Por qué ‘Boyhood’ no debería ganar el Oscar

Seguimos con nuestra demolición de las nominadas a Mejor Película: ahora le toca a Richard Linklater y su experimento 'vérité'.

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18 de febrero de 2015

El domingo se aproxima, la gala de los Oscar 2015 está cada vez más cerca… y en CINEMANÍA seguimos con el vapuleo anual a las nominadas a Mejor Película. En esta ocasión, además, asaltando una pieza de caza mayor. Porque, si El gran hotel Budapest se presta al choteo a costa de los tics autorales de Wes Anderson, La teoría del todo exhibe los puntos flacos usuales en un biopic ‘cazapremios’… ¿Cómo vamos a osar meternos con Boyhood, la cinta con la que Richard Linklater ha conseguido introducir al cinéma vérité en el mismísimo corazón de la bestia hollywoodiense? Pues osamos, y mucho. Como podéis leer a continuación, para nosotros no son sagrados ni los doce años de rodaje con los que tanto nos ha machacado la promoción del filme, ni las nominaciones dramáticas para Ethan Hawke Patricia Arquette, ni siquiera lo riquiño que sale Ellar Coltrane en los primeros minutos del filme. Procedemos a la demolición…

Un experimento sin chicha ni limoná

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Hay que reconocer que la idea de filmar una película a lo largo de doce años con los mismos actores era una idea bastante ingeniosa. No olvidemos que las innovaciones técnicas y artísticas son las que han hecho evolucionar el cine hasta lo que es hoy. Hasta aquí bien. Pero sinceramente, señor Linklater, te lo podías haber currado un poco más, y no haberte limitado a encender la cámara y registrar el fluir de la vida y el tiempo, porque para eso mejor hubieras hecho un documental. El cine es dramatización y catarsis, la vida comprimida y embellecida con el fin de entender la realidad un poco mejor. Una mentira perfectamente construida. Y en Boyhood no hay nada de eso, solo una sucesión de escenas en las que no hay nada extraordinario ni pasa absolutamente nada. Cualquiera de los Súper 8 que tu tío grababa durante los veranos que pasabas en Gandía de pequeño era mucho más divertido y emocionante. ¡Esos travellings que hacía de la yaya corriendo por la playa! Y a él sin embargo no le dan un Oscar.

Un casting tramposo

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En el apartado de los actores Richard Linklater ha optado por la vía fácil. Durante la infancia de Ellar Coltrane -el protagonista al que vemos crecer en pantalla- se ha aprovechado de esa espontaneidad que tienen todos los niños, para los que interpretar es solo un juego del que no son conscientes. Cuando es adolescente más de lo mismo: la alarmante falta de expresividad y talento del chaval le ha venido de perlas a la hora de reflejar esa mezcla de timidez y perplejidad que caracteriza la pavera. La dirección de actores y las posibilidades de Ellar Coltrane de llegar a ser un buen actores son nulas. La prueba es que ni siquiera le han nominado al Oscar. Con el resto del reparto más de lo mismo: Ethan Hawke se limita a interpretarse a sí mismo (que es lo que lleva haciendo toda la vida) y a Patricia Arquette nos la creemos porque lleva tiempo desaparecida en combate y es casi una desconocida. Para rematar Linklater hace ‘un Coppola’ y mete a su hija en la película, que rivaliza con Sofia Coppola en El Padrino III por el premio a la interpretación más penosa de todos los tiempos.

¿Dónde está el estilo?

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Frente al deslumbrante falso plano secuencia de dos horas de Birdman o el juguetón cómic color pastel de El gran Hotel Budapest, Boyhood es una película carente de estilo. Su puesta en escena es tan imaginativa como la de un telefilme de sobremesa de Antena 3 y todo parece rodado siguiendo los consejos de un manual tipo Cómo hacer vídeos domésticos para Dummies. El director de experimentos técnicos y visuales tan estimulantes como Una mirada a la oscuridad hace gala de una pereza visual alarmante. Incluso los prodigiosos planos secuencia de su Trilogía del Amor (Antes del amanecer, del atardecer y del anochecer) contenían mucho más cine y talento que las escenas domésticas de Boyhood.

Tics de cineasta social

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Como buen cineasta alternativo y social, Linklater no puede evitar ciertos tics como el tratar a los personajes más desfavorecidos con cierta condescendencia y presentar algunos tópicos que, en el fondo, no esconden más que falsas verdades. Esto se aprecia en la galería de maridos que colecciona el personaje de Patricia Arquette: que el profesor universitario sea un alcohólico maltratador pero el chico sin estudios ni dinero un corazón puro es sucumbir al populismo. ¿De verdad que la cultura no nos hace más humanos y mejores? Con la madre del chaval ocurre algo parecido: que una choni se convierta en una eminencia universitaria a base de esfuerzo y fuerza de voluntad es un mensaje muy positivo, pero no nos engañemos, es algo que en la vida real no pasa. Y se supone que tu propósito era ceñirte a la realidad. ¿No? Demasiadas contradicciones.

Tus colegas se durmieron

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Llega el domingo y tus amigos proponen ir a ver esa película que dicen que es tan buena y que a los críticos les ha gustado tanto. A la media hora empiezan los arqueos de ceja. A la hora Javi se levanta a por palomitas (ya se ha comido el primer cubo). Y a la hora y media el baile de suspiros y miraditas al reloj no para. Manu se queda dormido. Y tú estas pensando en si a la salida prefieres whopper o big mac. Todo esto evidencia una cosa que nadie se atreve a decir por miedo a ser tachado de cateto: Boyhood puede ser una película muy aburrida. Como no conectes con su sutil sensibilidad y no consigas comulgar con la propuesta sus tres horas se pueden convertir en un castigo y hacerse tan larga como el vídeo del viaje de novios de tu tío (el de los veranos en Gandía).

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