El tiempo, el gran villano del cine de Christopher Nolan

¿Recuerdas la segunda ley de la termodinámica? Nolan regresa nuevamente a la Física para convertir al tiempo en el antagonista definitivo de 'Tenet'

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28 de agosto de 2020

Una las cuestiones más sorprendentes de la pandemia ha sido ver cómo el tiempo podía ser nuestro enemigo o nuestro aliado. Fue lo primero mientras el virus se expandía sin piedad, saturando hospitales y tanatorios, y tuvimos que quedarnos en casa esperando a que pasase y así salvarnos. Christopher Nolan siempre ha considerado el tiempo como lo que es, nuestro mayor antagonista, el enemigo definitivo, como defiende el vídeo ensayo Christopher Nolan: Obsessed With Fighting Time, de Shane Bertram. Ninguno de sus personajes lo han expresado con tanta claridad como el de Michael Caine en Interstellar: “Soy un viejo físico. No le temo a la muerte sino al tiempo”.

Las películas de Nolan están repletas de relojes desde ese primer plano en su segundo corto, Doodlebug (1997). Hay relojes de pared, de pulsera, de bolsillo, temporizadores en bombas, despertadores que marcan la hora y naves espaciales con doce compartimentos como las doce horas de un reloj. El tiempo en sus películas genera tensión, es una herramienta narrativa y un tema inagotable sobre el que reflexionar. Ya dijo Tarkovski en Atrapad la vida que “el cine es la posibilidad de tener un encuentro con el tiempo”.

Esta es una obsesión además que viene de familia. Que se lo digan a los fans de Westworld, escrita por su hermano Jonathan Nolan, que también es el autor del cuento Memento Mori, punto de partida para la segunda película del director. En Memento (2000), Nolan nos demuestra a través de un amnésico Guy Pearce que sin pasado los seres humanos somos incapaces de encarar el futuro. “¿Cómo se supone que me voy a curar si no soy capaz de sentir el paso del tiempo?”, dice este personaje incapaz de vengar la muerte de su mujer porque carece de memoria. Es decir, nada sucede si no lo recordamos. Y si Leonard, el protagonista de la película, no puede recordar, sus espectadores tampoco.

El montaje de Memento revolucionó las escuelas de cine de principios de siglo contando la historia en dos tiempos, uno en color que va hacia atrás, y otro en blanco y negro que va hacia delante. “Me aproximo a la estructura de las películas de una manera matemática, geométrica. Hago muchos diagramas, una planificación rigurosa”; cuenta en el videoensayo How Does Christopher Nolan Manipulate Time?, de Masters of Movie, en el que también le vemos dibujar en una pizarra la estructura de Memento [vídeo arriba].

El tiempo en el cine de Nolan también se usa para generar tensión. Por ejemplo, en El truco final (2006) un reloj de bolsillo marca el trágico desenlace del gran número de escapismo y el comienzo de la enemistad entre los magos protagonistas, una hostilidad que presenciamos adentrándonos en sus diarios. Primero, es el personaje de Christian Bale quien lee desde la cárcel el diario de su competidor llevándonos a un pasado en el que el personaje de Hugh Jackman lee a su vez el diario de su enemigo. Es el pasado dentro del pasado. Como un sueño dentro de un sueño. ¿A que os suena de algo?

El tiempo es un villano sin maldad, lo que lo hace más real y temible. En Origen (2010), Cobb (Leonardo DiCaprio) se apunta a una nueva misión de espionaje industrial consistente en implantar un recuerdo en un sueño –de nuevo, la memoria– como último intento para regresar junto a sus hijos –uno de ellos, por cierto, hijo del propio Nolan–. En Origen, Nolan empieza a deformar el tiempo. Cuanto más profundo se sumerge el protagonista en el subconsiciente de los otros, más lejos queda el deseado reencuentro. El primer nivel equivale a una semana; el segundo a seis meses y el tercero a 10 años. En el siguiente nivel, el limbo, donde acabó con su mujer (Marion Cotillard), el tiempo se detiene hasta convertirse en un infierno.

Como le ocurría al protagonista de Memento o al de Insomnio, interpretado por un Al Pacino volviéndose loco en los días sin noche de un pueblo de la lejana Alaska, por mucho que el tiempo sea un villano, ¿quién es capaz de vivir sin él? En Interstellar (2014) también nos encontramos con un personaje principal que lucha contra el tiempo. En este caso, Cooper (Matthew McConaughey) es un piloto que se debate entre salvar a la humanidad y ver crecer a sus hijos.

La misión espacial en la que se embarca implica también cierta torsión temporal: cada hora invertida en el planeta que pretenden colonizar equivale a siete años terrestres. Como le explica Brand, su compañera de viaje interpretada por Anne Hathaway, han de pensar en el tiempo como un recurso más, como la comida. A pesar de lo cual, el tiempo se acelera para sus seres queridos sin que puedan hacer nada. “El tiempo es relativo: puede dilatarse, contraerse, pero nunca retrocede”, le dice Brand y uno parece estar escuchando a Kip Thorne.

El Premio Nobel, asesor de Interstellar, se propuso no incluir nada en la película que violase las leyes de la física o que no estuviese basado en ideas consideradas aceptables por los científicos, según explicó en The Science of Interstellar. Entre ellas, la posibilidad de que una civilización muy avanzada fuese capaz de crear túneles en el espacio-tiempo como el que utiliza Coop para comunicarse con su hija a través de la gravedad.

Otra cosa es que tuviesen forma de biblioteca infinita, no sabemos si esos “ellos” a los que se refiere el filme –es decir, nosotros dentro de mucho tiempo– tendrán la misma facilidad que Nolan para plasmar en imágenes conceptos tan complejos. “Cuando eres padre eres un fantasma del futuro de tus hijos. Estamos aquí para que nos recuerden nuestros hijos”, dice el personaje de Matthew McConaughey al comienzo de la película.

Y aunque el amor sea “la única fuerza que puede romper los límites del espacio-tiempo”, como dice la doctora Brand en la que posiblemente sea la película más emocionante de Christopher Nolan, Coop no consigue vencer al tiempo por mucho que quiera a su hija. [Spoiler] Cuando se reencuentra con ella siendo una anciana a la que acaban de descriogenizar, esta le dice que no necesita que esté presente en su muerte, que ya están ahí sus hijos para acompañarla. Es decir, la heroicidad de Cooper no es gratuita. Para salvar a la humanidad ha tenido que abandonar a sus hijos. Ha perdido contra el tiempo.

En ese sentido, Shane Bertram revisa El caballero oscuro: La leyenda renace desde un nuevo prisma. Toda la película es una cuenta atrás marcada por la bomba que Bane quiere detonar. Pero, paralelamente, Batman vive su propia carrera contra el tiempo al darse cuenta de que se han acabado sus días como héroe de Gotham y debe quitarse la máscara y cederle el testigo a alguien más joven, Robin. Es decir, el poder de Batman es efectivo contra las fuerzas más oscuras de los herederos de Ra’s al Ghul, pero nada tiene que hacer contra el paso del tiempo. Nadie en el cine de Nolan, ni los superhéroes, son capaces de vencer a ese enemigo.

El tiempo es un antagonista evidente en Dunkerque, donde en ningún momento se menciona a los alemanes como enemigos. “Es la historia de una de las carreras contra el tiempo más importantes de la historia”, explica el director en los extras del dvd sobre la evacuación más famosa de la Segunda Guerra Mundial en la que los soldados británicos fueron repatriados en embarcaciones de civiles.

El tiempo es una constante en Dunkerque, hasta en su banda sonora, que Hans Zimmer compuso utilizando como base el tic tac de un reloj de pulsera de Nolan. El agua mide el tiempo colándose en la cabina del piloto que ameriza, del barco holandés barado en la orilla o a través de las mareas que devuelven los cadáveres a tierra. El tiempo muestra su subjetividad en tres líneas narrativas: la de tierra dura una semana; el mar, un día y el aire una hora. “El tiempo es fascinante porque, aunque nos afecta a todos, también puede ser subjetivo. Por eso creo que es un hilo conductor en la filmografía de Chris y es tan importante en Tenet”, dice Emma Thomas sobre su última película, quizás la pirueta más ambiciosa de Nolan en lo que a la representación cinematográfica del tiempo se refiere. 

En Tenet, [spoiler] el enemigo del ‘Protagonista’ (John David Washington), un agente de alto espionaje recién reclutado, no es el ucraniano Andrei Sator (Kenneth Branagh) como puede parecer en el material promocional de la película. El traficante de armas es más bien un intermediario y con quien verdaderamente se enfrenta el Protagonista es con el tiempo, pero no como lo conocemos hoy sino como lo percibiremos en el futuro.

Su enemigo es el tiempo invertido, un hallazgo científico de la humanidad futura que les ha permitido atacarnos retrocediendo en el tiempo hasta nuestro presente (que no viajando en el tiempo) y que Nolan ha concebido siguiendo la segunda ley de la termodinámica (según el tiempo avanza la entropía nunca puede decrecer, se mantiene o crece).

“La teoría implica que si pudieses revertir el flujo de entropía podrías revertir el flujo del tiempo para un objeto”, ha explicado Nolan sobre las balas que no se disparan sino que son recogidas por pistolas o los pájaros que vuelan hacia atrás. ¿Te parece loco? Pues es ciencia y, prueba de ello, es que Nolan  ha vuelto a contar con Kip Thorne como asesor científico.

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