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La verdad del caso Bobbitt: penes cercenados, malos tratos y bromas de mal gusto

Con 'Lorena', su serie documental para Amazon, Jordan Peele devuelve a la pantalla la mutilación genital (y conyugal) más famosa de los 90.

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12 de abril de 2019

El exmarine John Wayne Bobbitt pensó en suicidarse después de que su mujer le cortase el pene, órgano considerado por muchos como símbolo máximo de la masculinidad. El truculento caso dio la vuelta al mundo y el acto cometido por su protagonista –una inmigrante ecuatoriana llamada Lorena, que llevaba cinco años sufriendo maltrato y violaciones– pasó a ser tildado por muchos de ‘venganza feminista contra el patriarcado’.

La noche del 23 de junio de 1993, como de costumbre, Bobbitt había bebido más de la cuenta y abusó supuestamente de Lorena, poco antes de quedarse frito en la cama del apartamento que ambos compartían en la ciudad de Manassas (Virginia). Llena de rabia, la mujer –que entonces tenía 24 años– se dirigió a la cocina, bebió un vaso de agua, cogió un cuchillo jamonero y regresó a la habitación para castrarle.

Acto seguido y totalmente fuera de sí, Lorena se metió en el coche y comenzó a conducir sin rumbo fijo. Al cabo de un rato, se dio cuenta de que aún tenía el cuchillo en una mano y el trozo de pene en la otra. Por eso, optó por frenar el coche para poder tirar por la ventanilla del automóvil el falo a un descampado, cuando apenas llevaba recorridos unos quinientos metros. Inmediatamente después, llamó al 911 (equivalente en EE UU al 112 europeo)  y confesó lo ocurrido.

El pene fue encontrado por varios agentes de la policía entre la maleza, cerca del salón de belleza en el que Lorena trabajaba. A continuación, fue llevado al hospital donde Bobbitt estaba internado y entregado –en una bolsa de papel para perritos calientes, que a su vez estaba metida en una bolsita de plástico hermética llena de hielo– a su urólogo –que, nueve horas y media después, fue capaz de reimplantarlo con éxito a su cuerpo–.

Cuando la prensa se hizo eco de todo aquello, la cosa se convirtió en un circo mediático presidido por la sorna, el sensacionalismo y la falta de empatía hacia la ecuatoriana. Ahora, Amazon Prime ha estrenado Lorena, una serie documental de cuatro episodios producida por Jordan Peele (Déjame salir, Nosotros) que analiza lo sucedido antes, durante y después del truculento episodio en el que acabó una historia de violencia doméstica ante la cual la sociedad estadounidense no estuvo (o no supo estar) a la altura.

Los dos primeros episodios dan cuenta del show en que se convirtieron los dos juicios que siguieron a la noche de autos. Por un lado, Bobbitt fue acusado de “agresión sexual conyugal” –según la ley de Virginia, la violación se aplica solo a aquellas parejas que viven separadas, o si la víctima está gravemente herida físicamente–, pero acabó siendo declarado inocente. Poco después, fue Lorena la que se vio sentada en el banquillo de los acusados –por “agresión maliciosa”–, enfrentándose a una pena de hasta 20 años de prisión.

El documental ofrece imágenes de ese juicio, emitido en directo por tres canales de televisión y cubierto por más de doscientos periodistas y cámaras de todo el mundo. Lorena relató al jurado el calvario que vivió junto a John y su abogada, Lisa Kimbler, trató de explicarles que su defendida había actuado en defensa propia: “Lo que tenemos es la vida de Lorena Bobbitt yuxtapuesta contra el pene de John Wayne Bobbitt. La evidencia demostrará que, en su mente, era el pene de lo que no podía escapar, lo que le causó el dolor, el miedo y la humillación más grandes. Al final de este caso, llegarán a la conclusión de que una vida es más valiosa que un pene”.

Finalmente, ese jurado compuesto por siete mujeres y cinco hombres declaró no culpable a Lorena en enero de 1994 –aunque, al considerar que la acusada había actuado bajo un estado de enajenación mental transitoria, la obligaron a pasar cuarenta y cinco días en un hospital psiquiátrico–.

Bobbitt, que aún hoy sigue negando que abusase sexualmente de su entonces mujer, cuenta que tenía intención de divorciarse de ella y que esa fue la razón por la que su malhumorada esposa le castró aquella noche. Eso sí, lejos de recrearse en el dolor, el hombre intentó sacar el máximo partido a la amputación de su miembro –que fue objeto de bastante cachondeo en los programas de la época–. Recorrió varios platós de televisión y se convirtió en una especie de mártir para algunos, como el comediante Howard Stern –que le invitó a su programa de radio para ayudarle a reunir los 200.000 dólares que John necesitaba para cubrir los gastos derivados de su defensa–.

Ávido de fama, sobre todo al principio, el hombre trabajó en lo que pudo. Fue camarero, gestionó un burdel, oficializó bodas en Las Vegas (donde reside actualmente) y tocó efímeramente en una banda de rock llamada The Severed Parts (Las Partes Seccionadas). Pero el culmen de su curiosa carrera profesional se presentó en forma de película porno –titulada John Wayne Bobbitt: Uncut y convertida en el vídeo X más vendido de la historia–. En lo personal, Bobbitt no tardó en volver a las andadas. Fue detenido en varias ocasiones y volvió a casarse en 1999, pero se divorció de su esposa en 2004, tras la denuncia de la mujer por malos tratos. Aunque, posiblemente, él también fuese una víctima de sus circunstancias –en un momento de la serie, el hombre relata el historial de violencia que vivió en el seno de su propia familia–.

Lorena, en cambio, optó por refugiarse en el anonimato desde el momento en que quedó en libertad –aunque muchos la criticaron cuando en 2009 decidió aparecer junto a su ex, del que se divorció en 1995, en el programa de televisión The Insider–. La mujer –que ahora lleva su apellido de soltera, Gallo– se casó de nuevo, tuvo una hija y creó Lorena’s Red Wagon, una fundación dedicada a atender a supervivientes de la violencia doméstica. Y, aunque tuvo bastantes dudas al principio, consintió ser entrevistada por Peele porque consideró que su serie abordaría el caso desde el respeto, en el contexto de ese nuevo movimiento contra los abusos llamado #MeToo. A fin de cuentas, pensó, esta vez podría ser escuchada y creída, sin cachondeo de por medio. Y, sobre todo, podría hacer justicia con su voz a esas otras mujeres que, en todos estos años, fueron condenadas al ostracismo por delatar y plantar cara a sus verdugos.

Precisamente en el último episodio, Kim Gandy –expresidenta de la Organización Nacional de las Mujeres (NOW, por sus siglas en inglés)– recuerda que el asunto de la violencia doméstica se vio ensombrecido por el hecho de que todos los directores de medios de comunicación que cubrieron el caso entonces eran hombres: “Hay muchas mujeres reporteras que intentaron escribir historias y me decían ‘Traté de escribir esto y mi editor me dijo ‘a nadie le importa eso”. ¿Habrá aprendido algo la sociedad de los errores cometidos en el pasado? Solo el tiempo lo dirá.

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