‘Mi vecino Totoro’, el animal que siempre estuvo ahí

Treinta años después de su estreno original, 'Mi vecino Totoro' llega por primera vez a las salas españolas. Y nosotros te explicamos por qué esto es todo un acontecimiento.

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04 de enero de 2019

Totoro es uno de los personajes de ficción más queridos de nuestro tiempo. Tanto o más conocido que Mickey Mouse en su Japón natal, en el resto del mundo, este indescriptible animal es lo suficientemente conocido como para adornarlo todo. Carteras, carteles, bolsos, cuadernos, figuras. Todo el merchandising y la papelería que cabe imaginar tiene, al menos, una pieza con su distintiva silueta impresa. Si es que no con su sonrisa. Y así y con todo, el personaje sigue siendo un misterio. No sabemos que se esconde detrás de su aspecto enorme y blandito. Incluso si cumple ahora treinta años su película: Mi vecino Totoro.

 Estrenada en 1988 en Japón, dirigida y escrita por Hayao Miyazaki y producida por Toru Hara, Mi vecino Totoro nos narra la historia de dos hermanas, Satsuki y Mei, que conocen por accidente a un extraño animal en el bosque detrás de su casa en el Japón rural de la posguerra mientras su madre está hospitalizada por un grave caso de tuberculosis. Algo que, debido a que las niñas acaban de mudarse a su nueva casa y no conocen a nadie, llevará a ese animal, de nombre Totoro, a cuidar de ellas.

A día de hoy, la película es celebrada y recordada como un hito de la animación. Pero la verdad es que, en el momento de su estreno, su distribución fuera de tierras niponas fue, como mínimo, abrupta.

Primero hubo la pretensión de no estrenarla siquiera fuera de su país natal. Si bien las anteriores películas del estudio habían funcionado bien, especialmente Nausicaä del valle del viento, Totoro no generó un especial interés ni siquiera cuando se convirtió en un éxito en el país. De ese modo no sería hasta 1989 que Streamline Pictures se atreviera a hacer una versión doblada de la película, estrenándola en exclusiva en sus vuelos transpacíficos de Japan Airlines. Es decir, limitando su exhibición a quienes creían que ya estarían interesados de antemano ante algo japonés: quienes van o vuelven del país.

De ese modo, no sería hasta que en 1993 una empresa subsidiaria de Troma Films, 50th St. Films, cogerían ese mismo doblaje y lo estrenarían en salas estadounidenses, llevándolos al éxito esperado: se convirtió, también en occidente, en un éxito de culto instantáneo. Y de ahí, le siguieron el resto de países.

Aunque no España.

Para que nosotros pudiéramos ver Mi vecino Totoro oficialmente tuvimos que esperar hasta que se estrenó en el ahora difunto Canal+ por parte de Aurum, sin siquiera llegar a pasar por las salas de cine. Un desfase que los fans del anime en general y de Studio Ghibli en particular siempre han lamentado.

En cualquier caso, el éxito de la película se puede numerar. Y son buenos números. Habiendo hecho 26 millones de dolares en taquilla, las ventas de la película en formato doméstico superan los 260 millones y el de merchandising asciende hasta superar los 1.140 millones. Cifras mareantes, más propias de una super-potencia como Disney que de una productora que, con todo su prestigio, no tiene el músculo financiero de los americanos. ¿Y a qué se debe semejante éxito? Pues en parte a la indiscutible calidad de la película, pero especialmente a lo icónico de su personaje protagonista, el adorable Totoro.

Pero, ¿qué sabemos de Totoro? En realidad, nada.

Si nos ceñimos a lo que nos narra Mi vecino Totoro, no sabemos nada de la criatura. Conocemos su hábitat, el bosque, que parece gustarle la naturaleza, bailar de noche y poco más. No sabemos qué come. De dónde procede. Cuál es su función. Todo lo que conocemos de él es su aspecto, el de un extraño mapache en esteroides, y el hecho de que tenga un nombre, que ni siquiera sabemos si es propio o sólo el que comparte toda su especie. Es decir, a diferencia de Mickey Mouse, que sí tiene una personalidad y unos rasgos distintivos más allá de su icónica cabeza, Totoro es un absoluto misterio.

Eso en realidad es lo que ha propiciado su éxito en términos de merchandising. Totoro es adorable. Totoro es icónico. Totoro es aproblemático. Puedes ponerlo en carteras, carteles, bolsos, cuadernos, figuras, y se le reconoce al instante. Además, no ofende. Nadie se va a sentir atacado por Totoro. Es una forma de llevar a un personaje reconocible, mono e inofensivo, que no es demasiado infantil para que resulte ridículo en manos de un adulto ni tiene ninguna connotación problemática, como si la tiene Mickey.

Porque Totoro, en última instancia, representa a la naturaleza. La forma más gentil, amable y dulce de los bosques, el viento y nuestra relación con cuanto nos rodea.

Totoro es una figura tutelar. Protege a Satsuki y Mei sólo mientras lo necesitan, quedándose aparte, lejos, vigilante, pero no intrusivo, cuando ya consiguen hacer amigos en el pueblo. Por eso es una figura tan significativa. Es como un amigo, como un hermano mayor, como un perro. Alguien que se preocupa y está ahí, pero no presiona. Sólo cuida haciéndose invisible, como si no estuviera allí, como si te encontrara por accidente. Porque en última instancia, Mi vecino Totoro es una película sobre cuidar a los demás. Cómo todas las personas necesitamos en determinados momentos que los demás se ocupen de nosotros, dejándonos el espacio suficiente como para que podamos decidir cómo queremos que eso ocurra.

Pero eso no ha impedido que haya muchas leyendas urbanas alrededor del personaje. Que es un espíritu. Que es un ángel de la muerte. Que es un dios de la naturaleza. Hay muchas ideas, más o menos locas, sobre cuál es el papel de Totoro. Pero lo que sabemos es lo que dice con certeza su creador, Hayao Miyazaki: Totoro es un animal. No un espíritu. No un dios. Sólo un animal grande, orondo y raro, no existente en nuestro mundo, pero sólo un animal llamado Totoro.

Ese es su encanto. No estar circunscrito a nada, a ninguna idea concreta. Que todas esas ideas quepan dentro de él. Sea sólo un animal o algo más, Totoro es una figura protectora con la que es fácil empatizar. No hace falta vivir grandes aventuras para conocerlo. Sólo tenemos que salir al jardín y ahí estará él, en el bosque, mirándonos desde los árboles hasta que lo necesitemos.

A fin de cuentas, la fantasía es aquello que buscamos cuando nos sentimos solos y desvalidos. Cuando necesitamos alguien a nuestro lado que nos apoye. Y en ese sentido, Totoro es la criatura que más y mejor ha sabido encapsular nuestros anhelos de alguien que nos proteja y nos cuide de los últimos treinta años.

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