“Yo fui la asistente de una actriz famosa (y sobreviví para contarlo)”

Drogas, videncia, enfermedades venéreas y café de Starbucks: tras leer estos recuerdos de la ex ayudante de una estrella de cine, se te quitarán las ganas de trabajar en Hollywood. Por CINEMANÍA

06 de abril de 2014

Por una mera cuestión estadística, en Hollywood tiene que haber tipos humanos de todas clases. Y, la verdad, a todos nos gusta pensar que nuestros actores y actrices favoritos son en el fondo buena gente, o al menos gente más o menos dentro de los márgenes de la cordura y el comportamiento ‘normal’. Sin embargo, un documento publicado en EE UU el pasado miércoles confirma que, o cambian mucho las cosas, o la Meca del cine seguirá pareciendo una casa de locos vista desde fuera. El reportaje no apareció publicado en un medio sensacionalista, sino en la muy acreditada New York Magazine, y contiene nada menos que las confesiones de la ex ‘asistente personal’ de una famosa actriz. Según las cuales podemos deducir que ocupar ese puesto te garantiza algo muy parecido a una temporada en el infierno.

¿A qué estrella apuntan las revelaciones del texto? Pues no se sabe, aunque algunos rumores (en su web de origen, y en otros medios como Filmdrunk) apuntan tanto a Kate Hudson como a Anne Hathaway, Halle Berry, Cameron Diaz y Sandra Bullock, entre otras. Pero, leyendo lo que cuenta la anónima autora, casi que preferiríamos no saberlo. La confidente arranca a toda máquina, indicando que empezó a trabajar con la actriz de marras creyendo que iba a encargarse de labores de producción… Pero que una de las primeras tareas que recayeron sobre ella fue la de decirle al novio de su jefa que ella quería abandonar la relación. “Puedes pensar que cortar con alguien vía SMS es lo peor”, comenta la ex asistente. “Pero no: Mandar a tu ayudante para que corte con él sí que es lo peor. Y fue muy triste, porque él no sabía nada”

Ante semejante panorama, la ayudante personal piensa lo inevitable: “Oh, Dios mío, ¿qué clase de trabajo estoy haciendo?”. Pero lo peor estaba por llegar. Si no te lo crees, ojo a este planning: “Antes de mudarme a vivir con ella, me levantaba todos los días a las cuatro de la mañana para llegar a su casa y empezar la rutina del día: llevarle el té, la comida, todas sus vitaminas. Después de mudarme, empezaba a las cinco yendo a un Starbucks a por su café, se lo ponía en la mesita de noche, preparaba té, arrancaba el ordenador, imprimía la agenda del día, revisaba su correo electrónico…”. La rutina laboral, cuya mera lectura puede hacerte echar el bofe, también abarcaba un viaje diario a una sucursal de Barnes & Noble (popular cadena de librerías estadounidense) para comprar libros, aunque “ella solía leer sólo los primeros capítulos para luego no hacerles ni caso”. ¿Faltaba algo más? Pues sí, porque la estrella también tiene un hijo. “Si ella tenía un rodaje, tenía que llevar al crío y a la niñera, y también estar al tanto para llevarme al chico de ahí si le entraba una rabieta”.

Bueno, hasta aquí el curro parece extenuante, pero los trabajos bien pagados suelen llevar su ración de estrés. Ahora bien: nuestra heroína empieza a oler a cuerno quemado cuando los camareros de un bar cercano a la casa de su jefe empiezan a invitarla a copas y a decirle “Sabemos por lo que estás pasando”. Es entonces cuando el relato se vuelve más y más delirante: “Una vez recibí una llamada de última hora porque, según me dijo: ‘Tengo que ver a mi terapeuta, y después de una sesión no puedo conducir”. Una vez hecho el viaje, y con la actriz dentro de la oficina, la asistente se fija en el nombre que figura en la puerta y… “¡Era una quiromante! A mi jefa le estaban leyendo las líneas de la mano, porque en una tienda de regalos le habían dado un cupón de descuento. Era una adivina. Y yo me quedé pensando: ‘He dejado una reunión familiar para llevarte a ver a una adivina’. La tía podría haber llamado a un vidente de esos que salen por la tele de madrugada, y yo me hubiese quedado en casa”.

Llegados a este punto, podemos ser comprensivos: al fin y al cabo, el programa de Sandro Rey no se emite en EE UU. Ahora bien, ¿faltaba algún elemento para que la ecuación se saliese de madre? Pues sí: las drogas. Entre las obligaciones de nuestra protagonista se hallaba “ir a recoger las, abrir comillas, ‘hierbas’, cerrar comillas” que su jefa consumía habitualmente. Cuando leemos “al principio creía que era una infusión para dormir, o algo así, porque ella era muy naturista”, pensamos que, o bien la autora es muy ingenua, o nos está tomando el pelo. Lo duro llega después: “Una vez fuimos a un festival de cine, así que viajé hasta allí antes que ella para preparar su vestuario. Cuando ella llega, me pregunta: ‘¿Cogiste el tema?‘. ¿Qué tema? ‘Bueno, puse algo de material en tu bolso”. Es decir, que la chica hizo un viaje en avión llevando encima una cuantiosa cantidad de maría, y sin saberlo.

Una vez más, conviene tomarse las cosas con calma: sabemos que los actores y actrices aficionados a la marihuana son legión, y la ex asistente reconoce que su jefa le había hablado del asunto anteriormente. Pero la siguiente anécdota con la que nos encontramos invoca directamente a la vergüenza ajena, porque otra de sus tareas incluía ir a la farmacia a por medicinas (esta vez, sin comillas). Un buen día, se le ocurre mirar a qué trastorno corresponde el medicamento de turno, y… “Me di cuenta de que tenía que avisar a algunas personas acerca de cierta enfermedad de transmisión sexual. Llamé al ex novio y le dije: ‘Harías bien en ir a que te hicieran una prueba, porque dudo mucho que ella te diga nada’. Y él me respondió: ‘¡Oh, mierda, gracias!’. Su relación se había acabado hacía siete meses, y en casos así lo mejor que puedes hacer es avisar”.

Videntes, marihuana, enfermedades venéreas… Y tacañería. Porque la gota que colmó el vaso fue la siguiente: “Teníamos planeado ir juntas a un festival de cine, ya que ella me había dicho que no podía hacer el viaje sin mí. (…) Y en el último momento ella me dice: ‘Tú no vienes. Estoy saliendo con un chico, y va a quedarse allí un día’ (…) Ella quería usar mi billete para ahorrarse pagarle a él el viaje”. Así las cosas, la autora del artículo renunció a su puesto de trabajo, enterándose poco después de que su antigua jefa no había tenido nunca en nómina a la misma asistente durante más de seis meses seguidos. Por supuesto, el escepticismo es aconsejable a la hora de leer esta historia. Pero estamos seguros de que, si las anécdotas que te hemos contado fuesen llevadas al cine, la película resultante dejaría en mantillas a El diablo viste de Prada. ¿Alguien se anima a ponerle rostro a esa actriz tan puñetera?

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