Robo en el plató: 12 objetos escamoteados de películas famosas

Desde la pistola de 'Blade Runner' a un cargamento de Oscar: todos estos objetos han sido pasto de latrocinios cinéfilos.

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13 de mayo de 2015

Seguramente será una jugada promocional, pero no cabe duda de que su protagonista impone mucho: el llamado ‘Fantasma de la Sombrerera’, uno de los habitantes originales de la Casa Embrujada de Disneylandia, desapareció ‘misteriosamente’ de la atracción hace 45 años, poco después de la inauguración de la misma. La auténtica razón del retiro fue que los efectos de iluminación diseñados para el muñeco no funcionaban bien, pero con los años se han levantado en torno a su figura varias leyendas urbanas, algunas de las cuales hablan de fenómenos paranormales (cómo no) y otras, de un robo. Ahora, este espectro ha vuelto a su lugar, pero no bajo su defectuosa forma primigenia, sino como un nuevo animatronic rediseñado y creado para la ocasión. Algo que obedece a la presencia del personaje en Haunted Mansionla película con el sello Disney que preparan Ryan Gosling Guillermo Del Toro. 

Al igual que el Fantasma de la Sombrerera, los objetos de los que vamos a hablarte a continuación también desaparecieron. Ahora bien: en su caso, podemos estar casi seguros de que no hubo nada paranormal de por medio, sino que se trató de latrocinios muy terrenales. El atrezo de las películas puede llegar a alcanzar precios muy elevados (y no sólo en el mercado del coleccionismo), así que, bien en los rodajes, bien fuera de ellos, siempre hay manos largas dispuestas a apropiarse de alguna pieza única.

Cuatro uniformes de Spider-Man

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Ni el Duende Verde, ni el Doctor Octopus, ni siquiera J. J. Jameson pudieron haber previsto una villanía semejante: en 2001, cuando Sam Raimi Tobey Maguire rodaban el primero de sus tres filmes sobre el ‘Trepamuros’, cuatro de los trajes arácnidos desaparecieron del plató. Los productores de la película ofrecieron una recompensa de casi 30.000 euros (ajustados) a quienes los recuperasen, los uniformes siguen desaparecidos a día de hoy. Nos preguntamos lo que pensaría Maguire del robo: en Jóvenes prodigiosos, su personaje se apropiaba sibilinamente de un vestido de Marilyn Monroe, poniendo con ello en serios aprietos al profe Michael Douglas.

El coche de Pulp Fiction

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Bueno, aquí debemos puntualizar, porque ese Cheville Malibu rojo de 1964 con el que Vincent Vega (John Travolta) se llevaba de paseo a Uma Thurman en la película no era sólo un elemento de atrezo: también era el coche particular de Quentin Tarantino. Nos cuesta imaginar la cara que puso el genio de la gran mandíbula cuando, en pleno rodaje, descubrió que un chorizo le había robado su carro de coleccionista. Afortunadamente, el vehículo acabó siendo encontrado… sólo que 20 años más tarde, tras una redada policial en Oakland (California). Lo más gracioso de todo: los ladrones no sabían que el coche de marras estaba siendo utilizado en una película, y con las décadas (por lo que se ve) tampoco se enteraron de que dicha película había ganado una Palma de Oro en Cannes.

Los juguetes sexuales de Dolor y dinero

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Está claro: una historia así sólo le puede pasar a Michael Bay. Durante el rodaje de su película menos explosiva (y, a decir de algunos, también la mejor de su carrera), el director y su equipo descubrieron que varios dildos y otros artículos guarretes usados para decorar el almacén del secuestrado Tony Shalhoub iban desapareciendo misteriosamente. Pese a que los objetos robados sumaban un valor de 66.700 euros, aproximadamente, Bay y sus compañeros Dwayne Johnson Mark Wahlberg no reaccionaron con indignación, sino con sorpresa. “¿Para qué iba a querer alguien tanta polla de goma?”, se preguntó el cineasta. Al cual, por otra parte, tampoco le entusiasma la idea de que le devuelvan el botín: a saber qué uso les han dado…

El arma de El hombre de la pistola de oro

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Aunque a algunos les gustaría acusar de este latrocinio a James Bond (encarnado, entonces, por Roger Moore), nosotros estamos casi seguros de que 007 es inocente. Porque un agente secreto con licencia para matar no es nada sin un enemigo a su altura, y el malvado Scaramanga (Christopher Lee) habría impresionado algo menos sin esa pistola que, además de lucir su áureo color, podía ser desmontada y convertida en un vulgar mechero (de gasolina, eso sí). El arma de marras, valorada en alrededor de 11.150 euros, fue sustraída de un almacén en 2008, y desde entonces no se ha vuelto a saber de ella. Quién sabe: si le preguntamos a Christoph Waltz, a lo mejor él nos da una pista…

La espada de El Señor de los anillos

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Ay que fastidiarse: tras ser rota en pedazos por el mismísimo Sauron, para después pasar de nuevo por la forja y segar las vidas de incontables orcos durante las batallas más encarnizadas de la Tierra Media, una espada tan emblemática como Andúril acaba cayendo en manos, no de un Nazgûl ni de un mago malvado, sino de un vulgar ratero terrícola. La tizona empuñada por Aragorn (Viggo Mortensen) en la trilogía de Peter Jackson desapareció tras un robo en la casa de Dallas Poll, ilustre maestro de armas y especialista de cine que se la había quedado como recuerdo tras finalizar la producción. Que la ira de Eru Ilúvatar caiga sobre el culpable.

La pistola de Blade Runner

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Cargada ya con su propia maldición, la epopeya replicante de Ridley Scott también ha sufrido algunos robos cinéfilos de altura. Viendo que el arma empuñada por aquel Harrison Ford cazaclones (una preciosidad de artesanía, ensamblada a partir de una pistola Steyr-Mannlicher y un revólver Charter Arms Bulldog,  y valorada hoy en  casi 38.000 euros) resultaba una pieza única, y valiosísima por lo demás, los productores encargaron la fabricación de dos réplicas esculpidas en resina, por si las moscas. Sabia decisión, ya que una de dichas pistolas replicantes acabó siendo escamoteada del plató, y nunca ha sido recuperada. Visto lo mal que cayó el director inglés entre su personal de rodaje, no descartamos que el responsable del latrocinio fuese un técnico despechado.

El banco de Bajo la misma estrella

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Aquí, cuando decimos que fue robado un banco, no nos referimos a la sexta acepción del término según la RAE (“Establecimiento público de crédito, constituido en sociedad por acciones”), sino a la primera: “Asiento, con respaldo o sin él, en que pueden sentarse varias personas”. Hablamos, pues, del escaño callejero sito en Amsterdam sobre el cual se daban el lote Shailene Woodley Ansel Elgort en el filme de 2014: las autoridades de la capital holandesa, que nunca tuvieron claro si los autores del robo fueron fans de la película o activistas que protestaban contra el exceso de turismo en la ciudad, anunció que dicha pieza de mobiliario urbano había sido recuperada y devuelta a su legítimo lugar pocos meses después.

Las gafas de Harry Potter

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A diferencia de otros casos similares, aquí podemos señalar sin duda al culpable del robo. Porque quien se apropió, no ya de uno, sino de dos pares de gafas usados por el aprendiz de mago más famoso del mundo fue nada menos que Daniel Radcliffe. Con todo su morro, el actor confesó en 2011 que se había llevado las lentes a casa tras los rodajes de la primera película del serial (2001) y de la postrera Harry Potter y las reliquias de la Muerte – Parte II (2011). “Eran mi parte del botín”, declaró Radcliffe, y nosotros pensamos que (tras haber participado en una saga que le llevó a pasarse diez años de plató en plató) unas lupas redondas son poca plusvalía, por bien que le queden.

Las motos de Easy Rider

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Con un rodaje como el que tuvo la obra maestra de Dennis Hopper, no nos extraña que en él se acabara perdiendo alguna cosa. Hallándose el director, Peter Fonda y Jack Nicholson enfrascados en los temas de rigor (que si “háztelo gordo”, que si “quien lo lía, lo peta”, que si “mueve menos la cámara, que así no hay quien gane una Palma de Oro”…), pues uno se despista, y pasa lo que pasa. Ahora bien: muy intoxicados tenían que andar Hopper y su equipo para no darse cuenta de que cuatro motocicletas (dos de ellas, construidas especialmente para el filme, y dos modelos Harley-Davidson Hydra Glyde comprados en una subasta) habían desaparecido en plena producción, robadas, según se supo después, por un grupo de desconocidos que irrumpieron pistola en mano en el almacén del plató . Pese a lo bonitas que eran y al valor simbólico que acabarían adquiriendo con el tiempo, las burras fueron desguazadas por los ladrones, quienes seguramente (especulamos) acabarían intercambiando las piezas por entradas para un concierto de Grateful Dead. En fin, era la época.

El halcón de El halcón maltés

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Reconozcamos que, aquí, la cosa estaba cantada: esa figura aviar tras cuya pista se partían los cuernos Humphrey Bogart, Peter Lorre Mary Astor en el debut de John Huston estaba sentenciada a ser objeto de un famoso robo de cine. En realidad, Huston encargó varios modelos del pajarraco (los cuales, por mucho que insistiera ‘Bogey’, no estaban hechos de la materia de los sueños, sino de yeso), todos los cuales han ido desapareciendo con los años. El latrocinio más sonado tuvo lugar en 2007, cuando el último ejemplar superviviente fue sustraído del restaurante John’s Grill de Los Ángeles, cuyos propietarios ofrecieron una recompensa de casi 40.000 euros por su devolución. Visto que el halcón no regresaba a su nido, los dueños del John’s Grill decidieron emplear ese parné en la fabricación de una nueva réplica, que ahora se halla encerrada en una vitrina y vigilada las veinticuatro horas por un circuito cerrado de vídeo.

Las zapatillas de El mago de Oz

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Como sabemos, el rodaje de El mago de Oz fue una ordalía en la que no cesaron los accidentes, y tras la cual el ya de por sí frágil equilibrio psicológico de Judy Garland acabó tocado para los restos. Durante dicha ordalía, la actriz vistió seis pares de los famosísimos chapines de rubíes, la mayoría de los cuales han sobrevivido al paso del tiempo (uno de ellos, sin ir más lejos, puede verse en el Smithsoniano de Washington DC). Pero, en 2005, el par de zapatillas exhibido en el Judy Garland Museum de Grand Rapids (Minnesota) desapareció sin dejar rastro. Poca broma, lectoras y lectores, porque el calzado de marras tiene un valor de un millón de dólares (889.000 euros). 

…Y 55 Oscar

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Un artículo sobre grandes robos cinéfilos tiene que acabar así: recordando la ocasión, allá por 2000, en la que 55 ‘hombrecitos’ dorados desaparecieron de un muelle de carga en el sur de California, ocho días antes de la entrega de los Premios de la Academia. Todo un esfuerzo, si contamos con que cada una de las estatuillas diseñadas por Cedric Gibbons pesa tres kilos y medio (multiplicando, nos sale un botín de 209 kilos) y tentador, si calculamos que el valor de la ‘mercancía’ se acerca a los 20.000 euros, redondeando. El colmo del disparate llega cuando nos enteramos de que 53 de dichas estatuillas, que habían sido ‘levantadas’ por los dos transportistas encargados de llevarlas a Los Ángeles, fueron encontradas por un mendigo en un vertedero. El responsable del hallazgo, por cierto, se llevó una recompensa de 32.272 euros (ajustados).

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