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‘Mythic Quest: Banquete de cuervos’ cambia las reglas del (video)juego

El equipo de 'Colgados en Filadelfia' le da a Apple TV+ su mejor serie hasta la fecha.

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11 de febrero de 2020

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  • Rob McElhenney no tenía interés alguno en hacer una serie sobre videojuegos. Cuando el guionista y actor, conocido por coproducir y protagonizar la sitcom de culto Colgados en Filadelfia junto a Charlie Day durante ya década y media, recibió una propuesta por parte del estudio Ubisoft para colaborar en algún proyecto, la rechazó de inmediato. Pero estos insistieron en invitarle a un tour del estudio, y en sus propias palabras, “no soy quién para rechazar un viaje gratis”.

    Fue allí donde, nada más llegar, un incómodo McElhenney le preguntó a uno de los directores creativos de Ubisoft: “¿A qué te dedicas?”. Su respuesta consistió en pausar dramáticamente, mirar por la ventana, y pronunciar: “Yo creo mundos”.

    Ese fue el momento en el que McElhenney se excusó para ir al baño, sacó el móvil, y le escribió a Day: “Vamos a hacer esta puta serie”.

    El resultado, Mythic Quest: Banquete de cuervos es la mejor serie que Apple TV+ ha producido a día de hoy. En una etapa de lanzamiento en la que el servicio de streaming parece estar perdiendo la batalla frente al triunfal lanzamiento de Disney+, con series como The Morning Show o See provocando reacciones poco entusiastas entre crítica y público, esta workplace sitcom lanzada sin demasiado ruido está adquiriendo con rapidez el boca-oreja más efectivo que han logrado hasta la fecha.

    Pero el camino hasta ahí fue complejo. En pleno proceso de coescribir el piloto, Day partió a rodar una película, momento en el que McElhenney incorporó a la clave del proyecto: la showrunner Megan Ganz, guionista habitual de Filadelfia y pilar del equipo durante la mejor etapa de Community (durante la cual firmó clásicos como el primer episodio botella o el falso documental parodiando ese legendario Hearts of Darkness que documentaba las crónicas del rodaje de Apocalypse Now).

    Ganz no tenía demasiada experiencia en el mundo de los videojuegos, pero un convencidísimo McElhenney logró incorporarla rápidamente tras un debate sobre el núcleo de la serie: la convivencia en un entorno de trabajo guiado por egos gigantescos.

    Ganz, por supuesto, sí tenía experiencia en eso: mucho se ha escrito acerca de la supervisión de Community por parte de Dan Harmon, desde la ya mencionada egolatría que llevaba a gran parte de los guionistas a dimitir tras una sola temporada hasta su caso específico, del que ambos hablaron públicamente, de acoso sexual en el trabajo.

    Ganz aceptó la propuesta de McElhenney y, bajo su supervisión, la primera temporada de Mythic Quest no se acobarda en denunciar y satirizar temáticas tan familiares en la industria del videojuego como en la suya propia: desde la latente masculinidad tóxica en entornos de trabajo dominados por hombres hasta el cinismo de las industrias de entretenimiento apelando a públicos ultraderechistas con únicamente el dinero en mente.

    Pero tocar todos estos temas, como ya demostró Filadelfia, no impide en ningún momento a la serie resultar graciosísima. Liderada por un reparto de absoluto escándalo que incluye a habituales de la sitcom como Danny Pudi, a figuras de culto en el mundo de los videojuegos como Ashly Burch, y al ganador del Oscar F. Murray Abraham pasándoselo como nunca interpretando a un sosias de George R.R. Martin; la serie entra por la puerta grande estableciendo a la perfección a todos sus personajes y sus dinámicas internas con una confianza pocas veces vista en un episodio piloto de sitcom.

    Junto a ellos va residiendo y aumentando un plantel de secundarios casi comparable al de The Office, dotando poco a poco de vida propia al pequeño universo que son las oficinas de Mythic Quest y convirtiendo la serie en un lugar en el que pasar cómodamente horas.

    Y aún así, quizá el factor más crucial en su primera temporada es su ambición. Pocos debuts televisivos recientes han prometido tantas ansias de experimentar y sorprender a sus espectadores como en el caso de Mythic Quest, culminando en su espectacular quinto episodio, Muerte silenciosa y oscura, un relato épico sin un solo miembro del reparto principal que cubre una cronología de dos décadas detallando la lenta decadencia en la producción de una franquicia de videojuego como paralelismo directo con una relación romántica.

    Con la renovación para una segunda temporada ya a sus espaldas, lo único que podemos hacer es recomendarla mientras cruzamos los dedos para que esta ambición se refleje y mantenga en futuras entregas y la serie nos siga invitando, como el ansioso público que somos, a jugar.