[San Sebastián 2014] Día 5: Al fondo hay sitio

Mia Hansen-Love se aleja del centro de la pista para hacernos bailar con 'Eden'.

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24 de septiembre de 2014

¿De qué se habla hoy en San Sebastián? Cuando llegas a un festival empezado está claro lo que te vas a encontrar: conversaciones en curso sobre lo ya proyectado, que con un poco de suerte y sintonía con los interlocutores puede ayudarte a evitar malos tragos o repescar joyas. Más complicado lo segundo, teniendo en cuenta cómo abarrota el público donostiarra las salas para ver las películas del festival (en vez de quedarse en casa descargando series, señores distribuidores). Que una cineasta como Naomi Kawase, cuyo cine ciertamente merece ser más popular dada su accesibilidad y belleza, tenga tanto tirón es motivo de alegría, aunque el sold out me impidiese ver Still the Water.

¿Qué hemos visto? Tres películas magníficas. La que más, La princesa de Francia, de Matías Piñeiro. En ella, el argentino prosigue su revisión serializada de obras de Shakespeare a través de pequeñas intrigas sentimentales de jóvenes actrices donde la ficción y la realidad se funden en líos amorosos y bailes verbales, tal y como inició con Rosalinda (2011) y Viola (2012). Si hay alguien capaz de convencerte de que la mejor interpretación shakespeariana es en español y con acento porteño, ése es Piñeiro. En La princesa de Francia, además de una de las mejores secuencias de apertura del cine reciente, vemos a un grupo de amigas (el director suele recurir siempre a una misma troupe de fantásticas actrices; verlas cambiar de papel es una de las alegrías de su cine) intentando quedar para reinterpretar una versión radiofónica de Trabajos de amor perdidos, mientras varias estrategias de seducción, amor e infidelidades se ponen en juego. Todo se cuenta con alegría y casi sin que te des cuenta. Las acciones, o no se enseñan directamente (pero se habla mucho de ellas; contando, analizando, dando vueltas) o se representan varias veces, con variaciones, pero no tardan en cambiar, siempre con la rapidez y ligereza de la juventud.

Más jóvenes abren Eden. Lo nuevo de Mia Hansen-Løve empieza con la salida de una rave en un submarino en el bosque y acaba con un poema de Robert Creeley. En colaboración al guión con su hermano Sven, la directora de Un amour de jeunesse (2011) traza el retrato generacional del garage house desde los años 90 en París. Aunque los rasgos autobiográficos del hermano se hacen dominantes (exorcismo garrelliano one more time), ella en vez de llevar las pupilas dilatadas hacia las luces estroboscópicas de la nostalgia musical o la meteórica ascensión de Daft Punk prefiere fijarse en la pared al fondo del club, donde se apoyan docenas de otros que sólo pudieron ser (que es otra forma de serlo). Una historia de auge y caída, donde el auge apenas tiene consistencia. Con su inmersión musical, reparto delineado al milímetro y fino desarrollo sin descanso, casi sintético y sustentado en fogonazos de empatía, quizás la grandeza de Hansen-Løve sea no tanto hablar transversalmente de la escena musical (mucho de lo planteado se podría aplicar facilmente al cine, o a cualquier gremio artístico donde la fina línea entre la apariencia de éxito y la aspereza del fracaso se miden a base de retuits o listas de puerta) como de la experiencia material de una juventud que bajo los adoquines lo que veía eran pistas de baile, aunque en ellas no hubiera dónde caerse muerto.

Por último, otro título más centrado en los detalles de fondo que en la historia principal. La chambre bleue, segundo largo como director del actor Mathieu Amalric, es una adaptación de una novela policiaca de Georges Simenon. Amalric cuenta los hechos con diligencia y cadencia judiciales, pero fijando su férreo dispositivo formal (relación de aspecto cuadrada, para más énfasis) sobre todo aquello que se escapa, por desbordamiento, de cualquier relato oficial. Un cambio de luz sobre una ventana, una avispa volando, una percha colgada. Detalles al fondo que podrían dar para una más de muchas historias.

¿Qué hemos comido? Colisión de cocina vasca con gastronomía nipona en un restaurate eusko-japonés. Aunque los maki no llevaban txapela, los cortes de los nigiri tenían rotundidad de aizkolari.

¿Qué esperamos de la jornada de mañana? Día intenso por delante con dos apuestas fuertes fuera de concurso que generarán titulares: Lasa y Zabala, de Pablo Malo, y Murieron por encima de sus posibilidades, de Isaki Lacuesta.

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