Peret, yo soy la rumba

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Por - 18 de marzo de 2019

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¿Piensas que la rumba (catalana, flamenca o como se diga) hace la vida soportable? ¿Crees que la calle de la Cera debería ser tan famosa como Canal Street? ¿Estás hasta las narices de broncas sobre tonadilleras hipster y su presunta apropiación cultural? Entonces seguramente disfrutarás con este documental sobre Pedro Pubill, el gitano de Mataró que arrastró masas gracias a esa guitarra-ventilador capaz de levantar huracanes.

Peret, yo soy la rumba deja testimonio de una carrera denostada durante décadas, zarandeada por la política y tan irregular como suelen serlo las de los músicos que han sufrido el hambre y la discriminación, todo ello con mucha dignidad técnica, buenas imágenes de archivo y anécdotas memorables. Pero el filme ha sido producido por los nietos del músico, con lo que no se libra ni del tono hagiográfico ni de lagunas importantes. Se habría agradecido un poco más de contexto sobre el tremendo mundo rumbero de Barcelona (al no ir acompañadas de canciones, las referencias a Chacho, Los Amaya o Gato Pérez saben a poco), y sobre todo un punto de vista más ecuánime sobre el elefante en la habitación, que no es otro que Antonio González ‘el Pescaílla’. Aun así, el filme cumple, y hace desear iniciativas similares acerca del propio Pescaílla, de Bambino o de los ases del sonido Caño Roto. A ver si las vemos algún día.

Peret nunca morirá, y su parranda será eterna.