Por qué no puedes perderte ‘Los siete samuráis’ en TVE

Épica y adrenalina contra la cuarentena: la cadena pública emite la obra maestra de Kurosawa, que podrá verse durante una semana gratis en su web.

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18 de marzo de 2020

Ya sabemos que sonará raro, e incluso de mal gusto, pero a veces quedarse en casa es una bendición. Sobre todo, en una noche como esta. ¿Por qué? Pues porque TVE emitirá Los siete samuráis a las 21.55 en La 2: la obra maestra de Akira Kurosawa, estrenada en 1954, llega a la cadena pública en la versión restaurada de The Criterion Collection, para gozo de los cinéfilos que se expongan a sus 205 minutos de espadazos, situaciones límite y épica sin complejos.

Para colmo, esta cumbre del jidai geki (cine japonés de época) se quedará durante una semana en la web de la cadena pública, donde podrá verse de forma gratuita. De modo que nosotros hemos empuñado nuestras katanas para recordar por qué la historia de los campesinos hambrientos, los bandidos que les amenazan y los rônin que acuden en su auxilio a cambio de un puñado de arroz merece tu tiempo… y tu entusiasmo.

Por el ‘Emperador’

Aunque no es imprescindible, una historia bigger than life llena de ambición y batacazos le da muchos puntos al perfil de cualquier director. Y, si aceptamos eso, el perfil de Akira Kurosawa es el de un titán. O, puestos en contexto, el de un daimío (señor feudal japonés) de la era de las Guerras Civiles, siempre con un pie en la gloria y otro en el harakiri creativo. Algo que dio sus mejores frutos en Los siete samuráis.

Conocido hasta entonces por sus thrillers (El perro rabioso, Los cobardes duermen en paz), y habiendo logrado el éxito internacional con Rashomon en 1950, el cineasta decidió entrar a lo grande en el jidai geki con esta película. Y entró tan a lo grande que se gastó un presupuesto de 4 millones de dólares (ajustados a la inflación), convirtiendo Los siete samuráis en la película japonesa más cara de la historia hasta la fecha. Durante el rodaje (infernal, como mandan los cánones), la productora Toho le cortó varias veces el grifo, pero lejos de desesperarse Kurosawa optaba por irse a pescar: según razonaba, sus productores habían invertido demasiado en la película y cancelarla les llevaría a la ruina.

 Por la aldea

¿A qué se debió el derroche presupuestario de Los siete samuráis? Pues, en buena parte, al empeño de Kurosawa por construir la aldea donde transcurre la historia del modo más realista posible. “Cuanto más auténticos son los decorados, mejor actúa el reparto”, afirmaba el director, y con esa premisa levantó al dedillo un lugar donde podemos vivir y luchar durante tres horas y media. Prueba de su maestría es ese recorrido de los samuráis por el villorrio, que (junto a cierto mapa) nos permite orientarnos durante las escenas de acción sin que nuestro punto de vista se pierda ni una sola vez.

Por Toshirô Mifune

A un director desmesurado le corresponde un actor igual de titánico. Y Kurosawa tuvo eso (y más) en la persona de Mifune. Si bien ambos llevaban trabajando juntos desde 1949, su relación se volvió simbiótica en Los siete samuráis. El director y sus coguionistas, Shigeru Hashimoto Hideo Oguni, le hicieron un regalo al actor con el personaje de Kikuchiyo, el campesino que se hace pasar por samurái y acaba encarnando el ideal guerrero con más fuerza aún que sus compañeros de armas. Mifune, por su parte, les correspondió viviendo su papel hasta el final, delante y detrás de la cámara. Como suele pasar, esto le volvió bastante inaguantable, pero también le hizo ofrecer una interpretación que te hace reír, llorar y soltar adrenalina a chorros.

…Y por los demás

No todos los personajes de Los siete samuráis tienen el mismo tiempo en pantalla que el de Mifune, pero la película cumple de sobra haciendo que les conozcamos bien y nos encariñemos con ellos. Takashi Shimura, otro habitual de Kurosawa, impresiona como Kanbei, el severo y astuto líder de la tropa, mientras que el implacable Seiji Miyaguchi ha servido de modelo para muchos ‘santos de la espada’ dentro y fuera del cine japonés… y eso que el actor no tenía ni idea de esgrima. Guerreros, campesinos y bandidos, todas las figuras que vemos en la pantalla son tan humanas en su heroísmo como en su maldad, y están llenas de contradicciones. Por eso resultan tan cautivadoras.

Por la batalla final

No dejes que las toneladas de alabanza crítica te distraigan de lo esencial: Los siete samuráis es ante todo una película de acción, pensada para mantener al público en vilo. Y no hay mejor ejemplo de ello que su clímax final, una escena que ocupa casi por entero el último tercio de la película y que merecería un artículo entero para ella sola. Rodada en lo más crudo de febrero, bajo un frío tan intenso que Kurosawa sufrió daño por congelación en los pies, con múltiples cámaras (algo de lo que esta película fue pionera) y bajo una lluvia artificial teñida de negro para quedar bien en el plano, esta legendaria escabechina ha sido el modelo y la guía para muchísimas secuencias épicas que seguro recuerdas, desde Gladiator hasta Braveheart. 

Porque con ella empezó todo

¿Qué tienen en común Bichos (la de Pixar), Star Wars, Doce del patíbulo, Por un puñado de dólares? Pues todas son películas que se lo deben (casi) todo a los filmes de samuráis de Kurosawa. Y, como ya hemos señalado, fue esta película la que consagró al director como un maestro del género. Pero su influencia va más allá: empezando por Los siete magníficos, su remake de Hollywood, Los siete samuráis le dio cuño para siempre al tropo de los héroes dispares que se unen por una causa común, con lo que podemos tomarla como antepasada directa de Los Vengadores y toda su parentela. Aunque, sin hacer de menos a los Héroes Más Poderosos de la Tierra, ya quisieran haber tenido ellos en Endgame una batalla final tan épica como la que puedes ver aquí.

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