón, amante de los animales (sus pollos y patos pueden dar fe de ello), glotón insaciable, celoso de su comida (y de Abracín), ligón incorregible, fanático de los Knicks, tontaina (eso sí, nuestro tontaina favorito) y la única persona sobre la faz de la tierra a la que perdonaríamos aquel romance imposible con Rachel (Jennifer Aniston).

Podría sonar exagerado, pero es totalmente cierto: Joey Tribbiani ES el personaje más importante de Friends. Puede que no sea el más inteligente, puede que no sea el más querido por los guionistas, puede que no sea el protagonista cuyos diálogos mejor han envejecido en plena era #MeToo… Pero sí que es clave en la serie: si Friends representaba, en esencia, la entrada en la treintena, el paso de la juventud a la madurez, la temida edad adulta, Tribbiani personificaba todo ello como ningún otro de sus compañeros.

Él ridiculizó la fama y la industria de la actuación; él nos enamoró siendo lo que era, un niño en el cuerpo de un hombre. Él fue “amor, sexo, relaciones, amistad, carrera, un tiempo en la vida en el que todo es posible”, como definían la sitcom sus creadores Marta Kauffman y David Crane. Él era Friends. Si aún no estás convencido, he aquí cuatro razones por las que Joey siempre estuvo ahí para ti.

 

MUCHO MÁS QUE UN FÍSICO

Joey, como el resto de sus compañeros, era un estereotipo con patas. Guaperas por definición, hombre objeto sin reparo alguno, aspirante a actor que triunfaba entre las féminas, pero (como en la vida no se puede tener todo) con un coeficiente intelectual limitado y una inmadurez comparable a la de Peter Pan. Y, pese a todo, lejos de pasar a la historia como el típico chulo odiable y engreído, Tribbiani nos derritió el corazón con su ternura, su carácter infantil, su inocencia, su falta de talento y, sí, su estupidez crónica.

LeBlanc hizo del papel algo más que un cliché. Lo convirtió en nuestro amigo y mejor maestro de vida. Con él aprendimos que el trabajo de actor es ante todo precario, que hoy estás arriba (algo que casi nunca pasa) y mañana te ponen en coma por sorpresa… hasta que te trasplantan el cerebro, que de nada sirve ser un imán para las mujeres cuando te enamoras de tu mejor amiga, y que los 30 son posibles sin estabilidad laboral y emocional (justo lo que nos venía encima a los millennials).

Joey podría parecer el perdedor del grupo, el único que acaba la serie sin trabajo fijo, sin pareja, estancado en el apartamento donde comenzó todo, con patito Jr. y pollito Jr., como si 10 años no hubieran pasado para él. Sin embargo, él es la prueba viviente de que nunca es tarde para una nueva aventura, que la vida no terminaba con la llegada a la edad adulta y que todo aquello que nos habían contado nuestras abuelas sobre la treintena perfecta (el chalet a las afueras, los hijos, el puesto laboral soñado…) había quedado obsoleto.

 

LEALTAD SE ESCRIBE CON ‘J’

Fiel. Es una de las palabras que mejor define al personaje, no tanto en su trato con las mujeres pero sí en lo que respecta a sus amigos. Friends no es solo una sitcom sobre la entrada en la madurez. También es una reflexión sobre la amistad, sobre ese grupo de gente cercana, esos confidentes que se convierten en tu familia.

Rachel y Monica (Courteney Cox) pueden fardar de haber sido besties desde el instituto, Chandler (Matthew Perry) y Ross (David Schwimmer) desde la universidad, pero la verdadera historia de amor entre amigos de la serie ha sido, es y siempre será la de Joey y Chandler. Y esto se lo debemos a Tribbiani, capaz de encajar el sarcasmo a menudo hiriente de su compañero de piso con comprensión (y eso que Bing hasta besó a su novia).

La lealtad de este personaje no conoce límites cuando se trata de sus otros verdaderos amores: la comida (Joey no comparte su comida ni con Emma. Punto.), Abracín y uno mismo. Este último apartado es el que realmente nos interesa. Porque si algo aprendimos de Joey es la importancia de valorarse, de la confianza en uno mismo. Da igual cuántos palos te dé la vida o cuántas veces te rechacen si tú sabes que eres más que suficiente.

 

LA PERSEVERANCIA ES UN BIEN PRECIADO

En esa misma línea, Joey siempre demostró que no importaba lo difícil que estuvieran las cosas, lo mucho que hubieran maltratado a su personaje o lo muerto que estuviera este, siempre había esperanza (y no solo por el trasplante de cerebro). El caso del doctor Drake Ramoray ejemplifica otra de las grandes virtudes del personaje: nunca tira la toalla.

Sus amigos no soportan sus infumables obras de teatro, le toca hacer comerciales con pintalabios azul, lo despiden como doble de culo de Al Pacino… Por no hablar de su paso por Los Ángeles. 10 años de “No”-es, de proyectos que no llegan y trabajos sin mucha chicha, de críticas crueles… Y él sigue ahí, sin rendirse. La lección que sacamos de todo ello es que Joey era un superviviente, un ¿inconsciente? que no se daba por vencido, y quien nos enseñó en sus propias carnes que no existe trabajo indigno ni sueño imposible.

 

EL NIÑO QUE SIEMPRE SEREMOS

Es un niño en el cuerpo de un hombre. Un treintañero que se comporta como un veinteañero. Duerme con un pingüino de peluche. Llora cuando Monica destroza su futbolín. Hay un largo etcétera de ejemplos y razones que confirman que, sí, Joey Tribbiani no es la madurez personificada.

Y he ahí el motivo por el que su papel en la serie es fundamental: mientras sus amigos crecen, prosperan, se casan o tienen hijos, ejemplificando todo lo que la vida espera de nosotros, Joey representa esa parte que aún se aferra al adolescente que fuimos. Que aún cree tener toda la vida por delante para errar, cambiar de planes, soñar despierto…

Es el niño que fuimos mirándonos con esperanza cuando la sociedad nos exige que nos convirtamos en Rachel o Chandler. Es un grito de “Oye, si aún no has tenido hijos, no tienes pareja y tu trabajo no te convence, aún así puedes ser feliz y sentirte realizado”. Es el recordatorio de que nunca seremos lo suficientemente mayores para no necesitar un abrazo, alguien que nos apoye o, ¿por qué no?, un pingüino de peluche.

 

Estos son los 10 momentos más divertidos de Joey en Friends (y como a él lo de contar no se le da del todo bien, en su honor sumamos 3 momentos más):

“London Baby”

 

El anuncio del pintalabios azul

 

La dificultad del francés

 

Cuando te pones todo el armario de Chandler 

 

ESA acosadora

 

Las siestas con Ross

 

“Joey no comparte su comida”

 

Los pantalones de emba…, digo, de Acción de Gracias

 

Todo por el musical

 

Los programas de TV

 

Cuando le perfilaron las cejas

 

El trasplante de cerebro

 

Recopilación de sus “¿Cómo va eso?”

Disponible en Vodafone TV

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