Torino Film Festival 2019: Bajo la influencia de Barbara

Así es el certamen italiano donde conviven documentales que podrían no serlo, ficciones esquivas y retratos familiares periféricos con hitos del fantástico clásico.

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05 de diciembre de 2019

El otoño en Turín es hermoso. Puede que, si os planteáis ir, alguien os prevenga contra el frío y la lluvia, pero una vez se ponen los pies en esta ciudad del norte de Italia es inevitable dejarse seducir por el brillo entre añejo y seductor de sus neones, su amplia oferta en chocolates y los bancos de hojas que recubren sus avenidas y calles anchas. Por no hablar de algunas iglesias cuyo interior abruma, como es el caso del Santuario de la Consolata, o el Museo Nazionale del Cinema, desde lo alto de cuya torre puede abarcarse toda la ciudad.

En la capital de la región del Piemonte tiene lugar, a finales de noviembre, el Torino Film Festival, cuya última edición, la que hace treinta y siete, llevaba en su póster el rostro fantasmal de la legendaria Barbara Steele, medio velado por una tupida cabellera.

Steele, que fue una de las presencias estelares del certamen, era el leit motiv de Si può fare! – Da Caligari agli zombie, generoso y heterogéneo ciclo de cine de horror clásico que transitaba desde la misma El gabinete del doctor Caligari a la perturbadora Dr. Jekyll & Sister Hyde de Roy Ward Baker, una de las mejores pelis de la Hammer de los setenta, pasando por deliciosos placeres culpables como Los brujos de Michael Reeves o joyas inigualables como Los ojos sin rostro de Georges Franju.

La misma Steele presentó El horrible secreto del dr. Hichcock, el cuento gótico necrófilo de Riccardo Freda. Y quien esto escribe disfrutó también con creces de una excelente copia en 35 milímetros de La máscara de la muerte roja, una de las adaptaciones que Roger Corman hizo de Edgar Allan Poe, ensueño macabro cuyos febriles cromatismos hay que atribuir al gran Nicolas Roeg, fallecido el año pasado.

Al festival turinés le puede el cine de género: el año pasado dedicó un foco al gallego Amando de Ossorio en el marco de la sección After hours y, sin ir más lejos, es la ciudad donde se rodó Rojo oscuro de Dario Argento. Busquen, no es difícil, la Piazza C.L.N. o la inquietante Villa Scott.

Pero además de sus recuperaciones de clásicos, que también se ocupan siempre de poner en el mapa a autores del país, su oferta también permite tomarle el pulso a algunas de las cosas que ocurren en el cine de hoy. Mi itinerario personal me llevó a privilegiar la sección Onde, la más dada al riesgo y a la experimentación, donde me topé con algunas películas singulares como las dos primeras que siguen.

Yesterday there were strange things in the sky

De Bruno Risas. El largo de debut de este cineasta brasileño tiene algo de película buscándose a sí misma. Rodada en 4:3, arranca con unas límpidas y algo grises tomas de la periferia de Sâo Paulo mientras su director nos cuenta, en off, que ante la situación precaria que atraviesan los miembros de su familia confiesa que no sabe hacer otra cosa que grabarles.

Lo que parece un documental familiar al uso empieza a agrietarse cuando vemos a la madre recapitulando ante la cámara sobre lo que tiene que decir su personaje. A través de ella, de su mirada y su rol en la familia, Risas introduce un elemento de extrañamiento, que interrumpe el documental en momentos concretos para flirtear de una forma muy sutil con el cine fantástico para terminar recordándonos que no seríamos nada sin nuestras madres.

 

Sasong

De John Skoog. Esta epidérmica película sueca circula, a menudo mediante bellas panorámicas, alrededor de una serie de personajes que coinciden en verano en una de esas granjas en las que te ofrecen alojamiento a cambio de trabajo. Esto no es un documental, aunque a Skoog y a su coguionista Anna Karasinska les interesan más las formas y las texturas del lugar, y aquello que está latente en los personajes a los que filman, que el enhebrar una estructura dramática.

La película no ofrece asideros fáciles y delinea lo que puede ser un trabajo de verano en el campo a través del paisaje, de su relación violenta con la tecnología y de la posibilidad de fracasar, de no encontrar en esos vastos territorios abiertos el remedio para algunos fuegos que queman por dentro.

 

A febre

De Maya Da-Rin. Integrada en la sección Festa Mobile, que recoge algunos filmes representativos y otros que han pasado desapercibidos en la cosecha anual, esta película brasileña recibió ayuda del Torino Film Lab. Se trata de una película sencilla cuya principal baza está en la precisión cálida y delicada con la que su directora traza el retrato de Justino (Regis Myrupu, que ganó el premio a mejor actor en Locarno) y de su hija Vanessa (Rosa Peixoto). Ella trabaja de enfermera y está a punto de irse a estudiar medicina a Brasilia. Él, que procede de una tribu indígena, está atrapado en un trabajo rutinario como guarda de seguridad.

La mayor parte de la película está hablada en Tukano, el idioma de los Desana, la tribu de la que procede el protagonista de esta película hecha de pequeños gestos y soledades compartidas que nos acerca, sin impostar la voz, a los problemas y las incertidumbres de un pequeño núcleo familiar que navega entre la tradición y la modernidad.