Por - 27 de abril de 2015

Gracias a la belleza exótica de flores silvestres como Yaaba o Yeelen, el cine “de la negritud” se incorporó a la rotonda del circuito VO europeo. Muchos años y mucho recorrido después, incluyendo la reciente e histórica nominación al Oscar de Timbuktu, he aquí un filme que entronca con el propósito de Idrissa Ouedraogo de hacer evolucionar el africanismo de forma desacomplejada pero sin llegar al neocolonialismo. Y qué mejor manera que con una denuncia de la barbarie más atávica y arraigada (el secuestro de una niña etíope con fines matrimoniales a las bravas) a través de un subgénero tan universal como el jurídico, al asesinar la víctima a uno de sus captores en defensa propia. Proyecto “amamantado” por Angelina Jolie –a la que incluso es fácil imaginar en el lucido y lúcido papel de la batalladora abogada de la pobre muchacha–, Difret absorbe los estándares hollywoodienses de rigor (los periodistas arremolinados ante la expectación del caso, la letrada ahogando sus penas en un bar…) adaptándolos mañosamente a la peculiaridad del lugar, dando como resultado un híbrido curioso, bien narrado, mejor fotografiado y con momentos potentes como la escena del rapto o el consejo de ancianos. Lástima que el conjunto arroje una visión algo “amable” y acomodada a los ojos occidentales, seguramente curados de espanto ante cualquier salvajada de Boko Haram vista en los telediarios. Pese a todo, un filme valiente, convincente y, perdón por la boutade, necesario.

Gracias a la belleza exótica de flores silvestres como Yaaba o Yeelen, el cine “de la negritud” se incorporó a la rotonda del circuito VO europeo. Muchos años y mucho recorrido después, incluyendo la reciente e histórica nominación al Oscar de Timbuktu, he aquí un filme que entronca con el propósito de Idrissa Ouedraogo de hacer evolucionar el africanismo de forma desacomplejada pero sin llegar al neocolonialismo. Y qué mejor manera que con una denuncia de la barbarie más atávica y arraigada (el secuestro de una niña etíope con fines matrimoniales a las bravas) a través de un subgénero tan universal como el jurídico, al asesinar la víctima a uno de sus captores en defensa propia.

Proyecto “amamantado” por Angelina Jolie –a la que incluso es fácil imaginar en el lucido y lúcido papel de la batalladora abogada de la pobre muchacha–, Difret absorbe los estándares hollywoodienses de rigor (los periodistas arremolinados ante la expectación del caso, la letrada ahogando sus penas en un bar…) adaptándolos mañosamente a la peculiaridad del lugar, dando como resultado un híbrido curioso, bien narrado, mejor fotografiado y con momentos potentes como la escena del rapto o el consejo de ancianos.

Lástima que el conjunto arroje una visión algo “amable” y acomodada a los ojos occidentales, seguramente curados de espanto ante cualquier salvajada de Boko Haram vista en los telediarios. Pese a todo, un filme valiente, convincente y, perdón por la boutade, necesario.

Honesto puñetazo en la mesa a favor de la mujer e infancia .