Perdido

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Por - 21 de enero de 2018

Uno de los momentos más escalofriantes de Joan Didion: El centro cede, magnífico documental sobre la escritora norteamericana, alude a la pérdida de su hija adoptada sobre la que la periodista dice sentirse aún hoy absolutamente culpable: “Me la habían dado para cuidarla y fallé”. Este terror materno y paterno (una premisa algo perversa para un thriller comercial, todo sea dicho) sirve de punto de partida de Perdido, la nueva película de Christian Carion. El director de El caso Farewell se aleja en esta ocasión del thriller para, tras un quiebro dramático –qué pena que no siga por ahí, esas secuencias de rencor implícito protagonizadas por Mélanie Laurent–, componer una película de acción. En ella, un brutal Guillaume Canet se empeña en averiguar el paradero de su hijo desaparecido empleando métodos poco ortodoxos, incluido subir montañas corriendo o atravesar a matones con palos de golf.

Si bien el descenso a los abismos de este padre coraje carece de discurso más allá del brete en sí mismo –¿pero es o no es espía?–, el clima acompaña –parece que los thrillers en la nieve sugestionan mejor–, la realización es eficiente y Guillaume Canet, con quien siempre es un gusto reencontrarse, consigue que pasemos un buen rato mientras él hace precisamente lo contrario.

Siempre es un placer reencontrarse con Guillaume Canet.