Money Monster

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Por - 17 de marzo de 2016

No es una sensación nueva. La guadianesca carrera de Jodie Foster como directora se halla ante el momento culminante de su segunda vida tras la cámara. En este mismo punto, hace ahora 20 años largos, se truncó lo que había comenzado como una filmografía extraña, que dejaba dudas pero también hacía intuir un ramalazo de atractiva incomodidad. Sin salirse de la ringle comercial, no era El pequeño Tate (1991) sin embargo un drama al uso. Luego llegó A casa por vacaciones (1995), donde Foster confundió el vitriolo con la velocidad y, sin acabar de pulir su vocación, perdió el pie. Hasta que volvió a comenzar con la interesante El castor, 16 años después de caer en la orilla de su desembarco como realizadora.

Para bien o para mal, Jodie Foster no hace películas rotundas. Tampoco Money Monster lo es, pero resulta convincente, quizá porque huye de una firma, de un sello propio de cineasta. Parece incluso que Foster no lo pretende, o no le han dejado. Pero si es cierto que adolece de una falta de estilo íntimo, también lo es que su cuarta película mantiene el pulso, el que ha aprendido por ahí. Es como si su personaje de Madeleine White en Plan oculto hubiese sido en realidad una excusa para aprender el oficio de Spike Lee en el (brioso) trabajo menos Spike Lee de Spike Lee, filme con el que esta cinta mantiene ciertas concomitancias: reincide en el espacio cerrado, mental (Tate, el castor) y físico (la casa de Holly Hunter), una constante que aquí se lleva al extremo, y continúa haciendo rehenes, no sólo a sus personajes, sino también al espectador. Primero, de una trama con mensaje antiespeculativo de demócrata de Nantucket, fríos ecos de Network y personaje en busca de redención; y, en segunda instancia, de un reparto estelar que te entra por los ojos y acaba en poder de Jack O’Connell ante un cargante Clooney y el perfil bajo de Julia Roberts. Con tanto oficio, debería bastar para que Jodie Foster siga dirigiendo regularmente.

El mundo implacable de la televisión sirve para que Jodie Foster se encierre de nuevo desprovista de pretensiones y siga en la brecha a base de oficio.