El capitán

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Por - 13 de septiembre de 2018

Lindando por un flanco con el dolor infligido y por el otro con la corrección política, el cauce para contar la II GM desde el punto de vista alemán había quedado casi bloqueado, vinculado a la autoflagelación guntergrassiana o las rarezas propias de la naziexploitation. El capitán, pequeña antihazaña bélica, historia de retaguardia real, es un cuento de terror filmado primorosamente que, sin grandilocuencia, se enfrenta al miedo retratándolo de forma íntima (en el rostro del suizo Max Hubacher), no como una colección de cadáveres, sino como una imparable huida hacia adelante.

Es cierto que el profundo blanco y negro de Florian Ballhaus (premiado en Donostia) es una solución muy sobada para estampar la devastación del nazismo, pero también que sigue funcionado como perfecto anticoagulante del helador paisaje al que se enfrenta un desertor cuya única vía de escape es hacerse pasar por capitán y llevar hasta el extremo su falsaria autoridad hasta convertirla en miedo puro. Si la iconografía del comando aliado estaba más que definida (Doce del patíbulo, Uno rojo, división de choque… hasta la sobredosis de Malditos bastardos), la del bando perdedor (Los panzers de la muerte) ha encontrado una coartada perfecta en el dobladillo de un uniforme y una imagen ineludible en este descapotable vil camino del infierno.

Historia de un cobarde contada por él mismo (y su uniforme robado). De antihazaña bélica a relato de terror.