¿Quién es el guitarrista de ‘Mad Max: Furia en la carretera’?

...Y otras 12 cosas más que debes saber sobre el 'blockbuster' más macarra, desquiciado y épico de lo que llevamos de siglo.

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19 de mayo de 2015

Al recibir las últimas listas de taquilla, cinemaníacos cinemaníacas, uno sólo puede pensar que, por una vez, el motor de Hollywood está bien calibrado y engrasado. Mientras Dando la nota -Aún más alto nos proporciona el insólito espectáculo de un musical de bajo presupuesto (y escrito, dirigido e interpretado por mujeres) llegando al número uno del ranking en EE UU, resulta que Mad Max: Furia en la carretera no sólo no se convierte en el flop que algunos auguraban, sino todo lo contrario: el regreso de George Miller a la saga que él mismo creó hace 36 años asciende a un digno segundo puesto en la superpotencia, así como a la pole position en España, tras arrancar inesperados aplausos en el Festival de Cannes. Y, tal vez de forma más significativa, las redes sociales se llenan de memes sobre el filme, fan arts de Imperator Furiosa (Charlize Theron) y comentarios de espectadores entusiastas, a la velocidad de un Interceptor V8 hasta las trancas de nitrometano. ¿Qué ha ocurrido?

Pues ha ocurrido que Mad Max: Furia en la carretera es el blockbuster más desquiciado del año, e incluso del siglo. Lejos de exagerar, las primeras críticas tenían razón en aclamarla como una excepción a esa norma según la cual el gran presupuesto (131 millones de euros, en este caso) va unido irremediablemente a la banaildad y al ‘para todos los públicos’. Además de confirmar los temores de algunos machistas trogloditas (por la magna importancia de unos personajes femeninos sólidos, matizados y muy, muy poderosos), el debut de Tom Hardy como Max Rockatansky proclama su condición de cinta de serie B venida a más y orgullosa de ello, repleta de locura, de macarradas, de excesos pesadillescos y de detalles. Unos detalles sobre los cuales el guión apenas explica nada, y casi que lo agradecemos, porque así podemos ofrecerte este repaso a las interioridades de la película. Comprueba el depósito, abróchate el cinturón y acompáñanos en un viaje sin frenos (pero con algunos SPOILERS) por el Páramo.

¡Trata de arrancarlo, George!

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¿Un proyecto gafe? No te haces idea: Mad Max: Furia en la carretera llevaba dando vueltas por la cabeza de George Miller al menos desde 1998. El turbulentísimo rodaje de Mad Max: Más allá de la Cúpula del Trueno (durante el cual falleció Byron Kennedy, coautor del serial) era ya sólo un recuerdo, Mel Gibson aún tenía la cabeza relativamente sobre los hombros y todo parecía indicar que era el momento de resucitar al Guerrero de la Carretera. ¿Qué ocurrió? Pues muchísimas cosas. Para empezar, las consecuencias del 11-S encarecieron los costes del rodaje, por cosas del dólar australiano y su cotización, mientras que el clima político se volvió poco apto para que una major financiase un guión de estas características. En 2006, ya con Gibson fuera del proyecto, Miller fichó para sustituirle a Heath Ledger, llevándose otro revés de los gordos con el fallecimiento del actor dos años más tarde. En 2011, con Hardy y Theron ya involucrados, todo parecía dispuesto para que Miller volviese a llenar de cochazos y explosiones su querido outback.Pero la naturaleza tenía sus propios planes…

Llueve en el desierto

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Tal vez la mejor expresión del infortunio que acompañó a esta película desde su origen se halle en una anécdota: como ya hemos dicho, Furia en la carretera debería haberse rodado en el outback, esa extensísima y árida región de Australia donde se ambientaron las entregas anteriores del serial. Pero  cuando Miller estaba a punto de montar su plató en Nueva Gales del Sur, dicha zona registró una temporada de lluvias inesperadamente abundantes que reavivaron la flora local, convirtiendo el páramo en un vergel. Así las cosas, había que llevarse el rodaje a África (más concretamente, a Namibia) sí o sí. En este momento, suponemos, los contables ya debían estar echando humo por las orejas.

No tan ecológica como parece

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Está claro que Mad Max: Furia en la carretera tiene (a posta) la densidad intelectual de un sello. Pero también está claro que toca temas muy crudos: la masculinidad tóxica, la religión como herramienta represiva o la gestión interesada de la miseria son temas prominentes en su guión. Lástima que el director y su equipo no predicasen con el ejemplo durante su larguísimo rodaje: al parecer, la producción dejó como un solar el Parque Nacional de Dorob, un espacio protegido en el desierto de Namib. Aunque el gobierno de Namibia desestimó las acusaciones, afirmando que el rodaje no iba a redundar en un daño permanente al territorio, nosotros nos olemos que un equipo de 800 personas debe tener un impacto ambiental considerable en un ecosistema tan delicado.

El anime que nunca fue

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Como prueba su Oscar por Happy Feet, George Miller también controla el género de animación. Y, por otra parte, también piensa que Akira es una de las mejores películas de la historia. De ahí que, enfrentado a una preproducción de pesadilla, concibiera un plan kamicafre para salvar Furia en la carretera: alrededor de 2009, tras el fallecimiento de Heath Ledger, el cineasta pensó llevarse el proyecto a Japón y producirlo allí como un anime. Un anime planeado para estrenarse en pantalla grande y en 3D. Si esto se hubiera llevado a cabo, nos habríamos perdido el desmadre en imagen real que finalmente ha llegado a los cines. Pero debemos señalar que la cosa prometía…

3.500 viñetas

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Seguramente, el fichaje más valioso de la nueva Mad Max ha sido Brendan McCarthy. Este dibujante británico, que ha hecho sus pinitos tanto en el cómic europeo (Juez Dredd) como en el estadounidense (Doctor Extraño, para Marvel), fue reclutado por George Miller para su proyecto a comienzos de los dosmiles. Fan de la saga desde chavalín, McCarthy trabajó junto al director y a un pequeño ejército de artistas en unos storyboards detalladísimos que no sólo ayudaron a la puesta en escena, sino que reemplazaron, a todos los efectos, a un guión convencional. “Sólo teníamos los dibujos: no había ni siquiera un plan de rodaje”, ha comentado Charlize Theron. La sudafricana añade que, en muchos momentos, tanto su impresión como la del resto del reparto podía resumirse en “¿Qué coño estamos haciendo aquí?”. Vistos los resultados, para qué nos vamos a quejar…

¿Cuántos coches hay?

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La respuesta concisa: 150. Todos ellos, además, realizados a base de hurgar en las chatarrerías y los desguaces más selectos del mundo. Junto al Interceptor V-8 (un Ford Falcon Coupé de 1974), esta galería de atrocidades sobre ruedas incluye el camión de guerra de Imperator Furiosa (híbrido de un Tatra checo y un Chevrolet Fleetmaster, con la carrocería de un Volkswagen Escarabajo añadida para dar sabor), el cochazo del villano Immortan Joe (apareamiento incestuoso de dos Cadillac DeVille) y nuestro favorito: ese Doof Wagon cargado hasta las trancas de subwoofers, tweeters y bocinas, al que encima le sobra sitio para acomodar una batucada en su parte trasera. Posiblemente, lo que más sorprende de semejante parque móvil es que fue creado por el mismo diseñador de Las aventuras de Priscilla, reina del desierto y su caravana maravillosa. Hablamos de Collin Gibson, veterano currante australiano que trabajó junto a George Miller en la saga Babe y en Happy Feet.

20% digital, 80% analógico

A George Miller habrá que darle al menos el beneficio de la duda: según el cineasta, apenas hay efectos digitales en Furia en la carretera. “Si no te lo crees, hazme caso: yo estuve allí, lo vi todo, y es real”, alardea Miller, quien afirma haber empleado la CGI y otros trucos electrónicos principalmente para hacer creíble el brazo mutilado de Imperator Furiosa, para borrar de las imágenes los arneses de seguridad y, sobre todo, para darle lustre a cierta tormenta de arena. Dado que el filme cuenta con 303 stunts, rodados a una velocidad media de 96 kilómetros por hora y en los que llegaron a participar hasta 150 personas coordinadas por Guy Norris (El Señor de los anillos), las palabras del director suenan creíbles. Pero eso no significan que al autor de la película no le gusten los efectos digitales, sino todo lo contrario: “Por algo me pasé siete años de mi vida estudiando cómo hacer hablar a un cerdo”, remacha, recordando su trabajo en las dos entregas de Babe.

Un villano como los de antes

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Qué mal rollo da Immortan Joe, ¿verdad? Seboso, purulento y más malo que la quina, este villano enmascarado recuerda tanto al Barón Harkonnen de Dune como al Lord Humungus de Mad Max 2. Y, en cierto sentido, supone una conexión directa con el pasado de la saga: su intérprete es Hugh Kearns-Byrne, el mismo que dio vida al pérfido Cortauñas de Mad Max: Salvajes de la autopista, hace casi cuatro décadas. Porque, cuando necesitas un señor del mal en condiciones, no hay nada como la vieja escuela.

Wonder Woman, ¿eres tú?

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Entre los proyectos abortados de George Miller brilla con luz propia Justice League: Mortal, un trabajo para Warner DC Comics que hubiera contado, entre otros, con Armie Hammer como Batman, con D. J. Crotona como Superman, y con la australiana Megan Gale como Wonder Woman. Dicha película se fue al traste a causa de la huelga de guionistas de 2007, pero algo de él queda aquí: Megan Gale interpreta a Valkiria, la miembro más joven de la tribu de las Vulvalini. Y, viéndola, podemos imaginar que Diana de Themyscira habría tenido en ella a una intérprete extremadamente digna.

¿Qué me pasa, doctor Miller?

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Algo que se nota mucho, y para bien, en las entregas de la saga Mad Max es que George Miller fue médico antes que cineasta. Su experiencia acumulada en quirófanos y salas de urgencia no sólo le llevó a concebir el serial (fijándose en las víctimas de accidentes automovilísticos), sino que, además, le ha servido para dotarlo con un plus de verosimilitud y mal rollo. Sin ir más lejos, el pobre Nux (Nicholas Hoult) presenta los síntomas de un linfoma de Hodgkin, incluyendo las fiebres nocturnas. El paroxismo de Miller como cineasta-matasanos llega mediante un neumotórax improvisado y una transfusión de sangre a velocidad absurda: aunque llena de licencias artísticas (haznos caso: no intentes repetirlo en tu casa), la escena resulta extremadamente creíble. Y un subidón, además.

Ni secuela ni reboot, sino todo lo contrario

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Los madmaxianos de toda la vida llevan mucho tiempo preguntándose dónde encaja Furia en la carretera dentro del conjunto de la saga. Por una parte, el hecho de que Max conserve su coche debería situarla antes de Más allá de la Cúpula del Trueno (e incluso antes de Mad Max 2), pero ciertos detalles del pasado del protagonista resultan totalmente nuevos, y para colmo el filme presenta varios easter eggs que evocan otros grandes momentos del serial, como cierta caja de música sacada directamente de la segunda parte. A juzgar por sus palabras, George Miller ha llegado a un estado mental en el que la continuidad le importa más bien poco. “Hemos cogido al mismo personaje y le hemos abandonado en el mismo mundo, sólo que treinta años después de su última aventura”, dice, por su parte, Tom Hardy.

¡Queremos más Max!

A sus 70 venerables años, cualquiera diría que George Miller está contento con su último viaje al Páramo, y con haberle puesto un digno punto final a la saga de sus amores. Pero, por lo que se ve, este hombre no escarmienta: ayer, en su primer (y, por ahora, único) mensaje en Twitter, el cineasta le daba las gracias a sus fans… y les ponía los dientes largos con un “Hay más Max por venir”. Por otra parte, Tom Hardy ha firmado por un total de cuatro películas interpretando al Guerrero de la Carretera. Y también cabe añadir que un Miller muy megalómano planeó rodar a la vez esta película y una secuela (o spin off, según otras fuentes) que tendría por título nada menos que Mad Max: Furiosa. ¿Promete? Pues sí, y muchísimo. Ahora bien: está por verse si Charlize Theron, tan orgullosa del filme como quemada por un rodaje extenuante, accede a ponerse con ello.

Pero… ¿quién es el guitarrista?

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Hemos llegado al final de nuestro viaje, y, como buenos mercenarios, vamos a cumplir lo prometido. Vamos a hablar del Doof Warrior, ese guitarrista metalero, ciego y con lanzallamas que se ha convertido en el secundario más popular del filme, amén de en un ejemplo de cómo volver diegética una banda sonora de lo más over the top. Se trata de Sean Hape, alias iOTA, un músico y actor australiano con cinco álbumes publicados, mucho trabajo sobre las tablas (ha protagonizado musicales como The Rocky Horror Picture Show Hedwig y the Angry Inch en su país) y con un pequeño papel en El gran Gatsby como único trabajo en cine… hasta ahora. El complemento perfecto para ese musicón de Tom Holkenberg (Junkie XL) que parece mezclar a Philip Glass, Ennio Morricone Sepultura en una trituradora industrial.

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