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Cuando ‘Teen Wolf’ se convirtió en dibujos animados

Si fuiste niño durante los 80, seguro que más de un sábado te tocó desayunar delante de la serie que convirtió al hombre lobo de Michael J. Fox en un personaje animado.

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24 de junio de 2016

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  • Dentro del bestiario ochentero es posible que tanto Teen Wolf (De pelo en pecho) como su secuela, Teen World II, hayan quedado más olvidadas que otras películas de la época. Incluso es posible que para las nuevas generaciones, la cinta original de Michael J. Fox no sea más que aquella “película antigua” (que diría Spider-Man) en la que se basa la famosa serie de la MTV. Sin embargo, si recordamos su estreno, estas aventuras licantrópicas de Michael J. Fox (y Jason Bateman en la segunda película) ideadas por un jovencísimo Jeph Loeb, tuvieron tanto éxito que derivaron en una serie de dibujos animados. Es más, la popularidad de la cinta fue tal que en algunos países, más de un distribuidor, pasándose de listo, intentó colarla como la secuela de Regreso al futuro (es una pena que no existieran Redes Sociales por entonces para recuperar hoy las quejas de los espectadores que, engañados, se metían a ver la película del hombre lobo baloncestista e intentaban encajar eso con la historia de Marty McFly y su flamante DeLorean).

    Así, con el fenómeno de Teen Wolf por todo lo alto y con la película arrasando en los videoclubes españoles, un sábado de abril de 1989, Míriam Díaz-Aroca, al frente del programa Cajón Desatre (el sustituto de La Bola de Cristal) daba paso por primera vez en nuestro país a la serie de dibujos basada en la película; una propuesta producida por una compañía participada por Hanna-Barbera que originalmente había sido su filial australiana. En esas mañanas de sábado, la serie de animación de Teen Wolf compartiría espacio con otros dibujos (algunos de ellos, enterrados hoy en las negras simas del olvido más absoluto) como Calculín, Mafalda, Émilie, Mr. Hipo o El Mago de Oz.

    La serie de animación tenía diferencias significativas con respecto a la primera de las películas, ya que en estos dibujos todo el mundo ignoraba que el protagonista y su familia sufrieran ataques que les convertían en licántropos (la familia era aquí más numerosa que en la película, lo que hacía que aquello fuera la versión lobezna de La Familia Addams o Los Munsters ) y en un alarde de ingenio, el nombre del pueblo en que vivían se cambiaba por Wolverton (en la cinta original, los personajes vivían en Beacontown, que tampoco pasaba por ser el nombre más sofisticado de la historia).

    Transformando

    Estas aventuras animadas se convirtieron en un éxito, llegando a lanzarse una raquítica colección de cromos subtitulada como El pequeño hombre lobo y que fue publicada por J. Merchante, una empresa madrileña que acababa de bañarse en oro gracias a la versión española de los cromos de La Pandilla Basura y que ya había tanteado el tema de los cromos basados en dibujos animados gracias a Ferdy, la hormiga, otra serie de animación de la que hoy es difícil acordarse.

    El número total de episodios fue de 21, divididos a su vez en dos temporadas de 13 y 8 capítulos, respectivamente. La segunda de las dos tandas debería haber tenido cinco episodios más a fin de formar otra temporada de 13 episodios, pero una huelga de actores de doblaje dio al traste con la producción (¿significa eso que en alguna montaña de papeles de Los Ángeles hay cinco guiones inéditos de la serie?). En EE UU existió un tercer año de emisión pero basado únicamente en reposiciones de capítulos antiguos.

    En España la serie nunca ha sido comercializada en formato doméstico (ni siquiera en el alquiler tan popular en aquellos tiempos), pero en Estados Unidos y Reino Unido fueron editados algunos capítulos en VHS. Igual sucedió en Argentina, donde sí llegó al mercado de vídeo y por tanto es posible rescatarla parcialmente en un doblaje al castellano neutro (el mismo doblaje en la que la emitirían Telecinco y la FORTA cuando la recuperaron años después).

    Después, la serie entró en ese olvido del que parece que le sigue costando salir y no ha aparecido jamás en DVD o Blu-Ray ni en esos territorios ni en prácticamente ninguna parte del mundo. De hecho, el único país en el que es posible comprarla legalmente en DVD es Australia, lo que ha potenciado todavía más su estatus “de culto”, con fans que la compran de importación a través de Internet, dando origen a que a raíz de esa edición se hayan comercializado todo tipo de ediciones pirata.

    VHS Argentina

    ¿La razón de ese estatus “de culto”? Quizá sea que como en la película original y en prácticamente todas las cintas “con monstruo” que incluyen la palabra “adolescente” en su título, su atractivo se basada en el valor de ser diferente durante la pubertad y en sentirse orgulloso de uno mismo, lo cual seguro que afectó a los niños que la vieron en aquel momento. De hecho, seguro que más de uno empezó a jugar al baloncesto gracias aquella serie de los sábados por la mañana.

    Nuestros ‘remakes’ de los 80

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