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‘El Palmar de Troya’: los escándalos y abusos de la esperpéntica secta palmariana

Hablamos con Israel del Santo, autor de la serie documental de Movistar+ con una historia más increíble que cualquiera de ficción.

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11 de marzo de 2020

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  • Primavera de 1968. Cuatro niñas aseguran que la Virgen del Carmen se les ha aparecido en una finca del Palmar de Troya, una pedanía del municipio sevillano de Utrera. El lugar se convierte rápidamente en un centro de peregrinación para numerosos fieles y videntes, pero son dos pícaros sevillanos quienes, ese mismo otoño, se presentan en aquel lugar dispuestos a sacar la mayor tajada del asunto.

    Uno de ellos tipos es Clemente Domínguez, un oficinista sevillano de dudosa reputación que había pasado su infancia jugando a oficiar misa. El carismático muchacho ideó un plan basado en afirmar que él también había tenido una visión de la Virgen en el lugar de las mencionadas apariciones; llegó a fotografiarse con unos supuestos estigmas.

    En poco tiempo, Clemente y su colega Manuel Alonso –abogado extremeño y auténtico cerebro gris de la trama– lograron desplazar al resto de los videntes y se encargaron de crear la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz. A continuación, el primero fue ordenado obispo (a espaldas de la Iglesia católica) por el arzobispo vietnamita Pedro Martín Ngo-Dinh Thuc; no es de extrañar que fuese excomulgado poco después.

    Los entresijos de aquel surrealista y folclórico episodio, y todo lo que siguió, son el punto de partida de El Palmar de Troya, una serie de no ficción de cuatro episodios dirigida por Israel del Santo y estrenada recientemente en Movistar+, en la que se mezclan las imágenes de archivo con entrevistas a antiguos miembros de la orden y expertos en la historia de la congregación.

    “Hemos dedicado mucho tiempo a la investigación, a conocer a los protagonistas de la historia antes de grabarles, con paciencia, con mucho cariño y respeto, y haciéndoles ver que no somos el enemigo, que no buscamos la declaración espeluznante por encima de todo lo demás”, explica Del Santo a CINEMANÍA.

    “Cuando se han sentado a contarnos su historia, lo han hecho tranquilos, hemos dedicado hasta tres días para hacer una sola entrevista, y nadie lo ha hecho sin querer hacerlo. Muchos de ellos sentían que nadie se había parado a escucharlos y necesitaban que lo hiciéramos. Ellos, en sus entrevistas, son quienes han dado las claves y las líneas de un guion que se ha creado en la sala de montaje y que, al no tener narrador, han escrito ellos”, prosigue.

    Más increíble que la ficción

    El Palmar de Troya es una docuserie a medio camino entre el terror y la tragicomedia. Pero, claro, la historia que cuenta no da para menos. Después de que Clemente sufriera un aparatoso accidente de tráfico que le dejó ciego –y con las cuencas de los ojos vaciadas y los párpados cosidos–, el sevillano retornó a su ‘negocio’.

    Aprovechó la muerte del pontífice Pablo VI, en agosto de 1978, para autoproclamarse papa –el papa Gregorio XVII– por mandato divino ya que, según él, fue Dios en persona quien puso en sus manos la sucesión de Pedro.

    Tras lograr aquel objetivo, Clemente comenzó a celebrar liturgia, ordenar a otros obispos y canonizar a personajes tan pintorescos como Franco, José Antonio Primo de Rivera, Cristóbal Colón o Adolf Hitler. Y también comenzó una frenética labor de captación de seguidores y ayudas económicas por todo el mundo.

    Pero no estuvo solo. Su colega Manuel Alonso, al que nombró su secretario de estado, decidió comprar (en nombre de la Orden) la finca de las famosas apariciones gracias, sobre todo, a la millonaria aportación de una rica dama conocida como la Baronesa del Castillo de Chirel.

    Y allí mismo, tras obtener licencia del Ayuntamiento de Utrera en mayo de 1980, los cabecillas de la Iglesia Palmariana decidieron erigir un megalómano templo a imagen y semejanza de la basílica del Pilar, con varias torres de 40 metros de alto y cercado con un muro de hormigón de casi seis metros de altura, convirtiéndose el pueblo en el municipio español con menos paro.

    “Esta es una secta muy, muy española”, explica Del Santo. “Muy ‘de aquí’, con lo que muchas de sus locuras solo parecen ser entendidas por nosotros. Nos hacen reír, nos hacen alucinar con sus delirios, pero siempre hemos considerado esta una tragicomedia, porque, entre carcajada y carcajada, se esconde un drama terriblemente cruel”.

    “Quizás, lo que más me ha impactado de esas entrevistas, fue el momento en que Xabi Perals, uno de los expalmarianos, nos relataba que, tras 14 años dentro de la orden, él nunca le había acariciado el pelo a una chica, que no sabía ni cómo pedir una hipoteca o hacer un currículum”, prosigue. “Es cuando te das cuenta de lo valientes que son, de que no sé si todos podríamos caer en una secta como esta, pero sí sé que hay que ser muy fuerte para armarse de valor y dejarla”.

    Normas draconianas

    Casi todo en la historia de la Iglesia Palmariana resulta delirante y esperpéntico. Empezando por el estricto (y a veces absurdo) código de conducta de la orden, que siempre ha rechazado de plano el Concilio Vaticano II. La tele, los periódicos e internet están muy mal vistos y se excomulgó a todos aquellos miembros que vieron la película Jesucristo Superstar. Sus miembros defienden las misas en latín y las mujeres solo pueden orar con el pelo cubierto por un velo y tienen que llevar faldas largas; de hecho, tienen prohibidísimo usar pantalón.

    Asimismo, en la secta estuvo siempre prohibido relacionarse con personas de fuera de la Iglesia. En ese sentido, Del Santo apunta que las leyes españolas siguen teniendo lagunas sobre la coacción psicológica: “Se conocen muchos casos en los que alguien denuncia el caso de, por ejemplo, su hermana a las autoridades, y en los que el protocolo consiste en que la Guardia Civil se persone en la basílica del Palmar y exija hablar con este miembro. En estos casos, se le pide el DNI y se le pregunta ‘¿Está usted aquí por su propia voluntad?’. La respuesta es siempre la misma: sí. A partir de ahí, por desgracia, poco más se puede hacer”.

    Muchos de los que conocieron a Clemente aseguran que el creador de la Iglesia del Palmar de Troya no predicaba precisamente con el ejemplo. Él iba a los toros y salía por (el día y) la noche sevillana cada vez que se le antojaba y, según contó su secretario particular, despilfarraba el dinero de los fieles en bares.

    El propio papa –conocido en el ambiente donde se movía como ‘La Voltio’, por eso de que había trabajado en Sevillana de Electricidad– llegó a contar en los años noventa que había abusado sexualmente de sacerdotes y monjas de la orden. El de Écija, excomulgado por herejía y que dejó como sucesor a su amigo y confidente Manuel –el papa Pedro II–, falleció en 2005, y su desaparición trajo consigo una fractura dentro de la Iglesia Cristiana Palmariana. Una escisión de la Iglesia romana totalmente hermética, donde siempre reinaron el secretismo, la opacidad litúrgica y fiscal y, cómo no, los escándalos.

    Un legado persistente

    En su mejor momento, la Iglesia llegó a congregar hasta cinco mil fieles. Aunque algunos consideran que la orden vive hoy un declive de fieles y captación de fondos. “Aún poseen basílicas por todo el mundo, miles de adeptos repartidos por Alemania, Irlanda, Filipinas, Canadá, Estados Unidos, España… Tienen residencias de ancianos en Brasil, Paraguay, Irlanda, Argentina… Pero, curiosamente, han vendido o se han desprendido de la mayoría de posesiones que llegaron a tener en los años dorados en Sevilla”, afirma Del Santo.

    “Lo más increíble, para mí, es el hecho de que cada día, a las 16 horas, en ese pequeño pueblo a 30 kilómetros de Sevilla, sigan sonando las campanas. Que la basílica se llene para asistir a esos cultos”, apostilla el director de la docuserie.

    En cualquier caso, es de justicia reconocer que El Palmar de Troya cumple sobradamente con su principal objetivo: recordar a los espectadores que detrás de la esperpéntica Iglesia Cristiana Palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz –a la que se le acabó reconociendo personalidad jurídica a finales de los ochenta– se esconde también una de las sectas más dañinas y peligrosas del planeta.