Ruiz-Mateos y el cine: de ‘La avispita Ruinasa’ a Mel Gibson

¿Sabías que el empresario jerezano apareció como personaje en tres películas? ¿O que trató de producir un filme sobre la Virgen con 'Mad Mel' de director?

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07 de septiembre de 2015

Con la muerte de José María Ruiz-Mateos, puede decirse que se cierra un capítulo de la historia económica y política de España. Y algunos dirían también que de la historia de sus corruptelas. El empresario jerezano, fallecido en El Puerto de Santa María (Cádiz) a los 84 años de edad, se ganó sus primeros titulares a finales de los 70, cuando su grupo empresarial Rumasa convirtió a aquel antiguo importador de vinos en uno de los hombres más ricos de Europa. Pero su definitiva consagración como figura mediática llegó en 1983: aquel año, el Ministerio de Economía y Hacienda encabezado por el socialista Miguel Boyer decidió expropiar el holding, debido a sus impagos al Fisco y su contabilidad dudosa. Al impacto financiero de la decisión se sumó la facilidad de Ruiz-Mateos para acaparar titulares, primero mediante una desaparición que se prolongó durante años (finalmente fue extraditado por el gobierno alemán, ingresando acto seguido en la cárcel) y después protagonizando stunts tan descabellados como aquella colleja en público a Boyer (al grito de “¡Que te pego, leche!”) o aquella comparecencia disfrazado de Superman en la puerta de unos juzgados.

La saga de José María Ruiz-Mateos (y la de su esposa, Teresa Rivero, y la del resto de su numerosísima familia) daría para un biopic al estilo de El lobo de Wall Streetante hitos tales como su fuga de la Audiencia Nacional disfrazado con peluca y gabardina, la compra del club Rayo Vallecano, la nueva oleada de procesos judiciales en la que desembocó Nueva Rumasa en 1990 y esos correos electrónicos suplicándole clemencia a Emilio Botín, incluso Martin Scorsese se sentiría un tanto cohibido. No obstante, nosotros vamos a centrarnos en otro aspecto de su trayectoria. Porque la debacle de la Rumasa original, a comienzos de los 80, coincidió con el apogeo de esa comedia made in Spain, coyuntural, baratísima y atenta a los titulares, que generó títulos tales como ¡Que vienen los socialistas!, Qué gozada de divorcio Todos al suelo. Tal vez la historia de ‘Ruizma’, como le apodaban en ocasiones la prensa y los humoristas, fuera material scorsesiano, o más bien berlanguiano, pero quienes la explotaron a fondo en la pantalla fueron el inefable Mariano Ozores y sus epígonos.

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De esta manera, en 1983 nos encontramos, no con una, sino con dos películas acerca del affaire Rumasa. La más evidente de ellas, La avispita Ruinasa, no llegó de manos de Ozores, sino de José Luis Merino, consumado destajista en cuya filmografía hallamos un buen número de versiones cañís del Zorro, películas de terror a destajo, las inevitables incursiones en el destape y una tentativa low cost en el género de espías (Superagentes en Mallorca). Carne de programa doble y videoclub de barrio desde su primer golpe de claqueta, y aludiendo en su título a esa abeja que servía como logotipo de la corporación, La avispita Ruinasa contaba sin embargo con un reparto digno de interés: Jesús Puente como un trasunto de Ruíz Mateos, José Luis López Vázquez como su contable y José Sazatornil ‘Saza’ como un investigador privado que luce (dicen por ahí) el vestuario más hipnótico, por lo horripilante, de la historia del cine español.

Si bien La avispita Ruinasa es la primera película a la que uno se remite cuando piensa en Ruiz Mateos, un informe en condiciones también debe hablar de Los caraduros. También conocido como El holding de la mosca (un título con el cual, según leemos, llegó a circular por algunos videoclubes), este filme provenía del clan de los Ozores, sólo que su firmante no era el habitual Mariano (el cineasta de la familia), sino su hermano y experto en glosolalia Antonio. Ya que Merino había llegado antes, jugando en su película la carta del exploitation, el actor metido a director le daba otra vuelta de tuerca a la cosa, contando en su reparto con Raúl Sénder, Juanito Navarro y él mismo. En Los caraduros, este trío de la bencina interpreta a unos inversores llamados José María, Ruiz Mateo (¿lo cogen?), empeñados en resolver las dificultades económicas de su empresa mediante un sistema infalible: haciéndola expropiar por el Estado.

¿Una teoría conspirativa sobre el conflicto Rumasa-Boyer? Cualquiera sabe. Lo cierto es que, para quienes gustan de la carroña fílmica e ibérica, Los caraduros reviste un interés mucho mayor que La avispita Ruinasa: además de los méritos antes aducidos, el filme cuenta con un cameo sorpresa de Fernando Esteso Andrés Pajares (puedes verlo en el vídeo de arriba), con Pierrot (showman, guionista y cofundador del Festival de Sitges) marcándose uno de sus explosivos números de travestismo y con la hijísima Emma Ozores luciéndose a sus 22 añitos. Tal vez no estemos hablando de un título a la altura de Los energéticos El liguero mágico, pero aun así recomendamos su revisión a los interesados.

En 1990, cuando el auténtico Ruiz Mateos da sus campanadas más apoteósicas frente a las cámaras, el panorama es muy diferente. Ya fuera por los cambios en el sector de la exhibición, por la Ley Miró o porque sus máximos responsables ya no estaban para muchos trotes, lo cierto es que la comedia cañí de bajo presupuesto se hallaba en su ocaso. Pero, como Mariano Ozores es de los que no se despiden sin quemar el último cartucho, volvió a recurrir al personaje en Disparate nacional, su antepenúltimo filme. Lejos de alusiones y sutilezas, el cineasta optó en esta ocasión por rodear a sus actores principales (Antonio Ozores, López Vázquez y la sangre nueva representada por Antonio Resines y Óscar Ladoire) con imitadores profesionales que emulaban a figuras destacadas en la época. De esta manera, Ozores se dio el gusto de recrear frente a su cámara la tollina del empresario al ex ministro Boyer, rebautizado aquí como “Foyer” y emparejado ad hoc con una doble de Isabel Preysler. Pese a esta maniobra, la película pasó por las carteleras sin pena ni gloria. Lo dicho: el fin de una era.

El último contacto entre Ruiz Mateos y el cine no nos llega por ninguna película estrenada, sino por un filme que no llegó a rodarse… y que, a buen seguro, hubiese pasado a la historia. Porque, entre las iniciativas frustradas del jerezano, destaca la de encargarle una película sobre la Virgen a Mel Gibson. Y no es una broma: a través de sus contactos en el mundo del integrismo católico, la familia Ruiz Mateos acudió en 2004 al director de La pasión de Cristo, con el fin de ficharle para su proyecto. Los correos electrónicos enviados por el clan expresan su intención de “invertir lo que sea necesario” en la producción, renunciando de antemano a cualquier tipo de beneficio. Leyendo estas misivas, ‘Mad Mel’ debió quedarse ojiplático, constatando cómo en ellas se mezclaban las alusiones al gran batacazo de Rumasa (“Puede que haya oído hablar [de Ruíz Mateos]”, escribía su nuera Cristina Figueroa, “porque fue expropiado en 1983 por el gobierno español socialista en 1983, de un modo tremendamente injusto e inhumano”) con exortaciones a su fe: “La virgen María nos ha designado para incluirte en nuestro hermoso proyecto (…) ¡TE NECESITAMOS!”. 

Pese a que, gestiones vaticanas mediante, los Ruiz Mateos llegaron a reunirse con Enzo Sisti, coproductor de La pasión de Cristo, este proyecto quedó en agua de borrajas. Un tropiezo más en la vida de un hombre que, aspirando a hacer historia, levantar imperios y llenar sus bolsillos, sólo logró dar con sus huesos en el banquillo de los acusados una vez tras otra. Ahora que lo pensamos bien, ese perfil tampoco es tan diferente del de muchos productores de cine…

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