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FOSSE/VERDON: Baile, seducción y muerte

Ahora que empieza la última temporada de Juego de Tronos habrá quién quiera huir despavorido de esa corriente de fans de poniente, que son todos… El mejor resguardo es FOSSE/VERDON

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14 de abril de 2019

¿Prefieres ver a Jon Nieve sentado en el trono de hierro o a Liza Minnelli haciendo acrobacias en una silla? Por si acaso dudas:

HBO se está contraprogramando. La semana en la que vuelven los caminantes blancos han estrenado la miniserie que más premios y satisfacciones les supondrá para este 2019: FOSSE/VERDON. Bien escrito, en grande, con la tipografía de All That Jazz. FOSSE/VERDON habla de un genio que es Bob Fosse (Sam Rockwell) y su relación creativa y sentimental con otra genia que es Gwen Verdon (Michelle Williams). El primero un aclamado director y coreógrafo y la segunda una de las bailarinas de Broadway más famosas de la historia. Entre ambos crearon dos de los mejores musicales de Hollywood: Cabaret y All That Jazz. Solo que nadie habla nunca de Verdon.

Esta serie creada por Steven Levenson y Thomas Kail viene a reivindicar esto. Y lo hace con un tono oscuro, con mucho humo de cigarros, con un montaje escurridizo entre el pasado, el futuro y el presente. Siendo el presente 1971, momento en el que tras el fracaso de Sweet Charity, Fosse comienza el rodaje de Cabaret, el gran clásico por el que ganó el Oscar a mejor director (por encima de Coppola que competía con el El Padrino) y con el que Lizza Minnelli se convertiría en una estrella.

Pero FOSSE/VERDON no es una serie sólo para amantes del teatro musical o de Broadway. Da igual que no conozcas ninguna de los personajes que salen y entran en plano. No hace falta. La hipnosis vendrá producida por las coreografías, por los problemas matrimoniales de una pareja que realmente solo lo fue en un plató, por las adicciones de un tipo repleto de inseguridades y por la muerte, la muerte de Fosse que marca el compás de esta serie y el mayor miedo de toda su vida, el que le provocó esos impulsos suicidas que conseguían invalidarle. 

Empieza el espectáculo:

BAILE

El baile es lo más importante en FOSSE/VERDON. El baile y su manera de representarlo en en el cine. Y todas las escenas en las que Bob y Gwen preparan las coreografías, las posiciones de las bailarinas, su maquillaje, su ropa, sus movimientos, las conversaciones con los productores para convencerles de que lo que están haciendo es la única forma posible para el éxito… Todas estas escenas son absolutamente brillantes, desde los diálogos escritos como los del Ala Oeste de la Casa Blanca, ahí está Debora Cahn dirigiendo al equipo de guionistas, hasta un montaje sincronizado con los movimientos y la tensión de sus protagonistas, con un ritmo empujado por los planos cortos, a veces detalle, que el mismo Bob Fosse utilizó en su película durante el despertar del Nuevo Hollywood rompiendo así con la tradición de los planos secuencia.

La serie es consciente no solo del genio, sino de los elementos monstruosos de la personalidad de Fosse. Y a pesar su forma de tratar a las jóvenes y futuras coristas que van paseando por su alcoba a la espalda de la nada ignorante Gwen, a pesar de su egoísmo y su destreza manipulando a las personas de su alrededor, la serie nunca condena su comportamiento, sin juzgarle provoca que sea el espectador quien tome su propia decisión. Y esto es maravilloso, no todos los productos televisivos nos tratan como a una audiencia inteligente.

En el otro lado de la ecuación está Gwen Verdon. Levenson y Kail han pensado un show sobre Fosse en la era del #MeToo y esto llega representado en su totalidad con el personaje de Verdon. Ella es un personaje de luz que equilibra a Fosse, que le complementa, que le eleva y con el que conforma un equipo creativo perfecto. En su matrimonio ella es quién ha asumido la labor de madre y ama de casa y él solo la llama cuando se encuentra en crisis creativa. La serie trata esta toxicidad con respeto impregnándola de la generosidad y dulzura que desprende el personaje de Williams. Y esto, por supuesto, enfadará al espectador medio.

Pero siempre queda el baile. Y una de las mejores escenas de la serie que sin duda pasará a la historia de HBO es la crónica de cuando los dos se encuentran por primera vez en el musical Damn Yankees, donde ambos (aunque Verdon nunca estuvo acreditada) reescribieron las reglas de la danza americana con una coreografía que rompía la armonía entre el cuerpo y la dirección del movimiento creando una tensión que influiría en la historia del musical durante décadas posteriores.

SEDUCCIÓN

Los espectadores hemos venido al mundo, a la sala de cine o al sofá de nuestra casa dispuestos a ser seducidos. FOSSE/VERDON lo hace desde la portentosa interpretación de sus dos protagonistas. Sam Rockwell no puede estar mejor como el director y coreógrafo (escuchad su voz en versión original porque no tiene desperdicio) u Michelle Williams está sufrida y dulce y te la quieres llevar a casa en cada escena en la que aparece.

Lamentablemente es echa de menos esa seducción en el personaje de Liza Minnelli, interpretado correctamente por Kelli Barret pero sin la fascinación que acompañaba a la actriz.

La seducción era uno de los motores que mantenían vivo a Bob Fosse y era inevitable para el engañar a Gwen con jovenes amantes, ayudantes de producción, traductoras, bailarinas. Hay dos factores que le empujaban a ello aunque la serie solo habla de uno. Fosse siempre contó que había sido acosado e incluso había sufrido abusos sexuales llevados a cabo por strippers durante su paso por el mundo del burlesque. De ahí venía su insaciable búsqueda sexual con diferentes mujeres.

El otro motivo, donde la serie no profundiza demasiado, es el de su obsesión por evitar que se le tildara de afeminado. Como bailarín siempre tuvo una especie de complejo que le forzó a reafirmar su masculinidad… Acostarse con muchas mujeres reforzaba su sexualidad.

Fosse también se dejó seducir por las pastillas, era un gran consumidor de todo tipo de píldoras que por supuesto le ayudaban a mantener un ritmo sobrehumano en su frenética dedicación al arte. El coreógrafo era un reconocido adicto al trabajo.

MUERTE

El otro gran tema de la vida de Fosse y de la serie de HBO.

Era su obsesión y en All That Jazz, una película autobiográfica donde Roy Scheider interpreta a su alter ego, un coreógrafo sufre un infarto en un ensayo y mantiene constantes diálogos con la muerte interpretada por Jessica Lange.

Los impulsos suicidas son constantes, a veces fantasías con tirarse por la ventana, sobredosis, accidentes… Al final Bob Fosse decidió autodestruirse en una vida repleta de excesos y culpabilidades. Él mismo decía:

“Lo mas parecido a la felicidad que experimento es cuando solo me siento miserable, pero sin tendencias suicidas”.

Y al final, la muerte.

Fosse murió durante la gira de reposición de Sweet Charity en 1987, en un paro cardiaco y a los brazos de de Gwen Verdon. El contexto y tiempo de la serie parte desde este punto, desde su  muerte. Todas las escenas están contadas como una cuenta atrás mientras se suceden esos elegantes flashback donde Fosse observa sus recuerdos.

El universo de FOSSE/VERDON es intenso, espectacular, oscuro y muy vivo… Y esto sólo acaba de empezar.

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