Nunca apagues la luz

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Por - 04 de julio de 2016

La premisa no podía ser más sencilla: una mujer apaga la luz, y aparece una terrorífica figura femenina; enciende, y la figura desaparece. Todos nuestros terrores se disparan cuando apagamos la luz. ¿Cuántas extrañas sombras (o manchas de gotelé) habremos convertido en demonios, asesinos o ladrones en nuestra imaginación nocturna? El director sueco David F. Sandberg hizo un corto sobre esa premisa y ese terror universal, y el resultado fue tan viral que llegó a la pantalla de uno de los grandes nombres del género actual, James Wan (Expediente Warren, Insidious). Éste, alucinado por la sencillez y eficacia de la historia, le ofreció convertirlo en largo con muchos más recursos.

Sandberg, ya en Hollywood, tuvo que inventar una historia que alargara el terror. Decidió enseñar a la figura femenina del corto desde el primer momento, y resolvió el problema profundizando en nuestros miedos más primarios: el que sentimos hacia nosotros mismos, a la locura, el miedo a hacer daño a nuestros seres queridos, el miedo a ser una mala madre (Maria Bello, misteriosa y terrorífica), una mala hija (Teresa Palmer, resurgiendo), un mal hermano. Todos esos miedos que se rebelan en la noche, arañan las paredes en nuestros sueños, pero nos persiguen también por el día. Tanto que, a veces, la oscuridad gana terreno a la luz. Wan ha encontrado a un más que digno sucesor.

Una profundización fetén en nuestros miedos más primarios. No volverás a apagar la luz.