Así ha arrasado Ricky Gervais con los Globos de Oro edición tras edición

El presentador ha aceptado ejercer de anfitrión por última vez en la gala que tendrá lugar el 5 de enero de 2020, y con la que se despedirá a lo grande.

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13 de noviembre de 2019

“Para aquellos que no lo sepan, los Globos de Oro son como los Oscar pero sin el prestigio. Son a los Oscar lo que Kim Kardashian a Kate Middleton. Un poco más ruidosos, un poco más cutres, un poco más borrachos y un poco más fáciles de comprar”.

En 2012 Ricky Gervais presentaba por tercera vez consecutiva la que se había convenido en llamar la antesala de los Oscar, y de paso resumía a la perfección su visión de estos premios. Ya entonces el humorista británico era plenamente consciente del personaje que debía interpretar, y era uno al que había llegado a base de golpes, impulsividad y cierta autoconsciencia. Nunca nadie se había tomado realmente en serio los Globos de Oro (ni siquiera los ganadores), y quien fuera el protagonista de The Office se encargaría de personificar este pensamiento.

Gervais no encontró ese camino a la primera. Antes de que repitiera en 2011, 2012, 2016 y ahora (según acabamos de saber) en la ceremonia que se celebrará el próximo 5 de enero de 2020, el irreverente cómico tuvo que ver cómo su debut, en la 67ª edición celebrada en 2010, era recibido por la prensa con bastante tibieza. A nadie le había desagradado del todo, pero tampoco había sido especialmente memorable. Y, para alguien que se dedica al humor, no hay nada peor que la indiferencia.

Aquella gala celebrada en enero de 2010 que alzaría como películas ganadoras a Malditos bastardosResacón en Las Vegas (porque los Globos de Oro siempre han jugado así de fuerte), había contado con un Gervais irreconocible. Más centrado en ese estilo tan británico que pasa por no tomarse en serio a sí mismo, medios como The Hollywood Reporter le achacaron entonces una eficiencia impersonal, si bien con excepciones.

En un momento dado y hablando de sus problemas con el alcohol, Gervais aseguró que le gustaba beber cerveza tanto como “a cualquiera”. Luego añadió “excepto si ese cualquiera es Mel Gibson”, y se encontró con las carcajadas más ruidosas de la noche.

Demolición interna

En su artículo Cómo Ricky Gervais destruyó para siempre las galas de premios, el periodista Noel Ceballos relaciona lo ocurrido en la pasada edición de los premios Feroz, donde Ingrid García-Jonsson se burló de la polémica de Leticia Dolera, con un cambio de paradigma del que cabe hacer plenamente responsable a Ricky Gervais. Antes de la gala de los Globos de Oro celebrada en 2011, los presentadores se limitaban a hacer chistes amigables, que nunca caían en lo personal, y que respetaban un mínimo statu quo.

Cuando Gervais subió al escenario aquella noche del 16 de enero de 2011, nada volvería a ser lo mismo. “Va a ser una noche de fiesta, bebida y exceso. O como diría Charlie Sheen: desayuno”, empezó el presentador. El director de Increíble pero falso se comprometió a “desnudar” la eminente ridiculez que suponían los Globos de Oro, empezando por hacer referencia a la generosa distribución de alcohol que siempre marcaba el ánimo del evento (y colocando una pinta de cerveza en su atril para corresponderla), pero pasando pronto a cuestiones más delicadas.

Como, por ejemplo, la necesidad de nominar películas no únicamente en base a su popularidad, sino también al dinero que las grandes productoras habían invertido en ellas y a la presencia de estrellas en su reparto, que garantizarían el glamour y espectáculo de la gala. The Tourist, una superproducción protagonizada por Johnny Depp y Angelina Jolie de la que probablemente ni te acuerdes, simbolizaba todo esto, y se convirtió en el blanco perfecto para sus chistes.

“Este rumor que circula de que la única razón por la que The Tourist fue nominada es para que los miembros de la Prensa Extranjera de Hollywood pueda irse de fiesta con Johnny Depp y Angelina Jolie es absurdo. Ellos también aceptan sobornos”, dijo. Pero ahí no acabó todo. “Todo este año ha sido tridimensional… menos los personajes en The Tourist (…) No me siento muy bien por el chiste. Estoy siendo oportunista y además ni siquiera he visto la película. ¿Alguien de aquí la vio?”.

The Tourist, y la frivolidad con la que los Globos de Oro elaboraban sus categorías, se convirtió en un running gag para Gervais, que al año siguiente contraatacó preguntándole al propio Depp si ya había visto por fin la película… luego de burlarse de su alcoholismo. Las pullas a las propias estrellas de Hollywood se convirtieron en un nuevo sello personal para Gervais, al tiempo que llevaba más lejos la pantomima de emborracharse mientras presentaba, y encontraba en gente como Tom Cruise o Antonio Banderas enemigos para toda la vida.

“He aguantado discursos de recogida de premios de James Cameron más largos”, dijo Gervais en su tercera gala consecutiva, a la que se sucedieron tres ediciones presentadas por Amy Poehler y Tina Fey tomando el relevo. En 2016 Gervais volvió, y puede que recordéis la gala resultante como aquélla en la que Mel Gibson trató de vengarse de él. Sin conseguirlo, claro.

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En la gala celebrada el 10 de enero de 2016 Ricky Gervais echó el resto. Esos tres años de impass (excelentemente llevados por el dúo Poehler/Fey, todo hay que decirlo) parecían haberle servido para hacer acopio de bilis, y saltó al escenario del hotel Beverly Hilton con ganas de no dejar títere con cabeza. “Este año habrá muchos remakes femeninos. Es una gran idea para la industria porque garantiza buenos resultados en taquilla y no hay que gastar mucho dinero en el reparto”, dijo.

Gervais empleó su comeback para seguir pasando revista de las miserias de la industria de Hollywood, tanto a nivel corporativo como en las distancias cortas. “Con todos ustedes el protagonista de The Martian y la única persona a la que Ben Affleck no le ha sido infiel: ¡Matt Damon!”, soltó en medio de la gala, pero el momento cumbre llegó a la hora de su enfrentamiento con Mel Gibson, quien había sido blanco de sus bromas durante tres ediciones y traía pensada de casa la réplica oportuna.

Me encanta ver a Rick cada tres años, me recuerda que tengo que hacerme una colonoscopia”, soltó el actor y director según subió al escenario, apuntándose un tanto. Gervais, sin embargo, contraatacó haciendo una malintencionada referencia al incidente que tuvo con la policía y a su público antisemitismo, rematando la jugada hacia el final de la retransmisión con un “gracias, me temo que eso es todo, estamos fuera de tiempo. De parte mía y de Mel Gibson, shalom.”

La gala más destroyer que nunca había protagonizado le granjeó una buena dosis de reproches que le mantuvieron alejado de los Globos de Oro durante los años siguientes. A lo largo de todo este tiempo, Hollywood y circuitos extranjeros (como el referido a España) trataron de asimilar todos los cambios que Gervais había implantado a la hora de concebir la presentación de una gala, moviéndose entre el comedimiento y el golpe bajo mientras que, en Los Ángeles, la indecisión hacía presa de los ejecutivos.

La próxima entrega de los Globos de Oro se celebrará un año después de que los Oscar (su supuesta hermana mayor) optaran por celebrarse sin presentador tras la pobre recepción de anteriores anfitriones y, sobre todo, la polémica causada por el inicialmente propuesto Kevin Hart. La tensión y violencia que Gervais introdujo en este tipo de eventos son un precedente que en años posteriores se ha tratado o bien de emular o bien de sofocar, pero los responsables de los Globos de Oro tienen claro qué prefieren.

Y, por eso, han vuelto a llamarlo. Las duras críticas recibidas durante su andadura no son nada comparadas con el espectáculo y conversación que el británico ha sabido provocar en sus cuatro galas, y con esta quinta promete que “será la última vez que haga esto, lo que probablemente depare una noche divertida”. Por lo que, visto lo visto, a los asistentes a la ceremonia no les queda otra que temblar.

Ricky Gervais presentará los Globos de Oro 2020

Se trata de la quinta vez que este humorista pone su bilis al servicio de la ceremonia, y los asistentes acuden temiendo el chiste que les tocará.

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