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‘The Spanish Princess’: ¿la peor serie sobre la historia de España?

La serie de Starz sobre la vida de Catalina de Aragón despierta quejas por un acercamiento a nuestro país lleno de errores y folclorismo.

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12 de junio de 2019

Cada vez que un canal o una plataforma pone en marcha la producción de una serie histórica, un historiador se echa a llorar en alguna parte. Eso es algo que sabemos desde hace mucho porque, tanto en cine como en TV, los imperativos de la ficción y los hechos registrados incompatibles. Y, aceptando esto, señalemos que hay casos especiales: series que, más que faltarle al respeto a la historia, la tumban de un patadón en salva sea la parte para después bailar claqué sobre su espina dorsal. A juzgar por algunas reacciones, The Spanish Princess es una de ellas.

La serie de Starz, emitida aquí por HBO España, narra la vida de Catalina de Aragón, hija menor de los Reyes Católicos. Usada como peón de la política exterior de sus padres, como era habitual entonces para una mujer de sangre real, Catalina casó primero con Arturo Tudor, príncipe de Gales, y tras el fallecimiento de este subió al altar con su hermano, el futuro Enrique VIII. Un matrimonio este que terminó en sonado divorcio (él la dejó a ella por una tal Ana Bolena), en un cisma religioso y en una rivalidad encarnizada entre la corona inglesa y la española.

Material de sobra, como puede verse, para un culebrón de aúpa. De hecho, The Spanish Princess es el colofón más o menos oficial de una trilogía que comenzó con The White Princess The White Queen y que adapta las novelas históricas de Philippa Gregory. Pero una cosa es aprovechar las posibilidades dramáticas de un hecho real para ofrecer una buena rodaja de morbo televisivo, y otra muy diferente incurrir en inexactitudes que dejan en poca cosa a aquella versión del Zorro que iban a ver Los Simpson. Sí, esa que terminaba con el aventurero californiano coronado como rey de Inglaterra.

Por lo pronto, The Spanish Princess ya ha despertado unas cuantas muestras de rechazo en la prensa española. Por ejemplo, ABC se refiere a ella como nada menos que “La serie norteamericana que ridiculiza a Isabel la Católica”. A Playseries, web televisiva del diario monárquico, no le ha sentado nada bien que el primer episodio presente a la soberana (Alicia Borrachero) llevando una armadura que jamás le vimos a Michelle Jenner y masacrando sarracenos en Granada a espadazo limpio. ¿Deberíamos rebautizarla como “Brienne la Católica”? 

El rotativo tampoco se toma nada bien que Catalina de Aragón (Charlotte Hoppe) aparezca retratada como “una persona manipuladora y dispuesta a menitr para conseguir lo que quiere”, mientras que ignora detalles como su labor diplomática (fue la primera embajadora de la historia europea) o incluso su físico. Mientras que Charlotte Hoppe tiene el pelo y los ojos oscuros, Catalina de Aragón era rubia y con los ojos claros, igual que su madre.

Serielizados, por su parte, tampoco le tiene ningún cariño a The Spanish Princess: “El despropósito histórico que solo sirve para indignarse”, titula esta web un que hace astillas con la serie de Starz. Además de señalar errores de caracterización y en la línea temporal de los hechos, la columnista Alondra Fernández Larrechi indica también que el show comete un error muy frecuente en la aproximaciones anglosajonas a España y los españoles: enfocarlo todo desde el folclorismo más desaforado (y con menos base en la realidad).

Sin ir más lejos, recuerda el artículo, durante el funeral de Arturo Tudor (Angus Imrie), las doncellas de Catalina emiten alaridos que puede evocar costumbres funerarias de Sicilia o del norte de África. Pero, según informa la serie, esto es una costumbre 100% española llamada (agüita) “entonar el lamento”. Si al menos lo hubieran hecho pasar por un aturuxo gallego, tal vez daría menos rabia.

Como hemos señalado, The Spanish Princess no es la primera producción estadounidense que hace gala de su desconocimiento sobre España. Con recordar ese comienzo de Misión: Imposible II que mezclaba la Semana Santa de Sevilla con las Fallas de Valencia uno debería de estar curado de espanto. Pero tanto nuestro país como prácticamente todo el resto del mundo podríamos pedirle a los estudios de EE UU que se documentaran un poco más a la hora de retratar nuestra historia y costumbres. No pedimos mucho: con que no caigan en la vergüenza ajena, nos basta.