[Sitges 2016] Día 3: De fantasmas de la guerra, rituales coreanos y el espíritu del VHS

De la burka como símbolo fantasmal a la primera pequeña (pequeñísima) decepción del año. Seguimos en Sitges 2016 y esto es lo que hemos visto hoy.

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10 de octubre de 2016

Muy, muy variada la jornada de hoy, casi podría decirse que abarcando tres extremos casi irreconciliables del amplio espectro que abarca el cine fantástico: casas encantadas con mensaje en Under the Shadow, estética VHS con Beyond the Gates y esteticismo satánico coreano con El extraño (The Wailing).

Under the Shadow

Se está leyendo una y otra vez a propósito de esta modesta producción iraní que es la versión en clave conflicto Irán-Irak de la ya parece que influyente (pese a sus limitaciones) Babadook. No es para menos: los argumentos son, a grandes rasgos, uno el reflejo del otro. Es decir, una mujer sola intentando proteger a su retoño (una niña en este caso) de una presencia agresiva en su casa y de poder aparentemente ilimitado. Sin embargo, los parecidos acaban ahí: la brillante estética del Babadook, entre demente expresionista y monstruo de libro troquelado infantil, es sustituida aquí por una más cotidiana burka que parece tener vida propia. Lo que da una pista clave para entender el auténtico contexto de la película: mientras que en Babadook el horror que atenazaba al niño era de origen psicológico, aquí tenemos una pesadilla social.

En el contexto del enfrentamiento entre Irán e Irak en el Teherán de los años ochenta, la burka simboliza una presión que la madre protagonista vive, entre muchas otras cosas, porque no se le permite terminar sus estudios de medicina por haber participado en la revolución unos años antes. Las grietas en el techo de las que surgen los monstruos no son la plasmación de un trauma, como en la mayoría de las películas de fantasmas, sino efecto de los bombardeos. Y el parpadeo de las luces y la oscuridad repentina no son un efecto dramático, sino la señal para que madre e hija corran al sótano mientras suena una sirena, un genuino sonido de ultratumba. Under the Shadow usa la burka a modo de sudario fantasmal del mismo modo que en Una chica vuelve a casa sola de noche el chador era una capa de vampiro: tropos del fantástico reformulados para hablar de terrores cotidianos.

 

El extraño (The Wailing)

Que se den la mano horror, comedia, thriller y Corea del Sur no es exactamente algo novedoso (aunque sospecho que nunca dejará de parecernos exótico), pero Na Hong-jin se las arregla para que las proporciones y naturalezas de los ingredientes den como fruto un cóctel insólito: El extraño arranca evocando a los policiacos procedurales en entornos rurales coreanos que ya son un género en sí mismo con la aparición de cadáveres atrozmente mutilados, pero pronto el fantástico puro comienza a hacer su aparición: ¿quién es el extraño japonés que hace rituales en lo más profundo del bosque? ¿Es cierto que hay caníbales asilvestrados vagando por los bosques cercanos al pueblo? ¿A qué se deben las terribles pesadillas que sufre el policía protagonista (Kwak Do-won) y el extraño comportamiento de su hija?

Un horror de raíz católica mezclado con los rituales paganos de esa zona de Asia parecen conducir a la película a terrenos familiares como los de El exorcista, pero Na Hong-jin quiere explorar, claramente, otros terrenos: hay una extensa y muy impactante secuencia de rituales para expulsar malos espíritus contada desde tres puntos de vista que es una maravilla, sí, pero también hay una visión opresiva y maravillada del entorno rural y los indómitos parajes que rodean al pueblo. Y momentos de splatstick zombie. Y humor desconcertante cien por cien coreano, derivado de la infantil personalidad del inútil policía protagonista, lejos de la efectividad de los héroes de otras películas de Na Hong-jin como The Yellow Sea o The Chaser. El resultado es una mezcolanza única, pero que funciona sin fisuras y generando una atmósfera única, entre crispada e hipnótica, durante dos horas y media.

 

Beyond the Gates

Un bienintencionado homenaje al horror de los años ochenta directo al vídeo que juega con alguno de los tópicos inevitables de la época, tanto en la forma (los créditos, la estupenda banda sonora sintetizada de Wojciech Golczewski) como en el fondo (la despreocupación por un mínimo de verosimilitud argumental, los personajes de una pieza). Sin embargo, y pese a la celebrada presencia de Barbara Crampton (mito del erotismo desnortado en Re-Animator e inolvidable científica-dominatrix en Re-Sonator), la escasez de medios pesa demasiado y esta película de Jackson Stewart no logra sobreponerse a sus abundantes promesas.

Es una pena. Su muy publicitada relación con el mundo del VHS es solo superficial: los protagonistas son dos hermanos que llevan años sin verse y que comienzan a desmantelar el glorioso videoclub de su padre desaparecido hace meses. Ni siquiera el homenaje a los tronadísimos juegos de tablero con VHS incluido pasa de guiño desaprovechado. En el otro lado de la balanza, los efectos gore sin pizca de CGI son estupendos e inesperados, los momentos de mayor delirio argumental recuerdan a obras maestras de la insensatez italo de lo ochenta, y hay genuina devoción por tiempos más inocentes.

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Variedad absoluta de propuestas para hoy: cine de autor muy, muy particular y, por otra parte, un guiño demoledor a la serie Z de los ochenta. En Sitges hay de todo para todos.