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Álvaro Morte (‘La casa de papel’ 4T): “Todo se le va a hacer cuesta arriba al Profesor”

El hombre detrás de las gafas de Sergio Marquina nos adelanta qué podemos esperar de la cuarta entrega de la serie, que llega a Netflix el 3 de abril.

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31 de marzo de 2020

La casa de papel regresa el viernes a Netflix con los miembros de la banda de ‘Dalís’ más desamparados que nunca. En parte porque el metódico Profesor (Álvaro Morte), la cabeza pensante de toda esta historia, ese que siempre va dos pasos por delante de la policía, ha perdido (aparentemente) el control de la situación.

Tampoco ayuda el hecho de creer que Lisboa (Itziar Ituño) ha muerto a manos de Alicia Sierra (Najwa Nimri), o saber que sus pupilos acaban de hacer volar por los aires un vehículo blindado mientras Nairobi (Alba Flores) recibía una bala en el pecho. Pero de él depende que Tokio (Úrsula Corberó), Río (Miguel Herrán) y compañía consigan sobrevivir al atraco y escapar del Banco de España.

Hablamos con Álvaro Morte sobre la cuarta entrega del fenómeno internacional de Netflix, la serie que lo ha catapultado a la fama mundial.

 

¿Qué nos espera en la cuarta temporada?

La serie arranca metiéndonos más en la parte emocional de los personajes y luego, de cara al final, casi en los dos o tres últimos episodios, recuperamos la acción, la adrenalina, que tanto engancha al espectador. 

El Profesor parece haber perdido el control de la situación.

Para poder dar dimensión tanto a la historia como a los personajes, tenemos que sacarlos de su zona de confort y ponerlos en universos que no controlan, especialmente cuando nos encontramos con alguien tan controlador como el Profesor. Nos pareció interesante llevarlo a ese punto de contrariedad absoluta, y, de hecho, en esta cuarta temporada, va a ir cayendo más y más en ese hoyo de descontrol. Se le van a ir las cosas de las manos. La sensación de que todo se le hace cuesta arriba va a estar muy presente. 

Ya en la anterior entrega pedí a los guionistas que incluyeran algunas secuencias a colación de todo esto. Cuando el Profesor empieza a tener una relación con la inspectora Murillo, en los primeros guiones parecía que todo iba a ser perfecto y que eran una pareja de cuento. Entonces les dije: ‘Chicos, este tío es un friki. Es la primera novia que tiene, ¿cómo va a saber llevar una relación? Es un tipo raro que no sabe cómo gestionar las emociones’. Por eso hay una bronca en la furgoneta en la tercera parte, en la que él le echa en cara que trabaja solo y que no sabe qué hacer con ella. 

Dirías que Sergio Marquina, el hombre frío y metódico, es ahora más vulnerable que nunca. 

Álex Pina y el equipo de guionistas estaban intentando ir muy en esa dirección, y yo, desde mi trabajo de actor, he tenido que seguir manteniendo lo que había del Profesor para que no se perdiera. En el equilibrio de esos dos aspectos hemos llegado a un punto en el que el personaje evoluciona en una dirección, pero sin dejar de ser quien es. Efectivamente, es mucho más vulnerable, más inseguro, sufre tremendamente por no tenerlo todo bajo control, pero si no lo hubiéramos hecho evolucionar sería un papel plano. Además, tú serás como seas, pero si te hubiera pillado el tsunami de Tailandia, habrías cambiado. Tu vida varía completamente, tus cimientos se desmoronan y construyes otros.

En el caso de una ficción, hay que hacer eso constantemente de forma exagerada y al personaje del Profesor le venía muy bien. Si tú, en la primera y segunda temporada, tienes un plan absolutamente armado y aún así se descontrola por momentos, y no acaba de salir como tu quieres, imagínate cuando debes ejecutar un atraco en el que ni siquiera crees del todo y no te queda otra que dejarte llevar un poco por la improvisación, algo que el Profesor tanto odia. 

Otro componente que lo humaniza mucho es su relación con Berlín (Pedro Alonso) en los flashbacks.

Pedro y yo tenemos una relación maravillosa, disfrutamos mucho trabajando y creando cosas juntos, cosas que ni siquiera estaban en el guión. Por ejemplo, el hecho de que los personajes sean hermanos lo aportamos nosotros. Lo intentamos hablar con los guionistas, nos dijeron que no, que ni de coña, que eso no iba a funcionar jamás. Pero nos empeñamos y empezamos a mirarnos con esa especie de complicidad con la que se mirarían unos hermanos. Y fíjate luego dónde ha llegado el hecho de que sean familia.

Trabajando con él en todos esos flashbacks nos lo hemos pasado estupendamente, porque nos reímos mucho. Recuerdo la escena del Guantanamera. Berlín me contaba que quería morir en la playa, me contaba su plan y, aunque sabía que iba a ser un fracaso, le decía que le echaría una mano. Y nos poníamos a bailar el Guantanamera de una forma tan ridícula… Cuando cortaban, estábamos los dos riéndonos a carcajadas. Lo hemos disfrutado muchísimo. 

¿Se estrena la cuarta temporada más tranquilo tras el éxito de la tercera? 

Los nervios siempre están ahí, depende de cómo los gestiones. Es como el miedo, que nos enseña el camino para superarnos. Si es un miedo que te bloquea, estás jodido, pero si es un miedo que te enseña, puede ser tu aliado. Los nervios son un poco lo mismo. No hay que relajarse jamás. Puedes hacer una Juego de tronos, que tenía unas temporadas maravillosas y, de repente, llegó la quinta y yo no la pude aguantar. Incluso Juego de tronos puede tener un bache.

Cuando voy a grabar, intento olvidarme y creo sinceramente que lo consigo. Me quito la presión de saber que tenemos tantos fans, que hay tanta gente esperando. Y te diría que nos pasa a todos los compañeros. Lo que nos decimos es: “Chicos, ya hemos tenido bastante éxito. Disfrutemos de lo que es el trabajo y ya está”. Además, es la única forma de poder hacer algo que pueda triunfar, cuando lo disfrutas, esa energía al final se acaba traspasando. 

Pero una vez sales del set tiene que resultar abrumador que te conozcan por todas partes. 

Es raro de cojones. Es una cosa tremenda. Por un lado, es muy bonito porque suelo recibir comentarios muy positivos. Una señora vino a darme las gracias por los momentos que había pasado en familia. Pero lleva asociada una contrapartida, que es la falta de intimidad. Encima Netflix se emite en 190 países y la serie ha sido un éxito en casi todos ellos.

Tras la muerte mi padre, en el tanatorio, se me acercó un tipo: “Perdona, sé que no es buen momento, pero un selfie te haces conmigo”. Hay que intentar tomarse la fama con humor y aprender a decir “no” sin sentirte culpable. Si voy por la calle con mi familia no me hago fotos. Tengo que poner ciertos límites porque si no no tengo vida. 

¿Es el Profesor uno de esos personajes que nunca te cansarías de interpretar?

Solo sería un problema si tuviera que hacer únicamente del Profesor. A mí el Profesor me encanta, le he dado mi sangre, mi aliento, todo, y se lo seguiría dando para siempre, pero no me gustaría quedarme anclado en él. Entiendo que el personaje tiene una sombra muy alargada, y no me quejo de ella, pero no me gustaría que solo me vean como él. Si la gente puede seguir viendo a otros personajes y valorar mi capacidad actoral, no me importaría hacer del Profesor el resto de mi vida. 

La cuarta temporada de La casa de papel se estrena el 3 de abril.

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