‘Perdiendo el norte’: ¿El ‘Ocho apellidos vascos’ de 2015?

La película de Nacho G. Velilla se sitúa en los primeros puestos de las listas de recaudación. ¿Estamos en un nuevo año de éxitos para la industria española?

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24 de marzo de 2015

Las cifras son inferiores (por ahora), pero, en esencia, la historia es similar: Perdiendo el nortela comedia de Nacho G. Velilla con Javier Cámara, Yon González, Blanca Suárez Carmen Machi, es ya el líder de taquilla del cine español para el primer tercio de 2015, con más de 5,2 millones de euros acumulados durante sus tres semanas en cartelera. Como hablamos de de una comedia costumbrista, con presupuesto mediano y cuyo guión aborda un tema de actualidad (en este caso, la emigración forzosa de muchos jóvenes españoles que huyen de la crisis), las comparaciones con Ocho apellidos vascos resultan inevitables.

Aun así, remitiéndonos a las recaudaciones, la diferencia se hace patente: aunque Perdiendo el norte presente cifras más que dignas, que además se han incrementado desde su llegada a pantalla grande el 6 de marzo, el filme de Emilio Martínez Lázaro se había hecho ya con la friolera de 20,8 millones de euros tras el mismo período en los cines. En todo caso, estamos ante algo que no se ve todos los días: una película española que se instala confortablemente en los primeros puestos del ranking de taquilla, compitiendo de igual a igual con las producciones de Hollywood y aportando esperanza a una industria en perpetua crisis. ¿Está consolidándose el atractivo del cine español entre los espectadores? En CINEMANÍA queremos saberlo, así que nos hemos puesto al habla con tres expertos que salen mucho del tema.

“A mí, Perdiendo el norte no me gustó, y no creo que la película vaya a igualar las cifras de Ocho apellidos vascos”, explica Javier Ocaña. Crítico de El País y profesor de la Universidad Complutense, Ocaña encuentra muchos defectos en la cinta de Nacho Velilla (“Vislumbra un problema de la juventud española, es cierto, pero lo hace sin clarividencia y sin crítica”) y señala que, al igual que el blockbuster nacional de 2014, ésta viene impulsada por un gran grupo mediático. “Aquí, lo que importa es la maquinaria: antes era la de Telecinco Cinema [productora de Ocho apellidos…] y ahora es la de Atresmedia”, recuerda nuestro experto, antes de indicar que su opinión sobre la obra de arte y su opinión sobre el fenómeno comercial no tienen por qué coincidir: “Como crítico, puedo escribir una crítica negativa, pero como miembro de la comunidad del cine español, puedo pensar que estamos ante un fenómeno valioso”.

 La opinión de Oti Rodríguez Marchante, crítico del diario ABC, es más positiva: “El éxito de Perdiendo el norte es curioso, pero, por otra parte, es comprensible: es una de esas películas ligeras, que ni destacan por su inventiva ni tienen pretensiones, pero sí tienen frescura”. Al igual que Javier Ocaña, Rodríguez Marchante considera que, como fenómeno industrial, la película sólo trae buenas noticias. Siguiendo la misma línea de razonamiento, David Bernal (Yahoo! Cine) considera al filme como parte de “un pequeño boom de la comedia española que ha surgido a raíz de Ocho apellidos…”. “Una de las razones de estos éxitos”, prosigue Bernal, “es que la conexión de los directores con las demandas del público es mayor: se han dado cuenta de que una película que te da buen rollo, y que conecta con temas de actualidad, puede recaudar mucho dinero gracias al ‘boca-oreja”. Algo que, además se refuerza con dos estrategias aprendidas de las producciones para televisión: “La primera es el multitarget, ese enfoque mediante el cual las películas se proyectan para que todos se identifiquen con ellas, desde tu abuelo hasta tu hermano pequeño. Y, la segunda, la presencia de caras conocidas: esta película tiene muchas, empezando por Javier Cámara y Carmen Machi”.

Sobre Perdiendo el norte y las razones de su éxito puede hablarse mucho, al igual que ya se habló sobre Ocho apellidos vascosPero lo que más nos importa es si el filme de Velilla es el síntoma de algo muy, muy bueno. Porque, como sabemos, el cine español suele depender de grandes estrenos (ya se titulen estos Torrente, Lo imposible) que cuadren sus cuentas anuales. Y, si ese tipo de estrenos no tienen lugar, el resultado son unas cuentas anuales frente a las que toda la industria se tira de los pelos. El hecho de que, a estas alturas del año, contemos con un nuevo blockbuster nacional que ni pertenece a una franquicia ni imita modelos hollywoodienses, ¿es buena señal? Javier Ocaña cree que sí: “El año pasado tuvimos Ocho apellidos, El niño La isla mínimaademás de Torrente 5. En 2015 esperamos varios estrenos potentes, como Regresión, de Alejandro Amenábar, así que el resultado final puede ser muy positivo”.

Oti Rodríguez Marchante ofrece un juicio similar, pero con matices: “Lo veo como algo sano”, nos dice. “Lo que no tengo claro es qué tipo de películas van a seguir produciéndose con referentes así”. Y David Bernal, por su parte, prefiere ver la cuestión desde otro ángulo: “Hasta ahora, el cine español elaboraba, o bien dramas sociales de intención ‘festivalera’, o películas protagonizadas por artistas de clase alta que vivían en lofts y se daban la vida padre”, comenta socarronamente. “Estos estrenos me gustan, porque con ellos parece que la oferta de la producción nacional se diversifica”, prosigue Bernal, advirtiendo que no puede medirse a todas las películas españolas por el mismo rasero: “El niño no trataba de hacerse pasar por una superproducción de Hollywood, pero aun así seguía un modelo de película de acción, muy americano”.

En todo caso, la mayor esperanza no es sólo puntual. Porque, si la industria española del cine lograra afianzarse, podríamos vislumbrar un porvenir en el que nuestra situación no se diferenciara tanto de la de Francia, por ejemplo. Es bien sabido que, además de ser la patria del ‘cine de autor’, el país vecino también produce mucho cine ‘comercial’, bien hecho y orientado al mercado interno. Gracias a estas películas (algunas de las cuales, como Intocable Bienvenidos al norte, llegan al éxito fuera de sus fronteras) la industria francesa del cine puede mantener a sus profesionales, y contar con una infraestructura sólida. “Yo no me lo creo”, sentencia David Bernal cuando le planteamos esta pregunta. “Y, ¿sabes por qué no me lo creo? Porque eso es algo que no depende sólo del público o de los creadores, sino de la política: con un 21% de IVA, y con un panorama en el que las políticas de protección al cine brillan por su ausencia, el cine español sigue dependiendo de que un grupo de películas funcione bien”.

Javier Ocaña, por su parte, aborda el tema con más optimismo: “¿Qué hace falta para que España adopte el modelo francés? Pues que los buenos resultados no lleguen un año de cada seis. Necesitamos una cuota de pantalla constante del 17 o el 18 por ciento, y que en esa cuota haya productos de calidad”. Es decir, “que siga habiendo blockbusters nacionales, pero que las películas minoritarias también recauden más: a Magical Girl, que me parece un peliculón, no puedo pedirle que recaude millonadas, pero sí que llegue a los 200.000 espectadores”. Y, ¿qué opina Oti Rodríguez Marchante? “La idea de que el cine español se consolide en taquilla me parece bien, pero no sé si tenemos base industrial para establecer algo sólido con sólo dos o tres éxitos”, aporta el crítico de ABC. Y prosigue: “Tras el mal rollo que ha traido la crisis, es normal que la gente vaya a ver comedias: es una cuestión coyuntural”. 

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