Contemplación

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Por - 12 de marzo de 2019

Una mano se desliza por una mesa, acaricia una lámpara y termina posándose en unos libros que hay sobre una estantería, como queriendo leerlos al tacto. “Se apagaron las estrellas y la luna”, dice una voz en off, la de John Hull, teólogo británico que en 1983 se quedó ciego. Para tratar de entender esta discapacidad, comenzó un diario en cintas de audio que después se convertiría en un libro y ahora nos guía por este documental. Un placer visual que juega con los encuadres, los primerísimos planos, los desenfoques y la (falta de) luz para taparnos los ojos. Nos descubrimos tratando de apartar una hoja de árbol que nos obstaculiza la visión, forzando la vista para leer un cuaderno en la penumbra, siguiendo la sombra de un niño tras unas cortinas. Es la magia del cine.

Un placer visual que nos ciega para enseñarnos a ver.