Todos los Ben-Hur que puedes encontrar

Pese a ser el más famoso, Charlton Heston no ha sido el único en interpretar a Ben-Hur. Repasamos las veces que la novela ha sido adaptada a la pantalla.

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01 de septiembre de 2016

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  • Todavía son muchos los que piensan que Ben-Hur es una película original del año 59, pero lo cierto es que su historia se remonta a muchísimos años antes, cuando a finales del siglo XIX nació de la mente de Lewis (Lew) Wallace, un curioso personaje que fue militar, inventor, abogado y que firmó varias novelas.

    Publicada en 1880, Ben-Hur: A Tale Of The Christ se convirtió en todo un best-seller de la época que incluso recomendaba León XIII como lectura sobre Cristo, y su fama se extendió por todos los hogares americanos que buscaban una distracción con la que seguir curando las heridas que acababa de dejarles la Guerra Civil norteamericana, terminada sólo quince años antes. Tras su extensión por Estados Unidos, el fenómeno saltó a otros países y se publicó en todo el mundo, llegando a España de la mano de la célebre editorial Calleja, en la que se tradujo su religioso subtítulo como Novela de la Época de Jesucristo.

    Obra de teatro

    Como no podía ser de otra forma, la aventura de Judah Ben-Hur acabó saltando al teatro y lo hizo en una función que se representó por todo el país. En ella, la carrera de cuadrigas era el gran espectáculo, ya que se hacía con caballos reales (estaban sujetos con cables de acero al escenario para que no saltarán al público) y Jesucristo era interpretado por un rayo de luz; dos decisiones que marcarían las versiones cinematográficas posteriores.

    La obra teatral se convirtió en la más colosal, imponente y megalómana pieza de ficción que podía verse sobre las tablas de un escenario, extendiéndose su representación hasta los años 20. Por eso, cuando se creó el negocio de ir al cine, la obra de Lee Wallace era una presa que Hollywood no podía dejar pasar.

    La versión pirata ( 1907)

    En esa especie del salvaje oeste del copyright que fueron los primeros años de negocio cinematográfico, se realizó una adaptación de menos de 15 minutos escrita por Gene Gauntier, una de las pioneras de Hollywood.

    La película incluía algunos actores de las representaciones teatrales, como William S. Hart, y aunque en su duración de cortometraje difícilmente podía comprimirse lo voluminoso del original, poco importaba, ya que la aventura era prácticamente conocida por todo el mundo y la película se veía como quien hoy asiste al resumen de un encuentro deportivo o de un programa de televisión. Dicho de otro modo, aunque el primer Ben-Hur funcionaba independientemente para aquellos espectadores que no hubieran visto la obra teatral, su auténtico valor era el de versión resumida cual Super-8 de La Guerra de las Galaxia

    Tras el estreno, la editorial que había publicado el libro y los herederos de Wallace (el escritor había muerto unos años antes a causa de una gastritis que se había complicado) se echaron encima de los responsables de la película, ganando el juicio y sentando un precedente que hizo que a partir de ese momento hubiese que comprar los derechos de adaptación para hacer películas basadas en obras ajenas.

    La superproducción muda (1925)

    Después de la versión pirata costó que Hollywood se hiciera con los mastodónticos derechos de la novela, pero cuando los consiguió, Metro-Goldwyn-Mayer creó una de las películas más importantes de toda la época muda, una superproducción cuyo rodaje se alargó durante años, en la que el director original fue sustituido por Fred Niblo y en la que algunos de los actores también fueron despedidos, siendo finalmente el protagonista el desgraciado Ramón Novarro.

    A pesar de todas las dificultades por las que atravesaron y de que lo disparatado del presupuesto dejara pocos beneficios a las arcas del estudio, Ben-Hur ha pasado por ser una de las obras maestras de todo el periodo y un titánico evento que cambió para siempre la forma en que se hacían las películas. Mucho ojo a su carrera de cuadrigas, que pasa por ser toda una joya del montaje.

    Como anécdota irresistible de cinefilia, explicar que durante su rodaje se conocieron dos extras llamados a ser estrellas y terminar casándose. Sus nombres: Carole Lombard y Clark Gable.

    La que todo el mundo conoce (1959)

    William Wyler, uno de los jóvenes auxiliares que desfilaron por el rodaje de la cinta de Niblo, iba a ser el responsable de dirigir esta versión que Metro-Goldwyn-Mayer anunció a bombo y platillo en 1952.

    Tras una endemoniada preproducción y un proceso de escritura con un montón de guionistas (Gore Vidal, entre ellos) donde terminó entrando el sindicato para aclarar quién era finalmente el que debía firmar la película como escritor, la película finalmente se empezó a rodar en 1957 en los estudios romanos de Cinecittà con Charlton Heston, Jack Hawkins, Haya Harareet y Stephen Boyd en sus papeles principales.

    Poco más se puede añadir de una película que ha pasado a la historia como uno de los títulos más famosos de la historia del cine, capaz de hacerse con once Oscars y que tras su estreno consiguió evitar la bancarrota en la que el estudio estaba a punto de caer.

    La primera de animación (1992)

    La más rara de todas las versiones. A finales del siglo pasado, CCC Productions, una empresa especializada en producir contenido infantil para la educación cristiana y documentales sobre la Iglesia Católica, publicó una colección llamada Saints and Heroes donde se recogían historias animadas del Milagro de Fátima o del Descubrimiento de América.

    Entre todas ellas, la empresa lanzó una breve adaptación de la novela que se llamó Ben-Hur: Carrera a la gloria y que estaba centrada en la amistad entre Judah y Messala, y en la fe católica.

    La de dibujos con Heston (2003)

    Bastantes décadas más tarde de que la película de Wyler le hiciera ganar un Oscar, Charlton Heston, a través de su compañía Agamennon Films, producía una cinta de dibujos animados en la que él mismo ponía la voz del protagonista.

    Al igual que la versión para educar en el catolicismo, el nuevo Ben-Hur reducía en mucho el contenido de la obra original y lo simplificaba, orientándolo a un público más infantil.

    Realmente, si no fuera por la implicación de Heston como impulsor del proyecto (también fue su última interpretación) la película no habría tenido más relevancia.

    La miniserie (2010)

    Después de las dos películas de animación, la idea de tocar el clásico volvía a considerarse y se planteó una coproducción internacional que convirtiera la novela de Wallace en una miniserie de dos capítulos para emitir en televisión.

    El trabajo de guión recayó en Alan Sharp, autor de La venganza de Ulzana o Rob Roy, y para dirigirla se echó mano de Steve Shill, realizador curtido en cualquier serie imaginable, desde The Wire a Los Soprano, que hizo una versión muy digna que, como siempre pasa en estos casos, ha quedado oscurecida por la constante comparación con la película del 59. Curiosamente, uno de los productores de la serie, David Wyler, era hijo del director de la película que se hizo con 11 Oscars.

    La serie tuvo participación española con gente en el departamento de arte y con Lucía Jiménez, Miguel Ángel Muñoz o Simón Andreu compartiendo reparto y es, hasta el estreno de la nueva versión, la última vez que vimos en pantalla una adaptación del best-seller de Wallace.

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