Les combattants

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Por - 30 de julio de 2015

Pensábamos que el verano, ese aliado del cine francés, servía para buscar romances lacios rohmerianos, saborear placeres chabrolianos e incluso cambiar de vida (hasta el asesinato). Lo que no teníamos claro es que sirviese también para poner todo eso a la altura de la falta de expectativas de la juventud actual, por más que esa intención suene fatal. La chica del 14 de julio trajo algo de ese hastío simpático que deja la última crisis económica y ahora Les combattants abre un melón estival fresquísimo que toma sutilmente la comedia juvenil norteamericana (de Los albóndigas y El club de los cinco, corpóreo en una camiseta, hasta la duda entre amigos o novia de Supersalidos) para ponerla a dialogar en una sorprendente yuxtaposición con las películas de supervivencia. El pelotón chiflado cruzado con los Dardenne para resultar una revisión social de la Nouvelle Vague, sección Antoine Doinel. Sin embargo, si aquellos estíos de película eran una oda a la inacción gozosa; aquí la insatisfacción de los dos protagonistas, perdidos en su confusión vital y sentimental, abre el camino a su sorprendente relación con el ejército, una chaqueta metálica perfecta para curar su inseguridad a golpes, en el sentido más cómico del término. Nunca el chico-conoce-chica encontró un camuflaje más efectivo para expresar el desencanto actual ni lo combinó mejor con una posible solución: esperanzadora, pero no ilusa, como la imponente banda sonora de esta película tan sorprendente que parece abrir un camino inédito. 

El amor de juventud, en guardia ante la crisis, como nunca lo vimos.