Las mejores bandas sonoras de miedo

Un repaso a los sonidos más enervantes que jamás han sonado en una sala de cine: si los escuchas a solas en una habitación oscura, atente a las consecuencias.

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14 de marzo de 2015

¿Has probado a ver una película de terror sin sonido? La mayoría de las veces, el efecto espeluznante quedará reducido a sus más ínfimas migajas, con si acaso algún parpadeo provocado por apariciones repentinas en el plano o imaginería grotesca.

El sonido ambiental y la música son elementos a los que el género terrorífico concede importancia primordial como fuente de desasosiego, incomodidad y, muchas más veces de las que sería saludable, como materia prima de los sustos; ¿o cuántas veces te has sobresaltado por la inesperada irrupción de un pelotón de violines en la banda de sonido sin que nada reseñable ocurra en pantalla?

En aquellos casos en los que las partituras empleadas son realmente buenas, su efecto escalofriante puede perseguirte mucho tiempo después de haber visto las películas.

Psicosis (1960)

Según Alfred Hitchcock, las cuerdas con sordini de Bernard Hermann, que suenan afiladas como cuchillos, eran responsables del 33% del efecto aterrador de Psicosis. El genio lo tenía tan claro que, en los créditos iniciales, colocó el nombre del compositor en penúltimo lugar, tan sólo seguido por el suyo propio.

El más allá (1964)

¿Qué ocurre cuando pones a uno de los compositores más ilustres del siglo XX a musicar una película de miedo? Pues que obtienes una partitura tan impresionante como la pergeñada por Tôru Takemitsu para el filme de Masaki Kobayashi. Con sonoridades en las que se cruzan instrumentos tradicionales (como la biwa) y los efectos de estudio, la música de El más allá elude el efectismo y los jump scares en favor de la delicadeza impresionista… salvo en unos pocos (y selectos) instantes.

La semilla del diablo (1968)

No puede haber nada más aterrador que una voz angelical (en concreto, la de la protagonista Mia Farrow) tarareando una nana, debió de pensar Krzysztof Komeda al componer la partitura para la película de terror psicológico y prenatal de Roman Pokanski. El músico polaco, habitual en los trabajos de su compatriota hasta su fallecimiento en 1969, no se equivocaba en absoluto: loemos a Satán por ello.

La leyenda de la mansión del infierno (1973)

Pionera de la música electrónica y party girl del Londres de los 60, Delia Derbyshire no firmó muchos trabajos, pero hizo historia con cada uno de ellos: no en vano hablamos de la responsable del tema de Doctor Who… y de esta banda sonora para uno de los mejores productos de la factoría Hammer. En comandita con Brian Hodgson (compañero de correrías en el grupo White Noise), Derbyshire se marca aquí una partitura que hibrida las orquestaciones grandilocuentes con el ritmo industrial y el ruidismo sintético.

El hombre de mimbre (1973)

Al igual que la película en sí, la banda sonora de El hombre de mimbre es una rara avis dentro del cine de terror: por una vez, aquí no encontramos orquestaciones estridentes, sino una apacible colección de canciones folk. Obra de los Magnet (grupo creado para la ocasión por los compositores Paul Giovanni Gary Carpenter), y agraciado en uno de sus temas por la voz del mismísimo Christopher Lee, este álbum resulta de lo más indicado para ambientar una tarde de relax, o un sacrificio humano a los dioses de la naturaleza.

Tiburón (1975)

Pocos años después se haría mundialmente famoso por sus grandes fanfarrias y orquestaciones apabullantes, pero John Williams logró una de sus composiciones más perdurables poniéndose minimalista. Tan sólo dos notas, repetidas con el mismo patrón, simbolizan la amenaza submarina que se acerca implacable. Aún hoy en día es muy difícil escuchar cómo se aceleran sin que los latidos de tu corazón se pongan al mismo ritmo. Y, si la canta Bill Murrayni te contamos…

Suspiria (1977)

La alianza entre Dario Argento y la banda Goblin diríase pergeñada en el mismísimo infierno, por lo efectiva y tenebrosa. Para su segunda colaboración con el rey del giallo, el teclista todoterreno Claudio Simonetti y sus compinches se marcaron un trabajo tan pegadizo como sofisticado, cuya riqueza de timbres combina a las mil maravillas con el colorismo art nouveau de la Academia de Danza de Friburgo: si escuchas el tema principal a solas en una habitación oscura, no te quejes cuando la Mater Suspiriorum acuda a embrujar tus pesadillas.

La noche de Halloween (1978)

 

De acuerdo: el ostinato que sirve de espinazo a esta banda sonora (en compás de 10 por 8, si a alguien le interesa) está muy, pero que muy inspirado en el trabajo de los Goblin para Rojo oscuro (Dario Argento, 1975). Pero, allí donde la banda italiana nos ofrece manierismo progresivo, John Carpenter aporta puro punk electrónico de serie B: con el noble fin de ahorrarse unos dólares, el maestro pone en funcionamiento sus teclados y sus cajas de ritmos para crear el himno slasher definitivo.

La cosa (1982)

Lo más bello de esta colaboración es que, a pesar de que ni Ennio Morricone hablaba inglés ni John Carpenter tenía ni idea de italiano, ambos titanes consiguieron entenderse a la perfección y la partitura resultante es una muestra perfecta de ambas sensibilidades. Genio todoterreno en esto de la música cinematográfica, Morricone se amoldó al espíritu minimalista con un ambiente orquestal de fondo, siempre acompañado por dos notas punzantes en crescendo continuo.

Poltergeist (1982)

Jerry Goldsmith, otro maestro absoluto con varias obras maestras dentro del género (Alien, Gremlins), combina aquí como nadie la despreocupada alegría de la vida suburbial con la pesadillesca amenaza sobrenatural que se cierne sobre (¿o que sube desde abajo?) el domicilio de la familia protagonista. El tema de Carol Anne es otra demostración de lo escalofriantes que son las voces de niños cantando; si tienen los cabellos dorados, más.

Videodrome (1983)

Canadienses ambos, el compositor Howard Shore y el director David Cronenberg llevan desde 1978 unidos en una impía alianza más longeva que muchos matrimonios, y que nos ha dado grandes momentos de música morbosa. Nosotros nos quedamos con el caudal de ambient oscuro que acompañaba a James Woods en sus excursiones al lado oscuro del televisor, y que fue obtenido al combinar los sonidos (alterados electrónicamente) de un cuarteto de cuerda con los de un sampler. “¡Larga vida a la nueva carne!”, que dijo el otro.

Pesadilla en Elm Street (1984)

Dejando aparte el soniquete La noche de Halloween, los temas más emblemáticos del terror de los 80 podrían ser el de Viernes 13 (ausente de esta lista, pese a sus “uh, uh, ah, ah” tan resultones) y esta joyita onírica compuesta por el currante Charles Bernstein. Tras curtirse en las cosas del espanto con Cujo El ente (y también con Amor al primer mordisco), el compositor recurre a los consabidos sintetizadores para ponerle un fondo etéreo a la par que susurrante a las andanzas de Freddy Krueger (Robert Englund).

Candyman (1992)

Por extraño que pareciera de primeras, Philip Glass fue una elección excelente para poner música a una película tan atípica como la que hizo Bernard Rose a partir de un relato de Clive Barker. El compositor estadounidense se alejó tanto de sus obras más minimal como de las orquestaciones grandilocuentes de la trilogía Qatsi de Godfrey Reggio, manteniendo una posición equidistante. El resultado es una partitura que suele estar por encima de las imágenes, pero sin duda inquietante por sí misma.

Trouble Every Day (2001)

La banda británica Tindersticks tiene un historial de colaboraciones con la francesa Claire Denis para relamerse. En el caso de su brutal película de canibalismo vampírico-sexual protagonizada por Vincent Gallo y Béatrice Dalle, a medida que las imágenes te taladran los ojos, la voz sedosa de Stuart Staples te masajea el martillo, el yunque y el estribo hasta perder el sentido y entonces ya no hay escapatoria posible.

Under the Skin (2014)

Hay que aceptarlo: ni los 90 ni los dosmiles fueron grandes décadas para la música de terror. Pero, durante los últimos años, nos hemos llevado alegrías muy gordas en este campo: incluir aquí las bandas sonoras de Maniac (con el músico Rob honrando por igual a Carpenter y a Giorgio Moroder) Berberian Sound Studio (obra de los británicos Broadcast), nos quedamos con el trabajo de Mica Levi para uno de los filmes más arriesgados de lo que llevamos de década. La BSO fue grabada por la compositora prácticamente en solitario, usando una viola, y se las apaña para resultar tan alienígena como el personaje de Scarlett Johansson. Que ya es decir.

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