‘La amenaza fantasma’ es la película importante de Star Wars

20 años después de su estreno en España sigue siendo vilipendiada y sin embargo el tiempo la ha dado el título de hito generacional (incluso fundacional)

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01 de septiembre de 2019

Era el final del verano de 1999 cuando se estrenó en España Star Wars Episodio 1: La amenaza fantasma. Las piscinas comunitarias que habían empezado a aflorar durante los felices años 90, en un boom inmobiliario marcado por las urbanizaciones del extrarradio, eran el lugar donde niños, adolescentes y jóvenes pasaban las horas muertas agotando los últimos días de libertad, romances, descubrimientos y nuevos amigos. Era el verano de los que no nos íbamos fuera de la ciudad, el verano de los que nos quedábamos en la piscina o en la calle todo el santo día. Y qué maravilla de veranos, la verdad. 

El día 20 de agosto del verano de 1999 iba a marcar para siempre la vida de una generación entera, la que había nacido entre mediados y finales de los 80 y eran demasiado jóvenes para haber vivido aquel fenómeno que era la guerra de las galaxias, tenían unos padres a los que no les interesaba en absoluto toda aquella mandanga, y, por lo que sea, nunca les llegó a sus manos una copia de VHS de la santa trilogía. O quizá sí, pero con 10 años y sin el guía adecuado para iniciarte en tan vasta mitología, Ben Kenobi no resulta tan impresionante.

O sea, que ese viernes de finales de agosto donde los días comenzaban a ser más cortos una generación de niños que no sabían exactamente qué significaba la palabra Jedi se metieron a ver La amenaza fantasma. Cada uno tendrá su propia historia de aquel día. En mi caso fui guiado por el socorrista de la piscina de mi urbanización, se llamaba David, tenía el pelo castaño y largo, llevaba gafas y tenía una mirada bonachona, se movía con ímpetu y por supuesto era un auténtico fan de Star Wars. MUY FAN. Durante todo el verano me habló de las películas y las vi sin demasiado interés, no cambiaron en absoluto mi vida. Me gustó Han Solo, poco más. Y así me metí un sábado en el multicines con el resto de preadolescentes que habíamos aguantado las charlas de David todo ese verano. 

Y comenzó la película. Antes de que siquiera llegara la acción todos nos dimos cuenta de que David era igual que Qui Gon Jinn, flipamos bastante. Y tras esa primera secuencia donde los dos Jedi caen en la trampa de la Federación de comercio, cuando vimos cómo derretían una puerta de acero con el sable láser o cuando les vimos utilizar la fuerza por primera vez empujando a esos droides enclenques, mis amigos y yo ya estábamos rendidos al fenómeno. Daba igual todo lo que viniese después, amaríamos todas las películas de Star Wars, las antiguas y las que estuvieran por venir… Aunque fueran la misma repetida. 

¿POR QUÉ EL EIPISODIO 1 ES UNA GRAN PELÍCULA?

Todo comienza con un alien cuyo acento es una clara imitación del japonés. El periodista Justin Charity ha dado con la clave:

Los alienígenas de un consorcio conocido como la Federación de Comercio lanzan un bloqueo sobre Naboo, un planeta rico que planean invadir. El Senado Galáctico envía a los dos Jedi para mediar en la disputa. Estos acentos simulando el japonés, me hacen pensar en la invasión japonesa de Manchuria en septiembre de 1931 cuando el ejército de Kwantung simuló un ataque nacionalista chino en un ferrocarril  japonés para engañar a la Liga de las Naciones sobre su posterior invasión del continente chino. En La amenaza fantasma la Federación de Comercio engaña al Senado Galáctico de la misma forma para ocultar la invasión de Naboo.

George Lucas comienza la película con dos Jedi tomando té en una sala de espera. Lucas, que es malísimo dirigiendo, es, sin embargo, un genio entendiendo el arte cinematográfico. Críticos, compañeros de generación y amantes del nuevo Hollywood le miran con condescendencia, le definen como un empresario que vende merchandising pero George Lucas revolucionó el arte de hacer cine, nos enseñó cómo hacer películas y cómo verlas. Charity concluye así su exposición sobre la trama de La amenaza fantasma:

George Lucas está convirtiendo una atrocidad del siglo XX en una película sobre aranceles intergalácticos. Después convierte la películas sobre aranceles intergalácticos en una película sobre romance entre menores de edad con trovadores y deportes de motor. Es perfecto para George Lucas.

Y detrás de este argumento, mucho más adulto y mucho más complejo que cualquier línea argumental de los episodios IV, V y VI, está el verdadero motivo de que existan estas películas: contar la creación de uno de los iconos pop más reconocidos de la historia, Darth Vader. Lucas elige definir la infancia de su personaje sin demasiados dramas, un niño listo, amable, tierno, risueño y completamente libre que piensa, dice y hace lo que le da la gana. Quizá, más tarde y con el malogrado y convertido en paria (al igual que el propio Lucas) Hayden Christensen, se estropeó la mitología que había detrás de este villano, pero su papel en La Amenaza Fantasma, con el rostro del jovencito Jake Lloyd, es perfecto.

Pero primero vamos a lo importante… Jar Jar Binks. La figura más odiada de las precuelas y sobre todo de esta película, donde es clave para el argumento. Los fans odiaron a Jar Jar Binks hasta un punto enfermizo, pusieron en su personaje todo el resquemor de una espera insatisfecha. Claro, 16 años saciando sus ganas de más con varias remasterizaciones y una reedición tras otra en dvd con nuevos efectos especiales (peores que los originales) y escenas nuevas y también vergonzosas acabaron por volverse intolerables a cualquier tipo de cambio. Y encima fue él, el hacedor, el propio Lucas quien les tiraba a la cara un personaje infantiloide y bobalicón fuera de todos los tonos posibles que había tenido la trilogía original. 

Pero la verdad es que al público virgen nos encantó. Nos hizo reír y disfrutar como niños (lo que éramos) en toda la parte Gungan. Jar Jar Binks no era otra cosa que Buster Keaton con la lengua muy larga. 

El cine mudo sigue siendo el cine primigenio, el que no necesita diálogos, el de la pantomima exquisita. Jar Jar Binks es un pedazo perfecto del origen de este arte y a la película le queda estupendamente. 

La teatralidad exagerada con la que Lucas quiso inundar cada diálogo de esta precuela es al mismo tiempo lo mejor y lo peor. Es lo peor cuando en su intención de convertir a los Jedi en seres sin alma, tan blancos, tan puros y tan cerca de la luz que no sienten hay diálogos en los que el maestro Windu y Yoda dialogan sobre cosas importantes como si fueran robots. Pero es lo mejor porque la película está repleta de frases memorables recogidas en diálogos sencillos que al ser recitados con tanta floritura es imposible olvidar:

Una obsesión de Lucas era mostrar el rico universo que había crecido en su cabeza, las decenas de planetas exóticos que conviven en esta galaxia dominada por la fuerza se muestra aquí en todo su esplendor gracias a los benditos cromas verde que le dieron al director la oportunidad de dibujar infinitos hábitats, criaturas y arquitecturas. Una delicia que contrasta radicalmente con la precariedad de escenarios de las anteriores. 

Otra de las cosas que mejoraron la experiencia del espectador es la danza de sables. En las primeras películas eran hippies luchando como caballeros medievales, en esta nueva trilogía los jedis y los sith son monjes moviéndose como ninjas y usando sus sables en una coreografía frenética. Y por supuesto, nunca se me olvidará la primera vez que vi el sable doble de Darth Maul… El escalofrío que me recorrió por la espalda. 

Los fans más retrógrados volvieron a meterse con este (a todas luces) avance de la mitología de Star Wars. Las peleas iban al ritmo que debían ir y a punto de inaugurar los 2000 Lucas influyó en las películas de ciencia ficción venideras, y, sin embargo, hubo voces cabreadas que pidieron más diálogo durante las batallas y menos saltos… ¿Quién demonios necesita escuchar a Darth Maul? ¡Con ver su cara es suficiente! 

Y por supuesto lo que nos hizo FLIPAR DE VERDAD fue la carrera de vainas. El hallazgo de esta película. Una escena, nada más, fue suficiente para que la nueva generación de fans que estaba en proceso embrionario se obsesionara de verdad, se volviese loca con esos cacharros de motores asombrosos que flotaban y que… Nunca. Habíamos. Visto. Antes. 

Hubo videojuegos, hubo figuras de acción, hubo cartas, la fiebre duró lo que tardó en llegar el episodio II y fue maravilloso. 20 años después sigue siendo el pasaje favorito de muchos y no ha perdido ni un ápice de intensidad. De hecho, en ocasiones cuando lo vuelvo a ver aún pienso que puede ganar Sebulba… 

La cinta termina igual que el Episodio IV y que el Episodo VI, con un héroe inesperado destruyendo la base de los malos, solo que esta vez las naves son brillantes de un metal que refleja y un divertido tono amarillo. A los ojos de un niño de 12 años recién cumplidos eran los más bonito del mundo. 

LA FUNDACIÓN DE UNA NUEVA MITOLOGÍA

La amenaza fantasma es una película con muchos peros. Sus actores no están bien, es ñoña, los cambios de ritmo o de tono son agotadores… Y sin embargo consiguió algo importantísimo. Consiguió fundar de nuevo una mitología cinematográfica para que los espectadores pudieran abrirse a todo un abanico inmenso de posibilidades artísticas y narrativas. Comics que son obras de arte, videojuegos que están por encima de lo que ha escrito nunca George Lucas, series de animación con personajes que expanden y enriquecen este universo infinito que dentro de unos meses cerrará, para siempre, la historia del apellido Skywalker. 

Y para  los de la generación que fuimos bautizados por Qui Gon Jinn sería un precioso regalo que volvieran a aparecer los midiclorianos. 

P.D.: A David, mi socorrista, le encantó La Amenaza Fantasma

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