Lauren Bacall: la mirada del cine negro

En el aniversario de la muerte de Lauren Bacall, recordamos la vida y carrera de la actriz que, sin sentirse nunca una estrella, tenía una de las miradas más fascinantes del cine.

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12 de agosto de 2018

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  • Con la muerte de Lauren Bacall, el mundo asistió a la desaparición de una de las últimas grandes estrellas supervivientes del sistema de estudios hollywoodiense. Una actriz cautivadora de voz ronca y con una mirada penetrante que le valió el apodo de The Look (La mirada).

    Betty Joan Perske a.k.a Lauren Bacall creció en Nueva York, en el seno de una familia judía de clase media, y era una niña cuando su padre abandonó a la familia. Aunque tuvo una formación modesta como actriz, su impresionante belleza y su fotogénico rostro le abrieron puertas en el mundo de la moda.

    Así pues, Bacall era una esbelta modelo de dieciocho años en Nueva York cuando su rostro apareció en la portada de Harper’s Bazaar en 1943. Fue ahí donde la esposa del veterano director Howard Hawks la vio y la razón por la que este decidió que la convertiría en una estrella de Hollywood. Hawks pensó que la joven debía mantener su look felino, pero odiaba su voz aguda, por lo que le pidió que intentase cambiarla. También le buscó su nombre artístico, le hizo un contrato de siete años y la entrenó en técnicas de actuación cinematográfica, esperando el material adecuado para presentarla al público.

    Lo primero que le ofreció a la jovencísima y sensual Bacall fue un papel en su adaptación de la novela de Ernest Hemingway Tener y no tener (1944), un melodrama romántico ambientado en una isla caribeña durante la Segunda Guerra Mundial, donde Bacall da vida a una insolente, misteriosa y sexy ladrona. La actriz, que entonces tenía 19 años, compartió plató con el apuesto (y bebedor empedernido) Humphrey Bogart, del que se enamoró dentro y fuera de la pantalla.

    No en vano, la química que ambos derrochan en cada secuencia de esa cinta traspasó la pantalla y se tradujo poco después en una boda en la vida real. Cabe señalar que en el momento del rodaje, Bogart estaba casado, lo que frustró en un principio las intenciones de la actriz —que contó que en un primer momento no lo encontró demasiado atractivo—. Por suerte para ella, el actor tardó poco en aceptar que su matrimonio con la también actriz Mayo Methot era insalvable, y en declararle su amor a la neoyorquina. La pareja se casó en mayo de 1945 en Malabar Farm State Park (Ohio), hogar del escritor Louis Bromfield —amigo íntimo de Bogart—. El galán tenía 45 años; Bacall, 20.

    El inmortal debut cinematográfico de la actriz le sirvió para convertirse rápidamente en una estrella del cine negro de los años cuarenta. Esa cinta supuso además la primera de las más de 40 películas que rodó Bacall. Una carrera cinematográfica presidida por los altibajos, con unos cuantos éxitos de taquilla (y crítica) y largos períodos de inactividad.

    Aunque la Academia de Hollywood le otorgó un Oscar honorífico en 2009 “en reconocimiento a su lugar central en la edad de oro del cine”, Bacall no fue nominada al Oscar por alguno de sus papeles hasta 1997. En esa ocasión, recibiría una nominación a mejor actriz de reparto por su trabajo de madre irremediablemente narcisista de Barbra Streisand en la comedia romántica El amor tiene dos caras. Y, aunque sí ganó el Globo de Oro, la francesa Juliette Binoche logró arrebatarle el premio de la Academia (gracias a su trabajo en El paciente inglés).

    También ganó dos premios Tony por su carrera teatral. Galardones que le fueron otorgados por papeles como el de actriz envejecida amenazada por un advenedizo ambicioso, representado en Applause (1970) versión teatral de la película de Bette Davis Eva al desnudo. O ese otro donde se mete en la piel de una poderosa periodista en Woman of the Year (1981). Lo cierto es que ambos premios le ayudaron a convertirse en una respetada actriz.

    La artista siempre fue una adelantada a su tiempo, pero quienes la conocieron saben que detrás de su sinuoso físico y su imagen de femme fatale se escondía una mujer bastante vulnerable e insegura. Su relación con la prensa fue cordial, aunque siempre se mostró sorprendida (y a veces superada, especialmente en sus últimos años) por la fascinación y el interés que despertaba entre el público su romance con Bogart, a pesar de que en más de una ocasión aseguró que su matrimonio de 12 años fue el período más feliz de su vida (etapa que finalizó cuando el actor falleció debido a un cáncer de esófago). Cuando el actor recibió el diagnóstico, Bacall redujo las actividades sociales de la pareja y optó por pasar casi todo su tiempo cuidando de él. La muerte del intérprete, en 1957, le hizo sufrir depresión y, durante años, fue considerada la viuda de Hollywood.

    Bacall, contaba que prefería trabajar en comedias, y dio buena cuenta de ello en cintas como el musical Cómo casarse con un millonario (1953), donde junto a Marilyn Monroe y Betty Grable se emplea a fondo en la búsqueda de un marido adinerado. O en la aplaudida Mi desconfiada esposa (1957), donde interpreta a una diseñadora de moda de éxito.

    Sin embargo, su carrera perdió bastante fuelle durante los años cincuenta. En gran parte, por su deseo de dedicar más tiempo y energía a su vida personal. Después de perder el Oscar en 1996, Bacall confesó en una entrevista que “el teléfono dejó de sonar, lo que demuestra que este es un negocio voluble. Es una de las razones por las que sigo trabajando, porque sé lo que es no trabajar”.

    Además, siempre se mostró orgullosa de su faceta de madre y esposa. Y también, por qué no decirlo, de ‘lobatera’ del autobautizado Rat Pack de Hollywood una especie de sociedad secreta integrada por un grupo de actores y músicos de la escena de Hollywood y Las Vegas (como Bogart, Frank Sinatra o Judy Garland) que solían reunirse, beber, compartir confidencias y hasta trabajar juntos—. Después del fallecimiento de Bogart, Bacall se comprometió con Frank Sinatra y tuvo un matrimonio turbulento con el actor Jason Robards Jr. (que fue con quien tuvo a su tercer hijo).

    La actriz confesó en una de sus biografías que el apodo relativo a su expresión facial no era más que una reacción por el miedo que sentía al principio a ponerse frente a la cámara. “Para el final de la tercera o cuarta toma [de la película Tener y no tener], me di cuenta de que una manera de mantener tranquila mi temblorosa cabeza estaba en mantenerla baja, con la barbilla baja casi hasta el pecho, y con los ojos hacia Bogart. Eso funcionó, y resultó ser el comienzo de aquello de ‘The Look’”, contó.

    Por otro lado, fue una mujer comprometida y siempre sintió atracción por la política liberal. No en vano, se acercó a una serie de líderes demócratas y, en 1947, llegó a volar con Bogart a Washington como parte de un grupo de actores y directores que protestaban contra el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara y su investigación sobre la supuesta subversión comunista en Hollywood.

    Además, sus declaraciones dejaron entrever en más de una ocasión que Hollywood no estaba hecho para ella. “He vivido años salvajes, esos tiempos en Los Ángeles cuando asistías a fiestas y veías que la línea visual de la gente desaparecía en algún lugar sobre tu hombro, que fue una de las razones por las que me fui de la ciudad. También en Hollywood fue más difícil para mí ser yo misma que ser la esposa de Bogie. Nunca te dejan olvidarlo”, confesó en su día la que durante años vivió en el conocido edificio Dakota de Nueva York.

    Como antes mencionamos, la intérprete decidió plasmar parte de su vida y reflexiones en dos libros de memorias. El primero de ellos, Lauren Bacall: By Myself, le valió en 1980 un National Book Award. En la segunda parte, titulada Now, habló de lo poco que le importaba la consideración de leyenda del cine. “Ese es un título y una categoría por el que siento menos que afecto. ¿No están muertas las leyendas?”, señalaba en sus páginas.

    La actriz neoyorquina murió por un derrame cerebral el 12 de agosto de 2014 en su ciudad natal, a escasas semanas de su noventa cumpleaños.

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