[Repaso Marvel] ‘Guardianes de la galaxia’: Y la Marvel gamberra llegó para arrasar con todo

Desde que Star-Lord y compañía aparcaran la Milano en la agenda vengadora, Marvel suena a música ochentera y viste con colores fluorescentes.

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12 de abril de 2018

Seguimos con el repaso Marvel de CINEMANÍA, esta vez con la joya de la Corona en lo que ha revoluciones inesperadas se refiere. Dicen por ahí que, antes de ponerse al frente de Marvel Studios, cuando era coproductor de franquicias como X-Men, Spider-Man o Daredevil, Kevin Feige ya quería llevar a los Guardianes de la galaxia a la gran pantalla. ¿Por qué apostar por unos forajidos sin oficio ni beneficio que ni siquiera seguían siendo publicados en los cómics?

Decir que este grupo de granujas espaciales (compuesto por un melómano ochentero, una alien ceñuda, un destructor con lanzacohetes, un mapache y un hombre árbol) era una apuesta arriesgada es quedarse corto. Nadie daba un duro por Guardianes de la galaxia cuando apareció en el calendario marvelita entre títulos tan esperados como Capitán América: El soldado de invierno y Vengadores: Era de Ultrón. 

Podría haber sido un despropósito, una idea descabellada de la que hasta Thanos renegara en futuras entrevistas, pero la locura cósmica de James Gunn acabó por convertirse en un alivio cómico y la explosión de color que la Marvel más purista necesitaba. Algo único, un universo propio, sin reglas ni fórmulas. Una sorpresa de dimensiones insospechadas sin la que la aclamada Thor: Ragnarok nunca hubiera existido. Y, admitámoslo, nos presentó a un grupo de gañanes con los que nos iríamos de cañas antes que con los Vengadores. 

Y, de repente, se puso a bailar

Recordemos cómo comienza Guardianes de la galaxia: estamos en la Tierra en 1988, un niño con el ojo morado, camisa a cuadros y pegado a sus auriculares huye del hospital tras la muerte de su madre. En ese momento es abducido por una nave espacial. Acto seguido, salto en el tiempo de 26 años, un planeta deshabitado llamado Morag. Un hombre con un casco entra en una especie de cueva… Y le da al play. En los próximos 30 segundos, James Gunn cambia para siempre el cine de superhéroes (y el Séptimo Arte en general).

¿Qué ha pasado? ¿Por qué Chris Pratt baila como loco al son de Come and Get Your Love, de Redbone? ¿Y ese bicho al que acaba de coger para usar como micrófono? ¿No estábamos presenciando un drama hace dos minutos? Esa escena es todo lo que nos espera con los Guardianes: una montaña rusa que pasa de la tragedia familiar Bayoniana a la comedia más descabellada antes de que te dé tiempo a digerirlo. Nos esperan dos horas de giros disparatados, tramas imposibles de anticipar y un walkman que cambiaría el MCU. 

 

¿Historia de origen?

Como ya hiciera Thor, aunque con mejor resultado, Guardianes de la galaxia se aleja de la historia de origen típica de este tipo de superproducciones, esa que parece imprescindible cuando los personajes son tan desconocidos como estos hasta para los adictos a los cómics. Pero, como ha demostrado Gunn, no lo es.

Una enigmática introducción de un niño que pierde a su madre… Y al lío. Eso es todo lo que os voy a contar de los orígenes de mis personajes. Eso, y lo que podías ver en las fichas policiales de estos canallas cuando llegan a El Kyln, así que ya podéis leer rápido y llevar catalejos (los puedes encontrar aquí, no hace falta que te dejes la vista con semejante lista de antecedentes).

A cambio, te voy a dar pullitas y guerras de egos entre Chris Pratt y un mapache, gags a tutiplén (ese momento en el que a Star-Lord se le cae la esfera con la Gema del Infinito en el museo del Coleccionista), un guion absurdamente descacharrante, la dosis justa de acción (Kevin Feige nos exige un 60% de mamporros por película), algo de cámara lenta y esquizofrénicas vueltas de tuerca. Y pensar que con la guerra de egos ya nos tenía ganados…

 

Clase de nostalgia ochentera 

¿Stranger Things? El mayor homenaje a la cultura popular de los 70 y 80 que se ha hecho en los últimos años es un trapicheador con patillas, capaz de jugarse el tipo en la prisión de máxima seguridad más protegida del universo solo para recuperar su walkman, así como de enfrentarse a Ronan el Acusador moviendo el esqueleto. Porque, y esta es otra de las estratagemas de Gunn para enamorarte, si tengo que parar el discurso del villano de la peli en el momento más álgido para poner a Pratt a bailar y cantar, lo voy a hacer: 

Aunque, su mayor hazaña bailonga será meter el ritmo en el cuerpo a Gamora; o en el cuello, porque es más un leve movimiento de cabeza. Pero es que, ¿quién en su sano juicio puede resistirse a Ain’t No Mountain High Enough:

En Guardianes de la galaxia, las cárceles suenan a Hooked on a FeelingEscape (The Piña Colada Song), las confidencias a Fooled Around and Fell in Love, y las batallas a Ooh Child, todo ello desde un walkman Sony TPS-L2. No habíamos visto tanto número musical en el MCU desde los espectáculos que protagonizaba Steve Rogers en Capitán América: El primer vengador.

Pero estos Guardianes no solo apelan a la nostalgia a través de nuestros oídos. Star-Lord vuelve a ser el friki que todos llevamos dentro cuando se refiere a sus adversarios como Tortugas Ninja, muestra al muñeco troll que todo niño de los 80 tenía, o menciona el Arca de la alianza, El Halcón Maltés y a Bonnie & Clyde.

Momento Kevin Bacon…

Aunque si hay que destacar una referencia, nos quedamos con la escena en la que Star-Lord explica a Gamora que Kevin Bacon es el gran héroe de Footloose.

Y luego, pasa lo que pasa:

…y momento nave

Y, como curiosidad hilarante, la explicación de dónde viene el nombre de Milano, la nave de Star-Lord. No, no se lo debemos a la ciudad italiana, sino a la actriz Alyssa Milano, según reconoció el propio Gunn. Sí, Phoebe en Embrujadas y quien inspiró el dibujo de la sirenita Ariel. La misma actriz que, con 13 añitos, interpretó a la hija de Arnold Schwarzenegger en Comando.

 

La grandeza de lo absurdo

¿Vergüenza ajena? ¿Eso qué es? Una cosa bastante extendida en el cine de capas y mallas antes de Deadpool. Ahora ya no hay insulto ni obscenidad que nos asuste en una sala de cine. Sin embargo, James Gunn ya había hecho de la irreverencia el mayor superpoder de una producción de héroes un año antes.

Y en una película para todos los públicos, con todo lo que conlleva incluir un corte de mangas como el de la imagen sobre estas líneas en una película Disney. No sabemos cómo lo hizo Gunn (¿dormidinas en el café de Feige? ¿Gritar el tan recurrente ‘¿Qué eso de ahí?’ mientras Peter Quill sacaba el dedo?), pero nunca se lo agradeceremos lo suficiente.

Guardianes de la galaxia es, ante todo, una película que se ríe de sí misma y celebra la ridiculez y la desvergüenza como ninguna otra producción de Marvel. Desde las burlas al alias de Star-Lord (¿o era Star-Prince?), hasta ese Rocket que no sabe lo que es un mapache, pasando por un Drax que no entiende las metáforas.

Gunn “malgasta” el tiempo en diálogos en los que Rocket exige la pierna ortopédica de un preso en plena huida carcelaria por simple cachondeo. O te muestra en primer plano al mapache explicando su plan de fuga, mientras Groot juega de fondo con unos fusiles y da comienzo sin querer a la huida. Sada escena, cada diálogo y cada canción es un grito de: lo importante no siempre está en primera línea, así que déjate distraer. 

 

Universo de colores

Hay tripulaciones espaciales como para que el cine sobreviva millones de años solo a base de secuelas, remakes y reboots. Entonces, ¿qué tiene de especial la Galaxia según Marvel? En primer lugar, una explosión de colores fluorescentes capaces de cegar a toda la humanidad.

Tengamos en cuenta que, hasta este momento, lo que más brillaba en el MCU era el brazo biónico de Bucky. El director de fotografía Ben Davis se alió con el equipo de maquillaje, vestuario y, sobre todo, efectos especiales (fue nominada al Oscar en esta categoría) para crear una paleta de colores estridentes, que tiñe desde las pieles de los habitantes galácticos (verde, rosa, azul, amarillo…) hasta los cielos de nubes anaranjadas. 

Y con los colores fluor, llegó también la exaltación de lo hortera (toma homenaje a los 80), desde los trajes estrambóticos a las patillas de Star-Lord, pasando por el Coleccionista (Benicio del Toro), al que ya habíamos visto en Thor: El mundo oscuro, y que es un cuadro en sí mismo. Y para muestra, un gif:

Y ahora otro de Rocket para habituar los ojos tras ESE color de pelo de Del Toro:

Porque un personaje como el Coleccionista solo podía tener cabida en esta locura mental de Gunn, igual que personajes como Drax, Howard el patoCosmo el perro astronauta, otra de las reliquias que guarda Del Toro en su museo particular.

 

Fenómeno Groot

¿Cuándo un árbol con tres únicas palabras en su vocabulario se convirtió en un fenómeno de masas? Rocket estaba destinado a ser la extravagante estrella de la película, pero su compañero de fechorías le robó todo el protagonismo. Y hablamos de un Groot adulto, antes de que su versión bebé conquistara el merchandising de Marvel con la secuela del filme.

Porque antes de querer adoptar a Baby Groot, conocimos a un árbol algo despistado que se sacrificó para salvar a sus amigos de una caída estratosférica a bordo de la Milano. Y encima se encendió como un árbol de Navidad para hacer el golpe más llevadero. Próximamente lo veremos en su versión adolescente, que promete muchos gruñidos e ira teen, pero fue en Guardianes de la galaxia, rodeado de pequeños farolillos amarillos, cuando se hizo un hueco en nuestros corazoncitos escépticos. 

 

Entre hermanas

Si una lección hemos sacado de la saga de Thor es la siguiente: los hermanos pueden ser los mejores villanos de Marvel. En Guardianes de la galaxia, una saga que ya es un ejemplo a seguir en lo que a personajes femeninos se refiere (solo superado ahora por Black Panther), Gamora es la antihéroina cañera más borde y reivindicable del MCU, pero su hermanita Nébula (Karen Gillan) llega dispuesta a pelearle a Loki el puesto de mejor mejor amienemigo de los Vengadores.

En un universo en el que la mayor cuenta pendiente a puertas de la ‘Fase 4’ es el papel de la mujer en todo este entramado con demasiada testosterona, Nébula se proclama como la mejor villana que nos ha dejado Marvel Studios, a pesar de su condición de secundaria. Le basta y le sobra con salir menos de veinte minutos para pisotear a Hela (la primera y más desaprovechada villana marvelita en el cine) y situarse entre lo mejorcito de los malos de Marvel. Si Loki es volátil, Nébula es destructora. Su próximo encuentro en el MCU podría ser una amenaza mayor que la del Titán Loco y compensar la falta de grandes villanos en el universo marvelita

 

Padres adoptivos

Y hablando del malo de la película… Hasta Guardianes de la galaxia, apenas habíamos podido hacernos una idea de quién era Thanos (Josh Brolin), además de un gigante morado con una risa entre forzada y siniestra. ¿Esa cosa sentada en un trono vete tú a saber dónde era la temible amenaza tras las benditas Gemas del Infinito? ¿Tanta piedra colorida para esto?

Afortunadamente, llegaron Star-Lord y su tropa para darle algo de sentido (todo el sentido que unos colgados galácticos puedan dar) a este monstruo con guantelete. ¿Cómo? Convirtiéndolo en un padre esclavista y abusivo, que convierte a sus “hijas” en armas de destrucción masiva. 

Luego está ese otro “padre adoptivo”, Yondu, que debe su brillantez a Michael Rooker. ¿Cómo, si no fuera por el actor de The Walking Dead, podríamos haber empatizado mínimamente con un saqueador con una flecha antigravitatoria, que abduce a un niño para hacer de él un contrabandista del que aprovecharse?

 

El Club de los Perdedores

Héroes, antihéroes o villanos, aquí todos son una panda de perdedores. Al final, Guardianes de la galaxia es una oda a las diferencias, a lo único e irrepetible, a lo imperfecto y a los grises (no todo en la vida son Capitanes Américas o Thanos). Porque, asumámoslo, es mucho más fácil identificarse con estos “fracasados”, o al menos empatizar con sus miserias, que con un genio multimillonario como Tony Stark, un supersoldado como Steve Rogers, un Dios asgardiano como Thor o monstruo verde como Hulk.

Los protagonistas son supervivientes, pero ni las capas de pintura, ni el musicote a todo volumen, ni las naves espaciales entorpecen de qué va realmente todo esto: de la amistad, de que la unión hace la fuerza (esa escena final con todos dándose la mano para salvar a Quill del poder de la Gema) y del fin de los estereotipos. Habla sobre quererse a uno mismo, aunque tengas forma de mapache y te llamen hamster o roedor. 

 

Un nuevo Universo Marvel

Más allá de amores y odios que pueda despertar la película, Guardianes de la galaxia ha sido pionera en el MCU. ¿Por qué? Porque fue la primera historia de los nuevos personajes marvelitas que tomarán las riendas de la ‘Fase 4’. Con ellos llegó el cambio en el tono, el colorido y la banda sonora de los clásicos.

Marvel es más gamberra desde que llegaron ellos, se ha atrevido con Ant-Man, e incluso ha hecho gracioso a Thor en Ragnarok. Spider-Man también entra en esta nueva era de héroes guasones que no se callan ni peleando. He aquí el cambio de paradigma en dos gifs.

Antes, esta era una entrada triunfal de supergrupo:

Ahora, todo ha cambiado:

Otra puerta que ha abierto esta película es la del espacio, ese al que viajaremos con Captain Marvel. Ahora la pregunta es: ¿cómo aguantarán Black Panther, Doctor Strange y los vengadores veteranos que sobrevivan a Avengers 4 tanto humor absurdo y viaje por el espacio exterior?

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