Géza Röhrig: “Hay que huir de la versión Disney sobre el Holocausto”

Entrevista al protagonista de 'El hijo de Saul', gran favorita al Oscar a la película extranjera: un fan de Unamuno que encuentra vínculos entre el horror del pasado y la actualidad

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15 de enero de 2016

Extraña mezcla entre neoyorkino progre y hombre religioso (es judío jasídico) que alterna hablares pausados y convicciones profundas, Géza Röhrig (Budapest, 1967) es el protagonista de una de las mejores, qué digo mejores: una de las más imponentes películas de los últimos tiempos, la candidata favorita a llevarse el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2016. El hijo de Saúl, Gran Premio del Jurado en Cannes, reciente Globo de Oro [ver crítica], una durísima y novedosa mirada (desenfocada) hacia el horror en Auschwitz, supone prácticamente el debut en la interpretación cinematográfica de este profesor, poeta y activista hebraico que vive en EE UU y está encantado de visitar Madrid, tierra de su ídolo literario, Miguel de Unamuno. No elude preguntas sobre la actualidad, tiene ganas de visitar el Vicente Calderón para un partido de Copa entre Atlético y Rayo, comparte con el entrevistador su pasión por la película húngara Ket félido a pokolban (Zoltan Fabri, 1962, un curioso antecedente de Evasión o victoria) y analiza con precisión de intelectual comprometido la figura de los sonderkommando, aquellos judíos encargados por los nazis de entre los prisioneros judíos de los campos de las tareas que nadie quería hacer. Su interpretación de Saúl, el personaje al que el director Laszlo Nemes coloca una cámara en la nuca mientras asistimos a su intento desesperado de buscar un rabino para enterrar a un niño que ha sacado de la cámara de gas, no se parece a nada que hayamos visto antes.

¿Cómo lleva la promoción de la película alguien que no está acostumbrado a esto? No eres lo que se dice una estrella del cine…

No, gracias a Dios. No quiero serlo una estrella, sólo quiero su dinero [risas].

 

¿Esperabas este éxito de El hijo de Saúl?

Cuando uno hace una película siempre espera tener éxito, pero esta película ha tenido un éxito más allá de nuestras expectativas más optimistas. Fue un gran éxito en Cannes para un director y un actor debutantes, y ahora con el Globo de Oro y la nominación al Oscar, imagínate.

 

¿Cómo llegaste hasta aquí? En realidad tu formación no es actoral, sino que estudiaste dirección de cine.

Es curioso que mis estudios son de cine, y que nunca he estudiado interpretación, mientras que Laszlo [Nemes, el director], no tiene siquiera un título de una escuela de cine: en realidad esta es la película de dos amateurs. Yo no soy actor y el no es director, o eso dicen los diplomas. Pero la explicación es simple: somos amigos. Me mandó el guión, lo leí y le llamé para decirme que era genial.

 

Pero, antes de eso… ¿cómo llegó Laszlo Nemes a la conclusión de que podías ser un buen Saúl?

Él ya tenía un actor, que no era húngaro y pidió demasiado dinero. Ésta es una película de un millón de dólares, de muy bajo presupuesto, y tuvo que buscar alternativas. Se le ocurrió y estuvimos haciendo ensayos y pruebas durante un mes hasta que se decidió.

 

Desde España, un país que no participó en la II Guerra Mundial, vemos el Holocausto con aprensión obvia, pero también con cierta distancia. ¿Cómo es la perspectiva real actual desde Hungría, un país invadido por los nazis, y cuya población fue diezmada en los campos de exterminio?

Antes déjame decir que tenemos todas las razones para que no nos guste Franco, pero al mismo tiempo hay que decir que le gustaban los judíos, o al menos permitió que cruzasen España para salir de aquel infierno. No quería que se quedasen en España por sus acuerdos con los nazis, pero no impidió su escala hacia la libertad. Además está la historia del embajador de España en Budapest durante la guerra: España tenía cuatro casas de acogida en Budapest y logró sacar de allí a muchos judíos que salvaron sus vidas. Respecto al peso del holocausto en Hungría, uno de cada tres muertos en Auschwitz era húngaro, incluido mi abuelo. Conozco la historia desde los 12 años y nunca me ha abandonado desde entonces. Para nuestro país ésta es una historia vergonzante, y lo peor es que todavía hoy en día el segundo partido más votado de Hungría es un grupo de locos que enarbolan el antisemitismo. No hay motivos para ser demasiado optimista ahora mismo.

 

¿Ve algún paralelismo con el tema de la entrada en Europa de refugiados sirios y la negativa de las autoridades húngaras a aceptarlos?

Es un tema lamentable, ciertamente, pero tenemos que priorizar los problemas. No aceptar refugiados en Hungría o en otros países no es el primer problema: el principal problema es que a esos seres humanos no los quieren en su propia tierra. Que Hungría acepte más o menos refugiados no va a arreglar el problema, porque el problema es que miles de sirios han muerto a manos de su gobierno y otros tantos han tenido que huir por la dictadura de Al-Asad.

El segundo problema es que se mata a cristianos y judíos por el hecho de serlo en Madrid, en Londres, en París. Los refugiados sirios gracias a Dios no van a las cámaras de gas en Europa, pero les han arrebatado derecho a vivir en su país y eso es lo que quieren y no se les permite. Aclaremos esto: Hungría es un país pequeño sin ejército que no va a cambiar el problema, el problema de Siria hay que atacarlo de raíz, en Siria: hay demagogia con Hungría porque son las potencias las que tienen que acabar con el problema: China, Rusia, EE UU…

 

No quería desviar el tema hacia la política, pero se lo pregunto porque seguro que conoce el caso de la periodista húngara que agredió a un refugiado y se convirtió en el centro de la atención mediática…

Me sorprendería ver mi opinión publicada sobre este tema. ¿De verdad hay que señalar a Hungría? Mira, estoy de acuerdo contigo en que Hungría debería haber aceptado más refugiados, pero este no es el primer, el segundo ni el tercer problema que hay que resolver. No podemos hablar de Hungría mientras hay un elefante en la habitación. El problema no es Hungría, el problema es Asad, el problema es el Fundamentalismo, el problema es que hay personas que están matando a su propia gente. ¿El problema es Viktor Orbán (primer ministro de Hungría)? ¡Por favor!

 

Volviendo a El hijo de Saúl, la película sin duda muestra el holocausto como nunca lo habíamos visto antes.

Eso es exactamente lo que queríamos hacer. La mayor parte de las películas no hablan del holocausto real, no hacen justicia, son la versión hollywoodiense del holocausto. Hablan de gente que sobrevivió, de una esperanza falsa.

 

Como un parque temático del dolor.

Justo: una versión disneyficada. Son obras muy sentimentales, quieren que llores al verla, y nosotros queríamos evitar eso porque pensamos que llorar te hace sentir mejor falsamente. No es bueno el llanto sino en todo caso lo que queda después de llorar. Hay que huir de eso. Nosotros queríamos hacer algo más duradero, algo que uno lleve consigo días y semanas después de haber visto la película.

 

Y el filme encontró una experiencia formal diferente.

Queríamos ser brutalmente honestos sin hacer una película de terror. Teníamos que crear un nuevo lenguaje cinematográfico que nos permitiese contar honesta y directamente lo que pasó, pero a la vez hacerlo asumible para el espectador. Y ahí es cuando se decidió a dejar la parte más gráfica e inhumana de lo que pasa fuera de foco, y al hacerlo, eso desata la imaginación de una manera muy poderosa. Tú lo vas a descodificar, y no hay nada más intenso porque lo vas a ver con tu alma y no con tus ojos. Es totalmente intencionado no representar el horror frente a ti, queríamos que lo percibieses en lugar de verlo, que tuvieses la experiencia.

 

Por lo que has comentado antes del auge de la extrema derecha de Jobbik (el partido antisemita y antigitano húngaro), entendéis que es un tema con toda la vigencia, que no es algo del pasado…

Por supuesto que es un hecho histórico que queremos que sea recordado. Está fuera de toda regla gasear a 10.000 personas al día y eso sólo en un campo. Es una bestialidad tan grande e infernal que te hace plantear muchas preguntas a la vez: ¿Dónde estaba la iglesia? ¿esta era la ley de un país civilizado como Alemania? ¿cómo pudo durar tantos años? ¿era legal? Y la respuesta es que esto no comenzó con Hitler, va mucho más atrás, el antisemitismo tiene siglos de historia y esto fue la culminación de un proceso que está en todos nosotros.

Por eso cuando vemos acciones contra grupos determinados de gente y contra razas enteras en conflictos alrededor del mundo tenemos que entender que está en nosotros, el problema está en lo profundo de la condición humana y eso no ha desaparecido. No estamos vacunados contra ello. Tenemos que aprender que estamos hechos a imagen y semejanza de dios y que tenemos que tratar a los demás seres humanos con dignidad. Incluso los criminales lo merecen. La lección del holocausto o Darfur o Camboya o Bosnia no ha sido aprendida todavía. No somos mejores. Incluso los precedentes se convierten en patrones. Los malos aprenden del Holocausto que eso es posible, que se puede hacer. Y por eso esto no es cosa de unos pobres judíos, sino que es un tema humano, y ésa es una de las razones que justifican la película.

 

¿Qué piensa entonces del humor sobre el holocausto? Y no sólo en las películas como La vida es bella sino el que hacen los cómicos, incluso judíos, que hacen monólogos y gags sobre su propio calvario histórico?

¡Judíos estúpidos!

 

¿Cree que hay límites?

Por supuesto que hay límites, si yo te digo que eres un hijo de puta, ¿qué pensarías? Por supuesto que los hay. No tienes derecho a insultar a mi madre. Esta gente que hace eso debería avergonzarse, nunca harían eso con los negros. Ellos piensan: “Yo sí puedo hacerlo porque soy judío!”. ¡Deberían avergonzarse! Me encanta el humor, me encanta divertirme, pero debe haber un equilibrio.

 

¿Tu personaje, Saúl, necesita hacer algo bueno porque todo lo que le rodea es horrible? ¿Necesita intentar enterrar a este niño que había sobrevivido en primera instancia a la cámara de gas?

Lo que hace especial al chico, al ese llamado hijo de Saúl, es que sobrevive a la cámara de gas. Eso conmociona a mi personaje. Si eres religioso, es un milagro; si no, es una señal. El niño ha derrotado al sistema, un sistema científico para matar a millones de personas creado por intelectuales y científicos. Ese niño es un héroe. Llega un doctor nazi y lo asfixia hasta la muerte. Eso es lo que destroza a Saúl, a un hombre que llevaba mucho tiempo sin sentir ni padecer. Era un robot, y ahora esto le ha devuelto los sentimientos. Se ha vuelto humano de nuevo. Y quiere hacer el bien: lo único que puedes hacer por un muerto es enterrarlo.

 

De repente le cambian las prioridades.

Claro, se da cuenta de que aunque sobreviva, estará muerto en vida. Y su vida vuelve a tener un sentido: ahora hay algo más importante que su propia supervivencia: hacer algo por otra persona.

 

También es una razón para vivir en el infierno.

Sobrevivir lo es, pero esta es superior, es más humana. Los animales también quieren sobrevivir, pero esto es mucho más digno. No sólo enterramos a los muertos, sino que además volvemos a ellos, los visitamos y no olvidamos a nuestros muertos, porque todas las personas son únicas. Se ha convertido no sólo en una razón para vivir sino en una razón para la esperanza.

 

La figura de los sonderkommando es muy poco conocida, ¿están entre el bien y el mal?

En un campo, si eras elegido sonderkommando y eras un santo, te suicidabas, porque no podías aguantar tanto horror. Ellos no mataban a nadie, sólo abrían las puertas y sacaban los cadáveres de las cámaras de gas. Los nazis querían inventar un sistema para matar el máximo de gente con la mínima participación de los alemanes. Ellos te ponían una pistola en la cabeza y te decían: o lo haces o te mato. Es conocida la historia de Philip Muller, un judío checo, que era sonderkommando y se negó a hacerlo: le metieron en la cámara de gas, e incluso los demás judíos le dijeron que estaba loco, que no lo hiciera, que era absurdo hacer eso, que se salvase, le echaron de allí… No seas un mártir, vive y cuenta todo esto que nos está pasando. Por eso muchos de ellos enterraban los mensajes e intentaban hacer fotos. Que el mundo lo supiese. Queríamos dejar claro, la institución de los sonderkommando solo demuestra qué lejos puede llegar el ser humano para sobrevivir, y que nosotros, humanos como ellos, no podemos juzgarles moralmente por hacer lo que hicieron. No somos mejores.

 

¿Es cierto que eres seguidor de Unamuno?

Del sentido trágico de la vida es mi libro favorito. También me gusta Ortega, me gustan los pintores españoles tenebristas, Goya… La cultura española es muy importante para mí. Después de Hungría, este es mi país favorito. Lo digo en serio. Mi país es muy deprimente, aquí la gente parece ser más feliz.

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