Por - 25 de marzo de 2011

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Los de las pesadillas con el quesito marrón del Trivial Pursuit (aunque el rosa, el de espectáculos, también se atascaba a menudo, mea culpa cinéfila) nos preguntábamos quién sería el tal Alexander Pope. “Cuántos debates interesantes surgen de cosas triviales”, dijo el gachó, y le colocaron la frase en el frontis de la caja de aquel juego del averno que nos tenía horas y horas compitiendo en pos del campeonato del mundo oficioso de Pedantería. Combinando aquella perogrullesca frase del poeta británico del XVIII y la pregunta rosa más absurda del Trivial que alguien pueda imaginar, aparece este Hogwarts de alterne en la Nacional III, un auténtico golpe bajo (el título ya lo anuncia) a la verosimilitud y a la cordura, que de tan descabellado, tiene su gracia. Quizá porque este grupo de pupilas encerradas y muertas en vida tiene el descaro que le faltó a The Spirit para creerse que el retrofuturismo, incluso cuando se atreve a aliarse con el burlesque o su primo grosziano, podía cambiar el cine palomitero.

Sólo alguien capaz de llevar lo que quedaba del péplum a las cotas pectorales de 300, y de atreverse a la faraónica tarea de adaptar Watchmen (lo de hacer una película animada de búhos como Ga’Hoole también da puntos) estaba preparado para explorar las fronteras exteriores de la fórmula Tías buenas+Tiros y llevarlas 20 pueblos más allá de la polvareda tarantiniana de Death Proof. Zack Snyder es capaz, además, de hacer del baile una nueva máquina de matar. Donde nunca llegarían los madelman del pasado, esos prejubilados Van Damme, Jackie Chan y Cía., sí podrían llegar estas herederas del manga salidas de Mira quién baila. Lo nunca visto, el High School Musical como cantera del nuevo cine de acción que busca salvar a la taquilla del sálvese quien pueda digital. La fuerza interior de Flashdance (los cojones de Jennifer Beals, vaya) llevada al límite.

Y todo eso, además, con la sublimación del arte de la elipsis al hurtarnos el rítmico superpoder de su heroína Emily Browning, la líder de este quinteto de bailarinas que se cayó en la marmita de poción anime y que arrebataría una colina al mismísimo ejército de Abd-El-Krim. A cambio, Snyder, un cachondo, nos presenta la colección de secuencias de acción más imaginativas desde Sky Captain y el mundo del mañana, llevando las relaciones entre videojuegos de guerra y cinematografía hasta extremos dignos no sólo de una segunda entrega, sino de una pregunta esencial que sólo cada uno puede responder: ¿para qué vivimos? ¿para qué luchamos? La respuesta está en ti, dale caña, nos cuenta la cuadrilla pesadilla de Sucker Punch mientras nos seduce con las curvas del muslamen. Y lo flipas con la tontería. ¡Cuántos debates interesantes surgen de películas absurdas!

CARLOS MARAÑÓN