Despido procedente

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Por - 04 de junio de 2017

Javier (Imanol Arias) es un alto ejecutivo español expatriado en la Argentina y convencido de que lo eficiente no está reñido con la cuestión humana, ni siquiera en el ínterin del servicio de atención al cliente de una multinacional. Pero todo cambia para él cuando en su camino se cruza un extraño (Darío Grandinetti, en un registro cómico inusual) que le pregunta por una calle y a quien le orienta de forma equivocada.

El dar mal una dirección es la premisa brillante y cotidiana que desencadena una serie de catastróficas desdichas sobre la atribulada vida de este gallego en Buenos Aires. Y por descabellada que parezca la reacción del transeúnte, el espectador se la cree, sabedor de que “sea una piedra o un grano de arena, los dos se hunden en el agua de la misma forma”, más cuando el trabajo (ese derecho tan encanallado) entra en juego. En lo que dura el engaño, y el tour de force entre los dos gigantes de la interpretación (ligados en la realidad a través de los amores de Pastora Vega), la película funciona, acicalada por secundarios de la talla de Hugo Silva, Luis Luque y Miguel Ángel Solá. Decae después, cuando se desenmascara el thriller empresarial, y las situaciones rocambolescas (incluido un estiloso homenaje a Matrix) prevalecen sobre la trama. Aun así, el filme está entre lo mejor filmado por este pionero en viralizar contenidos cinematográficos que es Lucas Figueroa.

Cosas que nunca se olvidan: Darío Grandinetti e Imanol Arias a la gresca.