Por - 08 de julio de 2019

El cine nos descubrió a Christine Angot. Gracias a su colaboración con Claire Denis en el guion de la resplandeciente Un sol interior, tirando del hilo como tantas veces permiten las películas, llegamos a su novela Un amor imposible, de escritura tan apolínea como turbadora. Lo inasequible del título permitió que llegásemos a sus páginas en blanco, como idealmente deberían llegar los espectadores a esta adaptación, a quienes también recomendamos que no busquen demasiados datos de la vida de la autora en internet. Los visionados son diametralmente opuestos según qué personajes creamos que sufren ese amor imposible que Angot proclamaba desde la portada de su libro. Catherine Corsini (Un amor de verano) lo adapta fielmente, respetando su trama –una oficinista se enamora a finales de los años 50 de un joven de familia burguesa, con el que tiene una hija– y la voz en off de la narradora que mantiene a lo largo del metraje. La elección de Virginie Efira y, sobre todo, de Niels Schneider tampoco puede ser más acertada. Sin embargo, el filme carece de la fuerza incontestable de la novela, de la voz de Angot que, sin desvelar nada de su terrorífico final, iba generando una tensión de la que la película adolece. No es un problema atribuible al filme. Ni siquiera es un problema. Es la diferencia entre el cine y la literatura.

¿Un amor imposible? Al final de la película desearás que lo hubiese sido.