Por - 15 de diciembre de 2014

Después de las malas críticas que le han llovido a la película ci-fi del director de Hierro allí por donde ha pasado, no voy a ser yo quien se ensañe con Autómata, filme que, efectivamente, no llega a la altura de la hipnótica Blade Runner ni a la emotiva Inteligencia Artifical, ni creo que pretendiera hacerlo (por mucho que nos guste etiquetar la mercancía). Un agente de seguros de una compañía que fabrica robots descubre algo inusual en uno de ellos, lo que deriva en una peripecia del protagonista que le lleva a replantearse qué ocurriría si las máquinas fueran mejor que nosotros (lo que no es tan difícil de imaginar recordando el odio colmillero de algunos). Autómata no es un filme para talifanes de la ci-fi, es un divertimento para seguidores de Antonio Banderas que quieran ver al malagueño en un papel distinto en su carrera.

Visto desde esta perspectiva, aunque no cuente con un gran guión (la historia hace aguas al final) ni con actuaciones sobrecogedoras (mucho se ha hablado de la sobreactuación de Banderas, pero Dylan McDermott no eleva el nivel), Autómata es una película cuya primera mitad resulta de lo más interesante y entretenida, cuando se avanza en el thriller, con unas localizaciones que crean una atmósfera propia de un futuro sombrío como se espera de un filme de estas características. En el momento en que Banderas llega al desierto y se marca un baile con un robot, lo mejor es darse a las palomitas.

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