[Repaso Marvel] ‘Vengadores: La era de Ultrón’: la gran decepción de Whedon y Feige

Iba a ser el segundo clímax de Marvel, pero acabó dejando frío a casi todo el mundo... y enemistó (¿para siempre?) al director y al productor.

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13 de abril de 2018

Hasta ahora los aciertos han sido mayúsculos y los fracasos, perdonables (hasta cierto punto). Pero nuestro Repaso Marvel tenía que llegar a este doloroso momento: la película que, en 2015, reveló que los cambios en la Casa de las Ideas eran ya irreversibles… y algunos de ellos eran para peor. Se trata de Vengadores: La era de Ultrón, claro. Con este filme, Joss Whedon y el productor Kevin Feige aspiraban a repetir el megaéxito de Los Vengadores tres años antes, pero sólo obtuvieron críticas tirando a pochas y una recaudación (cerca de 1.400 millones de dólares) que, pese a superar a la de su predecesora, dejó a los mandamases del estudio con el ceño fruncido.

En su momento, algunos defendimos La era de Ultrón a capa y espada: gracias a las declaraciones de un Joss Whedon ansioso por airear sus miserias sabíamos que el director y Feige se habían enfrentado a dentellada limpia durante toda la producción del filme, sobre todo a la hora del montaje. Asimismo, el cineasta no se cortó a la hora de hablar de escenas que habían quedado inéditas debido a la presión del estudio.  “Fue una pesadilla”, señaló Whedon, describiendo tanto su tira y afloja con Marvel como su propio exceso de ambición a la hora de barajar un reparto extensísimo.

Así pues, es fácil interpretar esta película según un relato clásico: “creador visionario traicionado por el capital”. Lo cual, sin subestimar el alto grado de rapacidad que se esconde tras el logo de Marvel, sería inexacto. A estas alturas, La era de Ultrón aparece como un trabajo fallido con graves problemas de estructura, excesivos momentos de acción en detrimento de la caracterización de los personajes y una pomposidad que contrasta (para mal) con el tono de tragicomedia que tan bien le sentó a su predecesora. Ojo, eso sí: la cinta también presenta virtudes y, sobre todo, deja un poso de amargura que llega al pensar en lo que podría haber sido.

Un comienzo de traca

A lo mejor, uno de los grandes errores de Whedon en La era de Ultrón fue quemar todos sus cartuchos nada más empezar. No seamos duros con él: el plano secuencia durante la batalla de Nueva York fue uno de los momentos más aclamados de Los Vengadores, así que el director y guionista hizo lo posible por replicarlo nada más comenzar su segundo filme de la saga para así apabullar al público y demostrarle que lo mejor estaba aún por llegar.

Esto último, como ya hemos dicho, estuvo lejos de ser cierto, pero eso no quita el gustirrín que sigue provocando ese minuto justo de cámara en movimiento mientras el equipo hace astillas a un batallón de soldados de HYDRA. Todo ello culminando en un plano de encomiable macarrismo que recoge a todos los héroes en tiempo-bala. Y, como guinda, una palabra tan poco marvelita como “¡Mierda!”, cortesía de Robert Downey Jr. (cómo no).

Nuestras alabanzas no van a limitarse a este exhibicionismo inicial: todo el asalto al cuartel de HYDRA es una joya. Sobre todo cuando Mercurio (Aaron Taylor-Johnson) Bruja Escarlata (Elizabeth Olsen) entran en escena, porque ahí Whedon se da el gusto de saltar de género, dándole a la escena un tono más cercano al terror que a la acción. El momento alucinógeno de Tony Stark al contemplar los despojos de la invasión Chitauri (un suceso que, como vimos en Iron Man 3, le ha dejado los nervios para el arrastre) puede resultar estremecedor… Pero cuando el vengador dorado agarra el cetro de Loki, la pantalla funde en negro y aparece el título, la película comienza a deslizarse cuesta abajo.

Villanos de usar y tirar

En su momento, los fans de Marvel se tiraron de los pelos ante el uso que esta película hace del barón Von Strucker: aunque la introducción del personaje resulte deliciosa, desaprovechar así tanto al histórico líder de HYDRA como al actor Thomas Kretschmann clama al cielo. Que Jim Steranko perdone a Whedon por ello, y a nosotros por olvidar a herr baron en nuestro repaso de iconos de la Casa de las Ideas que perdieron la gracia al llegar al cine. Ni siquiera su papel en la sombra como creador de los mutantes (perdón, de los “mejorados”) compensa este patinazo.

Claro que, si nos ponemos a buscarle defectos a este filme a cuenta de sus villanos, tenemos que dedicarle espacio al propio Ultrón. Y empecemos dejando algo bien claro: si el guion y el dibujo acompañan, el Ultrón de los tebeos da miedo de verdad. Al fin y al cabo hablamos de un híbrido entre el poder destructivo de Skynet (con terminators y todo) y el patetismo de un HAL 9000 con complejo de Edipo. Algo que supieron ver Roy Thomas John Buscema en esta página clásica donde las haya (cosecha de 1968).

Y, la verdad, nadie puede negarle el esfuerzo tanto a Joss Whedon como a ese James Spader cuyo trabajo en el plató (cubierto de perifollos motion capture) dejó pasmada a Elizabeth Olsen. Pero los problemas son varios. Para empezar, el androide genocida no cuenta con la ventaja de Loki en Los Vengadores: aunque Thor no fuese nada del otro jueves, nos había dado la oportunidad de conocer al asgardiano bandarra, con lo que la película de 2012 evitó enredarse en una historia de origen. Aquí, Whedon no dispuso de esa libertad y, aunque le echó narices a la tarea (rodando de forma casi abstracta la aparición de una conciencia y el asesinato de su ‘hermano’ JARVIS) acabó empantanado hasta los codos.

Resumámoslo así: sobre el papel, Ultrón resulta fascinante y grimoso a la vez porque su meta es matar a su padre (Hank Pym, no Tony Stark) y beneficiarse a su ‘madre’ Avispa: metas ambas muy poco esperables en una inteligencia artificial, la verdad. Aquí, sin embargo, tenemos a un villano que planea un genocidio como forma de alcanzar la paz mundial. ¿Cuántas veces hemos visto ya eso? El director aspiró a darle interés a la propuesta recurriendo a su talento para la caracterización y, aunque en ocasiones la cosa le salió bien (véase la sinceridad con la que el bicho le pide disculpas a Klaue –Andy Serkis– tras rebanarle el brazo) en general nos dejó a medias. Una pena, tratándose del creador de Drusilla Spike, pero es lo que hay.

Vacaciones en el campo

“Pusieron una pistola en la cabeza de la granja y me dijeron: ‘Danos la cueva o quitamos la granja’. Todo muy civilizado, eso sí”: a su irónica manera, Joss Whedon resumió así el mayor conflicto que le enfrentó con los ejecutivos de Marvel durante el montaje de La era de Ultrón. “La cueva” es, claro, esa escena (postiza donde las haya) en la que Thor tiene una visión profética sobre las Gemas del Infinito. Y “la granja” es el momento central del filme, que tiene muchos detractores… pero que a nosotros nos parece lo mejor del mismo.

¿Por qué le vemos tanto encanto a estos minutos, si durante ellos apenas ocurre nada? Pues precisamente por eso. Como señalamos al hablar de Los Vengadores, Whedon no es precisamente un genio de la puesta en escena, pero sí un gran director de actores y un estupendo guionista. Así pues, es todo un placer ver cómo da rienda suelta a la faceta que mejor se le da, haciendo que sus personajes dialoguen, mediten y se atormenten por sus equivocaciones (que, en este filme, son muchísimas).

En cuanto a por qué esta parte de la cinta resulta una caída de ritmo, no sólo podemos achacarlo a su tono pausado, sino también al hecho de que La era de Ultrón dosifica muy mal sus efusiones de adenalina. Si nos fijamos en Los Vengadores vemos cómo, pasado el prólogo, esa película tiene dos grandes clímax divididos por intervalos donde los personajes hablan, y hablan, y hablan… En cambio, el filme que nos ocupa empieza con una batalla épica, prosigue dando caña con la primera aparición del villano y después nos lleva al nerdgasmo con la armadura Hulkbuster. Tras tanto acelerón, un anticlímax como este provoca por narices una sensación muy extraña, máxime al hallarse justo en el nudo de la historia.

Pero si tenemos que confesar por qué estos minutos dedicados exclusivamente a señores y señoras conversando, cortando leña y reparando tractores nos emocionan tanto, lo diremos: porque suponen la reivindicación definitiva de Ojo de Halcón. Cumpliendo su deuda con Jeremy Renner, a quien había prometido más protagonismo en la secuela, Whedon nos explica por qué el arquero está mucho menos preocupado por las gestas y los desafíos que sus colegas: a diferencia de los demás vengadores, él tiene algo parecido a una vida. 

Joss Whedon: donde las dan, las toman

Recordando su batalla campal con Feige a cuenta de la granja, más otros momentos que se quedaron en el tintero pese a prometer mucho (entre ellos, un cameo de Tom Hiddleston), es fácil entrar en esa versión de los hechos contra la que advertíamos antes: la que presenta a Whedon como una víctima de los ejecutivos de Marvel. Algo acentuado en su día por la deserción de Edgar Wright, harto de que el estudio metiese mano en su Ant-Man. Cuando el director de La era de Ultrón se solidarizó con su amigo, muchos auguraron que sus horas en Marvel estaban contadas.

Pero atenernos a esta versión de los hechos sería hacerle un flaco favor a la verdad porque, antes de ser víctima, Whedon había sido verdugo. Nada más llegar a Marvel, el director le gastó una jugarreta gorda a Jon Favreau, que vio como Iron Man 2 se convertía en un mero prólogo a aquella Los Vengadores que él había esperado dirigir. Asimismo, Kenneth Branagh tuvo que tragar con la aparición sorpresa de Ojo de Halcón en Thor, dirigida por el propio Whedon, Alan Taylor acabó hasta las narices de las intromisiones en Thor: El mundo oscuro. 

Así pues, no estamos hablando de ningún inocente corderillo, sino de alguien que ayudó a establecer uno de los peores vicios de Marvel: llenar cada película de detalles orientados a vender la siguiente. Y es posible que, cuando se hizo público el calvario que le supuso esta película, tanto Favreau como Branagh y Taylor (y quién sabe si Wright) esbozasen una de esas sonrisas que uno pone tras presenciar un acto de justicia poética. Sobre la cara que puso Kevin Feige en 2016, cuando Whedon se desdijo de  sus declaraciones (“Fueron una deshonra para el estudio, para la película y para mí mismo”), preferimos no especular, porque imaginarla nos da miedo.

¿Por qué tanto odio?

Tras tanta arremetida contra Joss Whedon y sus decisiones, toca mirarle con lástima, porque vamos a abordar uno de los momentos más cuestionados de La era de Ultrón. Aunque “cuestionados” es un tímido eufemismo, porque las andanadas de odio que se vertieron en las redes sociales a cuenta de la famosa conversación entre Bruce Banner Viuda Negra superaron todas las expectativas.

En el caso de que no recuerdes de qué estamos hablando (los cebollones en internet, es lo que tienen), lo refrescamos: durante la estancia de los Vengadores en la granja, tanto la superespía como el álter ego de Hulk conversan sobre su futuro como pareja. Él explica que jamás podrá tener hijos, porque criar niños es difícil si dentro de ti hay un coloso esmeralda aficionado a aplastar cosas, y se autodefine como “un monstruo”. Ella, por su parte, le recuerda que fue adiestrada desde niña como asesina profesional (su maestra, como vemos en esas alucinaciones que no le gustaron nada a Kevin Feige, fue Julie Delpy). Y además, explica, el punto final de dicho adiestramiento fue una esterilización forzosa. “Los dos somos monstruos”, remacha. Esa fue la frase que lanzó a hordas de tuiteros y tuiteras en pos del cuello de Whedon.

¿Se considera Viuda Negra como un monstruo debido a no poder ser madre, o se refiere más bien su condición de máquina de matar? Nosotros pensamos que es más bien lo segundo, pero podríamos estar equivocados. De lo que sí estamos seguros es de dos cosas: primero, que tanto Mark Ruffalo como Scarlett Johansson (quien estaba embarazada durante el rodaje de la película) interpretaron la escena estupendamente. Y, segundo, que mensajes como “¿Por qué odias a las mujeres, pedazo de mierda?”, “Espero que encuentres el puño metálico de Ultrón metido en tu culo” o “¿Cómo se te ocurre hacerle eso a la Viuda Negra, blanquito sexista de mierda?” demuestran poca voluntad de diálogo y muchas ganas de dar la nota.

A esta controversia se sumó otra similarz, pero con bastante menos repercusión: aquella que acusaba al director de racista porque en su filme, a diferencia de en los cómics, Mercurio y Bruja Escarlata no son gitanos. La suma de ambas polémicas, junto a la cansera que llevaba en el cuerpo, llevaron a Joss Whedon a retirarse de las redes sociales, y de la vida pública en general. Después llegó su divorcio de Kai Cole, quien lo señaló como un adúltero contumaz y le privó así de su imagen de aliado feminista. Y, como guinda de la tarta, tenemos el fracaso de Liga de la Justiciapelícula que no mejoró gracias a sus intervenciones sino más bien todo lo contrario.

Así pues, es probable que Vengadores: La era de Ultrón quede como el último momento de Whedon como autor de fantástico y ci-fi. Porque, si bien los personajes de cómic pueden resucitar cuando uno menos se lo espera, las carreras de los directores de Hollywood tienden a permanecer bien quietas una vez las han enterrado. 

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