Por qué ‘El gran hotel Budapest’ no debería ganar el Oscar

Nuestra lista de razones por las que el cuento alpino de Wes Anderson no merece cerrar su temporada alta con el máximo reconocimiento de la Academia de Hollywood.

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16 de febrero de 2015

Cada año, en CINEMANÍA damos razones por las que cada película nominada a los Oscar no debería llevarse la preciada estatuilla —así hicimos con El discurso del rey, The Artist, Argo y 12 años de esclavitud—. Comenzamos nuestro ciclo de 2015 con El gran hotel Budapest, una de las mayores favoritas y con 5 estrellas en nuestra crítica, pero que aun así no se libra de que hagamos notar sus faltas en la hoja de evaluación (y los comentarios de la web de reservas) después de nuestra estancia en sus lujosas instalaciones.

A buenas horas, Academia

wesanderson

Wes Anderson lleva siendo uno de los talentos más sólidos del cine estadounidense reciente desde hace dos décadas, con una filmografía en su mayor parte impecable (cuando lo más flojo que has firmado es Viaje a Darjeeling puedes estar muy tranquilo) y un estilo propio tan sólido que hace inmediatamente reconocible cualquiera de sus fotogramas. El gran hotel Budapest es su octavo largometraje y no marca ningún cambio ni distancia esencial respecto a los anteriores, ¿de verdad no ha merecido el reconocimiento del Oscar hasta ahora? Se lo negaron como guionista por las superiores Los Tenenbaums. Una familia de genios y Moonrise Kingdom, ni siquiera le dieron el de animación a Fantástico Sr. Fox y ahora que consigue un (moderado) éxito de taquilla lo colman a nominaciones y galardones de los gremios. En vez de resaltar a nuevos talentos como Ava DuVernay, ahí tenemos a la Academia demostrando una vez más que está a la última, sí.

 

Otro cuento de nostalgia pastel

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El problema de los cineastas con un estilo tan marcado como el de Anderson es que si no sienten la necesidad de renovarse o buscar nuevos retos sus formas pueden quedar gastadas y hacerse repetitivas. En El gran hotel Budapest esto sucede hasta el paroxismo de modo que, en varias ocasiones, dudamos si estamos viendo de verdad una película de Wes Anderson o una de las numerosas parodias que pueblan YouTube. Fantástico Sr. Fox sí aportó la frescura de la animación al chisposo universo del director, Moonrise Kingdom fue una bella miniatura sentimental sobre el primer amor… ¿Qué hace en su última película aparte de repetirse? Está poblada de personajes y situaciones intercambiables con su filmografía anterior y no es que nos importe, pero hasta unos entusiastas de los courtesan au chocolat de Mendl’s acabaríamos hartos de su intensa dulzura después de un atracón de varias cajas.

 

Sin habitaciones por overbooking

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Como un cuento con forma de muñecas rusas vistas a través de un juego de imágenes con distinta relación de aspecto, las tribulaciones del conserje M. Gustave (Ralph Fiennes) y el botones Zero Moustafa (Tony Revolori) en la Europa de entreguerras terminan siendo un homenaje al arte de la narración y la transmisión de historias. Tan loable propósito sirve para justificar el ramillete de secuencias no ambientadas en 1932 que tanto retrasan el auténtico comienzo del filme, pero termina ahogado en la sobrecarga de subtramas y personajes que Anderson cuelga de la historia principal, todos con sus características caprichosas de rigor (como quien escribe guiones jugando a los dados) y un desfile de intérpretes famosos más categorizables como cameo de estrella invitada que como reparto. ¿Por qué desaprovechar a gente como Tilda Swinton, Mathieu Amalric o Léa Seydoux con apariciones que duran poco más que un parpadeo? De Harvey Keitel no decimos nada porque lo peta en todos los malditos sentidos.

 

Juego de niños

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A nadie le extraña que Anderson pretenda abrir un parque de atracciones, dado el componente de casita de muñecas que suelen tener sus películas. Un aspecto en el que El gran hotel Budapest se lleva la palma, con su propio país ficticio en medio de los Alpes, la República de Zubrowka, y un recoleto hotel de ensueño al que sólo se puede llegar por funicular. Y oye, ya que estamos en un mundo hecho a medida por el director, ¿no podría haberse currado un poco más a las chicas? A pesar de contar con personajes femeninos relevantes y matizados como Rosemary Cross, Margot Tenenbaum, Mrs. Fox o Suzy Bishop en sus películas anteriores, aquí poco se puede decir de Agatha (Saoirse Ronan) más allá de su marca de nacimiento con la forma de México. El propio cineasta ha reconocido que los personajes femeninos siguen siendo su gran asignatura pendiente. Me encantaría escribir un buen papel protagonista para una mujer, pero [aún] tengo que ver si soy capaz de hacerlo”, ha declarado.

 

¿Y qué pasa con Ralph Fiennes?

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Que de las nueve nominaciones con las que acude El gran hotel Budapest a la gala del próximo domingo ninguna tenga en cuenta el papel de Ralph Fiennes como el torbellino M. Gustave hace que cualquier hipotética victoria de la película quede en evidencia. Ya sabemos lo poco que le gusta a la Academia premiar actuaciones cómicas, pero teniendo en cuenta que el actor británico ha sido nominado en dos ocasiones (La lista de Schindler y El paciente inglés) sin llegar a conseguir la estatuilla, es clamoroso que no se le haya tenido siquiera en cuenta cuando ha compuesto un personaje memorable, de gestos inauditos y con un tempo humorístico muy preciso. En suma, todo lo que debería tener una interpretación digna de reconocimiento, ¿no?

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