Es importante que veas ‘1917’ en el cine

El cine se inventó para que existieran películas como 1917 y por eso es necesario reivindicar (una vez más) ir a las salas

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16 de enero de 2020

Un colaborador de John Ford se quejaba de las malas condiciones climáticas que se habían encontrado en una zona del desierto al comienzo de una jornada de rodaje. El hombre, consternado, pregunto: “Mire, Sr. Ford, ¿qué podemos rodar aquí?”. A lo que el director de western contestó: “¿Que qué podemos rodar? La cosa más interesante y asombrosa del mundo, una cara humana”.

Aunque la primera experiencia que el cine le brindó al ser humano no fue un rostro, fue un tren entrando en una estación. La excitación de los presentes fue tal que se marcharon de la sala asustadísimos ante esa locomotora que parecía salirse de la pantalla. 

Hace seis años el crítico Luis Martínez hablaba de Boyhood como una experiencia completamente nueva en la historia del cine: “De repente, el director de Austin (Richard Linklater) avanza un paso más y coloca a ese peculiar invento de los Lumière en una posición quizá completamente nueva. Suena radical porque lo es…” Estábamos ante una obra de arte sobre el tiempo a través del tiempo que profundizaba en el uso que le damos a nuestro preciado tiempo, que no es otra cosa que rozar el mismísimo sentido de la vida en una reflexión que le llevó 12 años de rodaje intermitente. Un mérito sobrevalorado si tenemos en cuenta que las series de televisión lo llevan haciendo décadas. 

Hay muchas formas de entender el cine y todas son válidas. 

El cine en sus orígenes se paseaba por las ferias. Era una atracción. Y sin embargo Martin Scorsese ataca el género superheroíco comparándolo, precisamente, con un parque de atracciones. Evidentemente genios como él, como Fellini, como Hitchcock, como Buñuel han hecho de esta atracción un arte más sofisticado a través de técnicas más elaboradas y de discursos más profundos. Incluso algunos han conseguido elaborar un lenguaje propio. 

Pero si hoy tuviéramos que resumir un siglo de evolución de este arte en una sola película 1917 es la mejor opción posible. Esta película de Sam Mendes  es un auténtico milagro cinematográfico, de una ambición técnica abrumadora pensada exclusivamente para ofrecer al espectador una experiencia completamente inmersiva, casi física, que nos acerca, ahora sí, al asombro que sintieron esos espectadores recién nacidos que vieron el tren de los Lumière llegando a la estación. 

¿Qué película es ‘1917’?

El cine es contar historias con imágenes. Su narrativa ha evolucionado con el tiempo pero su objetivo es el mismo. Sam Mendes quería hacer una película donde se condensaran las historias que su abuelo le contaba sobre la Gran Guerra, un soldado inglés muy bajito que fue asignado para llevar mensajes ya que podía viajar sin ser visto entre las líneas de las tropas enemigas al amparo de la niebla que normalmente flotaba sobre el campo de batalla. Sam Mendes coescribió el guión junto a Krysty Wilson-Carins, un argumento muy sencillo. Dos jóvenes soldados que tienen que enviar un mensaje vital para el devenir de la guerra en una carrera contrarreloj. Pero la envergadura del proyecto se multiplica cuando Mendes decide que rodará esta película en plano secuencia. 

Y para esta difícil (o casi imposible tarea) llama a Roger Deakins, tan autor como él de esta obra maestra. Deakins es el tipo que dotó a Blade Runner 2049 de esa asombrosa paleta de colores, el hombre que ha fotografiado Prisioneros, Fargo, No es país para viejos, El bosque y otras cuantas obras cumbres de este siglo. Juntos se sometieron a un rodaje donde la planificación era la clave y donde los escenarios, las coreografías de los actores y la luz se calculaban al milímetro para poner en marcha la cámara y grabar del tirón escenas que mezclan con un fantástico equilibrio la intimidad de los rostros humanos y una épica una carrera de obstáculos para salvar la vida en el peor de los lugares posibles. 

Pero para sentirse abrumado por la maravilla que esta brutal cinta significa para la historia (la nuestra y la del cine) hay que ir a las salas a verla. Y no es cuestión del tamaño de la pantalla que, como dice Nacho Vigalondo, solo es cuestión de proporción: “Por mucho que amplíes la pantalla la relación de elementos en plano es la misma. La percepción que tienes de que estás viendo una pantalla grande al rato se te olvida. Si la película te gusta no eres consciente del tamaño de la pantalla”. Las razones por las que es mejor ver 1917 (y el resto de películas) en el cine son estas:

ES UNA EXPERIENCIA SOCIAL

Hay circunstancias en las que estar rodeado de gente puede ser negativo: el metro en hora punta, el baño en un garito a las dos de la mañana, la Navidad en Madrid… Sin embargo en el caso del cine es, en la mayoría de ocasiones, muy positivo. Ver una comedia en el cine provoca que un montón de desconocidos se rían de lo mismo simultáneamente, compartir esas risas contagiosas es una de las sensaciones más gratificantes. En una película de terror o de suspense, si estás atento, puedes escuchar a la gente inspirar de manera violenta tras un susto… decenas de personas respirando agitadas mientras dura esa terrorífica secuencia.  

En casa puedes hablar en voz alta de las interpretaciones a mitad de una película, de la belleza de los actores y de las actrices, de la fotografía, de la banda sonora. También es estimulante, por supuesto, pero nada como hablar mediante gestos con tus amigos en una sala de cine: una sonrisa, un sollozo, una ceja levantada, un respingo en el asiento o una carcajada desencajada

En 1917 hay momentos donde los espectadores, todos a la vez, aguantan la respiración. Y esa tensión en una sala llena se hace tangible y es realmente alucinante. 

 

NO HAY DISTRACCIONES

El móvil, la nevera, el gato o el perro, tus padres hablando en voz alta, la luz de la calle, el repartidor que viene a entregarte el paquete… cualquier cosa es buena para distraerte en mitad de una película. Aunque te esfuerces para prestar toda tu atención a lo que estás viendo, pasar más de una hora y media sin ninguna interrupción en tu casa es muy complicado. En el cine todo lo que hay es una pantalla gigante, tu butaca y lo que vayas a comer… Nada ni nadie te va a molestar ni te va a sacar de allí en ese rato. 

Imagina a Sam Mendes planificando su película en un espectacular plano secuencia con el objetivo meterte en la piel de un soldado como nunca antes en la historia del cine bélico y a mitad de la epopeya pausas para abrir la nevera y coger una cerveza. 

De hecho, no poder pausar la película es una de las mayores ventajas de estar en el cine. Cuando nos encontramos delante de películas especialmente tensas o profundamente emocionales puede que, en casa, tengamos la tentación de parar un momento para respirar. En el cine debes aguantar estas sensaciones opresivas porque si te vas de la sala todo seguirá sucediendo, con o sin ti, la historia continua así que como espectador tienes el deber de esforzarte y entregarte en cuerpo y alma. Y este sacrificio compensa porque de ninguna otra forma vas a obtener la misma catarsis que con esta pérdida de control. 

Que un director de cine te lleve al límite es una de las experiencias más gratificantes que existen en el arte. Sam Mendes sin duda lo consigue en 1917, te arrastra por el barro, te rompe en dos, te hiela la sangre, te golpea, te emociona muchísimo.

 

EL SONIDO

Es cierto que en casa se puede tener un sistema de sonido brutal pero nada te envuelve mejor que el Dolby Atmos que se utilizó por primera vez con Brave. Ver Gravity o Mad Max: Fury Road con esta tecnología de sonido envolvente en un cine es una experiencia que no te puedes negar: la banda sonora es más dramática, los grito son más espeluznantes, la lluvia te cala hasta los huesos, los disparos te pasan muy cerca… 

 

SALIR DE CASA

Delante de la tele hacemos muchas cosas, vemos series de dibujos animados, el telediario, vemos anuncios, nos metemos en internet, jugamos a videojuegos o escuchamos música, a veces incluso tenemos puesta la tele mientras hacemos cosas de fondo como lavar los platos, planchar o regar las plantas. Ver películas en casa de la misma forma que haces un montón de cosas difumina la propia experiencia. 

Pero si salimos de casa para ir a un espacio diseñado específicamente para ver películas nos provoca una sensación diferente… Nos prepara para vivir una experiencia única. De repente se disparan nuestras expectativas, nos emocionamos eligiendo asiento, nos empachamos con el olor a palomitas dulces… Convertimos lo que podría ser un gesto rutinario en un evento. 

El trabajo de toda la tripulación que está detrás de una película, todo el esfuerzo, toda la frustración, las derrotas, las victorias, el progreso, el arte colectivo del que han sido capaces merece ser visto en un teatro porque no hay nada como ir al cine para agradecer a todas esas personas la felicidad que te provocan cuando hacen lo que más amas, en este caso las películas. 

 

Y, POR SUPUESTO, LOS TRÁILERS

Nunca te fíes de esos que se quejan de que antes de la película hay 15 minutos de tráilers porque te están mintiendo. No hay mejor aperitivo audiovisual que echar un vistazo a todo el cine que aún está por llegar a tu vida. 

¿Hay algo mejor que sentir que todavía te queda todo por ver?

Haced caso e id al cine a ver la última gran atracción, se titula 1917.

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