Parada en el infierno (Stop Over in Hell)

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Por - 23 de julio de 2017

Hay un momento en esta primera incursión en el western de Víctor Matellano en el que varios comensales, alertados por un grito, la emprenden a tiros los unos contra los otros, y te ves esperando a que Channing Tatum dispare al Coronel en la entrepierna desde algún sótano imaginario. Algo hay de Los odiosos ocho en Parada en el infierno, en la que el Liberty Valance de Pablo Scola confeccionado por Matellano tortura a los huéspedes de una parada de diligencias en plena ruta hacia el próspero Oeste, mientras espera un cargamento de oro. También tiene aires de Funny Games (aunque sin llegar al horror western), sobre todo en esas dos hermanas en pleno viaje, cargadas con las cenizas de su padre, que terminan viéndose envueltas en el secuestro.
Sin embargo, mientras los western de Tarantino o de los Coen, así como el thriller provocador de Michael Haneke, no dan puntada (ni derraman sangre) sin hilo, Matellano descarrila este vehículo hacia el Far West sustentado en personajes a medio construir, diálogos rimbombantes, doblajes de la época de la fiebre del oro, excesivo uso de la cámara lenta y un clímax que se asfixia en su búsqueda de la grandilocuencia. Ni la aguerrida protagonista interpretada por Tania Watson con tesón (sangre, sudor y lágrimas), ni la participación del padre del eurowestern, Enzo G. Castellari, salvan una película que se ahorca con sus propias aspiraciones.

Matellano tira de Tarantino y descarrila en su diligencia hacia el Oeste.