[SITGES 2018] Overlord, Wolfenstein reimaginado por Bad Robot

Un grupo de soldados norteamericanos se enfrenta a nazis y sus experimentos genéricos en un film salvaje, alocado y ante todo, enormemente disfrutable.

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12 de octubre de 2018

Aunque su origen data de 1981, la franquicia de videojuegos Wolfenstein paso al panteón de los clásicos del ocio electrónico con el superlativo Wolfenstein 3D (1992), un shooter en primera persona diseñado por id Software y que consiguió convertir ese género en una de las grandes revelaciones del momento. Pero no sólo era un juego de disparos ágil, frenético y magníficamente diseñado, sino que consiguió establecerse como una obra relevante por su premisa: controlando a un soldado americano, debíamos infiltrarnos en un castillo en el que los nazis campañan a sus anchas y darles final. Una idea tan alocada como magnética que ha dado pie a numerosas ficciones en cine, literatura, cómics y los propios videojuegos.

Con Overlord, el director australiano Julius Avery nos propone algo similar: llevarnos a la II Guerra Mundial, horas antes el día D. Un escuadrón norteamericano deberá introducirse en una base de operaciones de los nazis y echarla abajo con explosivos para que los soldados que vendrán después tengan las cosas más fáciles. El film ha estado años en desarrollo con J.J. Abrams como productor a través de Bad Robot y fue generando gran interés cuando meses antes de su estreno se dijo que pertenecería al siempre interesante universo Cloverfield. Finalmente no sólo no ha sido así sino que tiene suficiente entidad por sí sola como para no necesitar depender de ello. A diferencia de la, por cierto, mediocre The Cloverfield Paradox, una de las grandes decepciones de los últimos años.

Pero volvamos a lo importante. A cómo Avery convierte esta historia en un enérgico festival de vísceras, momentos de impacto y un tercer acto de una brutalidad poco habitual en los blockbusters de Hollywood. La idea es muy clara: usa como base un material de serie B pero lo lleva a la pantalla con una factura perfecta, resultado de un presupuesto muy generoso. Ya su secuencia inicial es un verdadero regalo para los sentidos: el pelotón de soldados charla de forma distendida hasta que su avión recibe un impacto y se desata el caos: fuego, explosiones, sangre y cuerpos desmembrados llenan la pantalla durante 10 minutos de éxtasis cinematográfico, una celebración de la casquería dignificada por unos valores de producción obscenamente altos.

Y lo que sigue no es menos, con una fotografía atmosférica y milimétricamente calculada, en sintonía con films como Godzilla de Gareth Edwards o Kong: La isla calavera de Jordan Vogt-Roberts, una recreación del conflicto bélico seca y cortante cuando debe, y todo medido con un ritmo que se mueve entre lo reposado y lo frenético. Es un film magníficamente facturado, de los de desconectar el cerebro durante dos horas y simplemente dejarse llevar, disfrutar la experiencia, que bebe no sólo de Wolfenstein sino de trabajos como Malditos bastardos de Quentin Tarantino o Doce del patíbulo.

Overlord no pasará a la historia como una de las grandes películas del año ni lo pretende, pero como cinta que sólo pretende hacernos disfrutar con su alocada premisa, magnífica ejecución y un par de secuencias de acción memorables e imaginativas, se le pueden poner pocas pegas. Cine de evasión bien hecho y que por primera vez en tiempo nace de un material original: ni precuela, ni secuela ni reboot ni adaptación de cómic o videojuego. Aunque nos encantaría saber qué pensarían los diseñadores de Wolfenstein si es que llegan a verla…

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