Noche real

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Por - 18 de abril de 2016

Tras seis años de ‘Blitz’ y escombros, el pueblo londinense se merecía una buena juerga. Y la tuvo, tras la rendición del III Reich, el ocho de mayo de 1945. Implicando en la cuchipanda a dos jovenzuelas (la futura reina Isabel II y su hermana Margarita, la royal más descocada antes de Lady Di) Noche real asume dos posibles términos de comparación: Vacaciones en Roma, por el lado de lo excelso, y la nefasta El discurso del rey, en el otro extremo de la escala. Ahí llega la sorpresa. Sin querer competir con el primero de esos parangones, y dispensando algún guiño hacia el segundo, el filme resulta muy apañado tanto en el lado de la realización (Julian Jarrold, director usualmente chuchurrío, saca partido de un presupuesto escaso) como en el de las risas, merced a esa Sarah Gadon que luce con igual desparpajo el caqui y el rosa con perlas y, especialmente, a una Bel Powley dotada con la vieja prerrogativa de los secundarios cómicos: comerse sus escenas con patatas. Gracias a dichas virtudes, más un humor inglés de estirpe Wodehouse y un tempo eficaz, la película se saborea como un caramelo kitsch, hasta que recordamos que su buen humor les hace a sus protagonistas (reales) un favor que están lejos de merecer, y que sus momentos patrioteros son una mácula que estropea los chistes. Wyler o Lubitsch, al menos, hubieran tenido el buen gusto de ambientarla en un país imaginario.

La secuela oficiosa de El discurso del rey. Con esta, menos mal, te ríes.